Editorial

Alerta sobre Caracas
31 de Agosto de 2016


El pueblo de Venezuela necesita a sus ami- gos del mundo vigilantes para contener al chavismo, evitando que convierta sus ame- nazas en una masacre contra un pueblo que sigue apelando a la razón y la palabra.

Embriagada con su ilegítimo poder, la dirigencia chavista conduce a Venezuela a un infierno semejante al que vivieron países también agobiados por el defenestrado y desprestigiado modelo estalinista. El proceso de destrucción de la política, la economía y las instituciones de la otrora próspera nación transcurre a la vista de demócratas, organismos multilaterales y pueblos impotentes, por su ineptitud o por el peso de complicadas estructuras. Mediante la “combinación de todas las formas de lucha”, tan caras a la extrema izquierda, el chavismo se atornilla en el poder, gracias a aliados que ayer tuvieron generosas dádivas y hoy pagan con su silencio.


Las acciones represoras, que opacan las de la extrema derecha de los años setenta, se realizan en el abuso del Poder Judicial. Ocurre con las anulaciones del Tribunal Supremo contra decisiones de la Asamblea Legislativa, denunciadas por la oposición en la Fiscalía. Y sucede con los inmisericordes montajes judiciales contra líderes como Leopoldo López, aislado, torturado y sometido a una prisión inexplicable, y Daniel Ceballos, afectado ahora por la revocación de su castigo de casa por cárcel. Ellos afrontan encausamientos plagados de falsedades y causas caracterizadas por violaciones sistemáticas al debido proceso. Quienes exigen respeto a sus derechos son objeto de improperios como los espetados contra John Kirby, portavoz del Departamento de Estado, quien después de señalar que la medida contra Ceballos demuestra que “los más básicos apuntalamientos del Estado de Derecho en Venezuela han sido degradados a un nivel alarmante” recibió descalificación como “golpista”.


Ausentes los controles judiciales y debilitados los que puede hacer el Legislativo, el Gobierno se siente autorizado para convertir el propósito opositor de que el pueblo decida su permanencia, en otra ocasión para abusar de su poder. El que tiene sobre los funcionarios del Ejecutivo, a quienes convirtió en operarios particulares del chavismo, despojándolos de sus calidades de servidores públicos: sólo así se explica la cínica orden a los ministros y jefes de entidades nacionales para que despidan a miembros del Gobierno, en cualquiera de sus niveles, que hayan firmado la muy exitosa convocatoria al referendo revocatorio.


Distanciado de la realidad de una opinión pública que lo desprecia, al punto de que empieza a perderle miedo, el chavismo se da el lujo de retar la paciencia ciudadana postergando para la última semana de octubre el inicio del proceso de verificación del veinte por ciento de las firmas que se presentaron en la convocatoria al referendo revocatorio, ello a pesar de que desde el pasado mes de julio podía haber soltado las amarras de la nave de la democracia. Tan agresiva actuación confirma las sospechas de los preparativos para que la votación del revocatorio ocurra después de enero, cuando tendría el efecto perverso de confirmar al chavismo como partido gobernante, no a través del conocido Nicolás Maduro sino por medio de uno de los segundones que hoy salen al circo para mostrar su fuerza.


Las agresiones del Gobierno y las sistemáticas dilaciones del Consejo electoral motivaron la invocación a la Carta Democrática de la OEA por el secretario general Luis Almagro, quien persiste en su reclamo de diálogo eficaz de las partes a fin de que se realice el referendo revocatorio en forma oportuna, garantizando así la expresión de la democracia. Es valiente el líder que enfrenta el bloqueo de los países de la Celac y el Alba, cuyo silencio complaciente acalla la visión crítica que encarnan las democracias sólidas, de las naciones más estables del continente.


Ante el acoso de un gobierno pendenciero, la Mesa de Unidad Democrática persiste en las salidas sin violencia, algunas de ellas próximas a la ética de la Noviolencia. Una de ellas, la manifestación sobre Caracas convocada para este jueves 1 de septiembre para que sea manifestación ciudadana por el referendo revocatorio y el cese de las arbitrariedades del Gobierno. En esta hora, el pueblo de Venezuela necesita a sus amigos del mundo vigilantes para contener al chavismo, evitando que convierta sus amenazas en una masacre contra un pueblo que sigue apelando a la razón y la palabra para demostrar la barbarie de la tiranía que lo acongoja.