Columnistas

La protesta de Chocó
Autor: Henry Horacio Chaves P.
26 de Agosto de 2016


Hace cuatro años, en la discusión del plan de desarrollo de Antioquia, se hizo tristemente célebre el entonces diputado, Rodrigo Mesa.

Hace cuatro años, en la discusión del plan de desarrollo de Antioquia, se hizo tristemente célebre el entonces diputado, Rodrigo Mesa. Como comentamos entonces en este espacio, tuvo más eco el tono desaliñado de sus expresiones que la línea del plan que las motivó. Aunque llevaba 20 años en la Asamblea, solo entonces lo conoció el país, por lo que dijo de los recursos que se pensaban destinar al Chocó. Menos mención tuvo el Plan Darién que impulsaban los gobernadores de Antioquia, Chocó y Córdoba, que era lo que lo inquietaban. 


Parece que la preocupación no estaba mal fundada. Uno de los promotores del citado plan, el entonces gobernador de Chocó, hace unos días reconoció como ministro, que a ese departamento le ha faltado rigor en el manejo de los recursos. El eufemismo de Luis Gilberto Murillo, seguramente preferible que la ramplonería de Mesa, es menos efectivo, pero sugiere lo mismo: que las causas del atraso en el Chocó no están sólo en la indiferencia del país o el abandono del estado, sino sobre todo, en la falta de honradez de su dirigencia.


Así de simple, no es rigor ni perfume lo que falta, sino decencia para manejar los recursos públicos. Liderazgo para jalonar nuevas inversiones y promover oportunidades. Se trata de un territorio rico en recursos mineros, apto para diferentes actividades agropecuarias e industriales, pero desigual y condenado a ser la periferia a la que solo se mira cada tantos años, cuando un paro como éste, o una tragedia, lo motivan.


La Procuraduría reveló que hay más de 300 investigaciones por corrupción en el Chocó. Un dato que suena oportunista en medio de la protesta, pero del que no se volverá a hablar, como nadie volvió a mencionar el plan que además de las gobernaciones implicaba a Planeación Nacional. Y tampoco se hablaba de la diferencia limítrofe en Belén de Bajirá desde las elecciones de 2014, cuando hicieron otro paro allí para presionar una decisión. Ahora vuelve a la agenda, como punto de reclamación del Comité de Paro y como alternativa gubernamental para ganar confianza y tratar de calmar las aguas. Diferencia que hemos abordado también, pero queda por añadir el respaldo al reclamo del gobernador Luis Pérez al gobierno nacional: no poner en riesgo la institucionalidad ni la división de poderes, por tratar de levantar un paro. 


Triste realidad la nuestra: de tanto repetir injusticias e inequidades terminamos por no verlas, se convierten en paisaje. En lugar de solucionar los problemas, la técnica colombiana es negar que existen. Pero la realidad es terca y solamente se cambia con acciones. Lo del Chocó es otra crónica repetida, antes y con seguridad después. Así será mientras no haya nueva dirigencia y nuevas maneras de afrontar la realidad cotidiana. El paro allí no lo constituyen las marchas, las arengas ni las protestas, lo genera la falta de movilidad social, la comodidad de la clase dirigente y la indiferencia de los ciudadanos. Una responsabilidad compartida entre quienes viven allá y en el resto del país. 


Pero aquí le dedicamos más tiempo al tono de las declaraciones que a entender  los problemas. Nos ufanamos de llevar energía eléctrica a otros países, pero no vemos que las líneas de conducción pasan por encima de pueblos sin luz;  tampoco nos han importado nuestros mares, ni la oportunidad que abriría un puerto como Tribugá. La nuestra es una sociedad que sólo ve a ciertos sectores sociales (negros, indígenas, camioneros, jueces o profesores), cuando hacen un paro y queman llantas. Tal vez, la protesta en el Chocó, como en otros lugares, debería ser aumentar la producción y cambiar a los dirigentes, eso implica una actitud distinta y otros liderazgos. 


Coda: Con el acuerdo final terminan las negociaciones, pero comienza la tarea de construir la paz. Que el conflicto y la fuerza se queden en las ideas.