Columnistas

Revista Galáctica, de Pasto
Autor: Alejandro Garcia Gomez
27 de Agosto de 2016


La ‘cultura’ sólo es tal cuando trasciende los límites de aquellos espacios privilegiados por una cierta institucionalidad”, afirman los editores de esta revista en su último número (7) de mayo de 2016,

La ‘cultura’ sólo es tal cuando trasciende los límites de aquellos espacios  privilegiados por una cierta institucionalidad”, afirman los editores de esta revista en su último número (7) de mayo de 2016, que nació en junio de 2014. Tiene un aviso en su portada, “Distribución gratuita”. Ellos han optado por el sistema de lo que ahora se llama “Cultura libre”. Si es que se puede definir su campo de acción, podría decirse que la llamada Cultura libre no sólo debe ser gratuita, sin costo económico, para el “todo Mundo” –en el amplio sentido que conllevan estas dos palabras-, sino que además debe tratar de ser compartida con todos los habitantes del planeta, ayudándose de los elementos de la actual tecnología, mancomunando trabajo y recursos de unos pocos –de quienes poseen el saber y las tecnologías- para “Todo el Mundo”.  Estoy seguro de que se trata de una respuesta humanista al neoliberalismo. Quienes deseen conocer más sobre Cultura libre, internet les ofrece desde explicaciones hasta una “legislación” internacional, aceptada por aquellos que han llegado a ella, sea cual fuere el camino. Los gobiernos estatales se han visto obligados a comenzar a respetar estos conceptos.


He sostenido que una comunidad humana, cuando ha satisfecho sus necesidades primarias (comida, techo, vestuario, salud) empieza a cubrir sus necesidades espirituales con la religión, desde donde se desprendieron la poesía y el arte. A las sociedades actuales (llámense ciudades, regiones o aun países) les ocurren más o menos lo mismo, con los cambios que el desarrollo humano actual exige. En este contexto, Pasto y Nariño pasaron de ser comunidades de intercambio laboral y mercantil entre sus propios y visitantes –con uno que otro escritor como excepcional locura- a sostener una inmensa cosecha de escritores y de artistas, de variada calidad, claro está. En la producción literaria, la obligada fase siguiente es la de la crítica, crítica literaria argumentada, que podría haber comenzado con la personal y subjetiva de “me gusta” o “no me gusta”. 


En el Dpto. de Nariño, pero sobre todo en Pasto, ante la oleada de publicaciones de los escritores nariñenses actuales, por reflujo, empiezan a formarse unos bloques críticos que se han atrevido a traspasar aquella etapa del mutuo elogio, con los inconvenientes que esto acarrea: la confrontación, a veces argumentada, pero a veces injuriosa del que se siente a su vez ultrajado por “su obra” criticada. Es en este entorno cuando aparece la revista Galáctica, aunque sus editores aseguran que no es una revista de crítica literaria sino de “lectores para lectores”. Quien haya tenido la oportunidad de conocer algunos de sus números verá que, si bien podría -a su entender- ver uno que otro artículo de apasionamiento juvenil, en general hay una construcción seria, reflexionada y documentada de sus articulistas. De acuerdo con algunos editoriales y de otros textos galácticos, hubo “autores” que se molestaron, y al parecer, hondamente. En los últimos números parece que Galáctica declinó esa postura irreverente sobre sus coterráneos. En el último número ya no aparece ni siquiera el subtítulo “Revista independiente de crítica cultural”. Una lástima, quizá, para Pasto y Nariño, para la llamada “academia” y, sobre todo, para los propios escritores. He sostenido que todo el mundo tiene derecho a escribir lo que se le antoje. Éticamente y estéticamente, ¿se puede decir lo mismo del derecho a publicar? ¿Todo lo que cada uno saque de su caletre? 


Desde este territorio libre de Nod, saludamos el empeño de estos jóvenes nariñenses. Un abrazo para todos ellos y ojalá no claudiquen con su muy inteligente irreverencia. La necesitamos jóvenes y viejos