Palabra y obra

About so many paths in state of consciousness
Sobre tanto camino en estado de consciencia
26 de Agosto de 2016


El escritor Memo Ánjel comparte una reseña sobre Sigrid Undset, cuya obra será reseñada el próximo lunes, 29 de agosto, a las 6:30 p.m.


Memo Ánjel


Escritor


Docente UPB


“El amor no crea regla alguna, las rompe todas”. 


Sigrid Undset.


“Él era quien había cambiado de lenguaje, de ideas y de palabras”.


Sigrid Undset. Olav Audunssön.


 


Un lo peor y tratar de volver hacia atrás


Los años 20, que fueron el Eros del Tanatos con el que comenzó el siglo XX, que en Estados Unidos fueron locos debido a los nuevos ricos que propició la guerra, en Europa fueron terribles. Los supervivientes habían terminado una lucha entre trincheras y alambradas en la que millones murieron en vano y en nombre de unas familias reales (y otras burguesas) que al final, roto su divertimento macabro, tomaron lo suyo y se fueron a vivir a otra parte para quitarse las motas de polvo que les habían caído encima. Así que, idos los ricos a sus refugios y casinos seguros, en las calles y en los restos de las casas quedaron muchos lisiados, muchas banderas rotas, muchos caminos llenos de hierros y muchas caras y manos que habían visto y hecho lo indecible. Y no se supo por qué les había pasado esto. O sí se supo: habían caído en una pasión y esta pasión resultó triste.


En esos años 20, de hambrunas y de bailes, de mujeres como espantos y otras con la falda a las rodillas, de miles esperando un plato de comida y cientos tocando jazz y fox-trot en los escenarios, la economía se fracturó (ya vendría la caída del 30) y abundaron las hiperinflaciones (la peor fue en Alemania), los trueques inverosímiles (dos piezas de ajedrez por un clavo, un huevo por un trozo de pelo), la prostitución y las perversiones, las preguntas sin respuestas, la aparición de los absurdos (Franz Kafka anuló la historia para dar cabida a las situaciones) y la caída de los valores y las costumbres, iniciada con las peores palabras.Y como las palabras convocan, con hechos que nadie había pensado, las nuevas palabras que nacieron fueron torcidas, duras, crueles, difíciles de cantar. Por esos años Karl Krauz escribe Los últimos días de la humanidad, una pieza de teatro imposible de interpretar. 


Sin embargo, hubo gente que caminó de nuevo hacia atrás y se buscó en la identidad, su radicalidad y sus mitos. En lo que habían sido, así no fuera cierto. Fue una manera de sacudirse lo espantoso y dejar de dormir con los ojos abiertos. 


Las tierras frías


Noruega es tierra de lapones, renos, navegantes de fiordos y mares helados, y de vagabundos que van por extensiones frías que no paran de crecer entre la bruma y los verdes casi azules. Esa es la imagen de las postales, las enciclopedias y las novelas, que cuentan también (estas últimas) las historias de hombresy mujeres que huyen de las ciudades, construyen pozos y puentes, hacen caminos dejando obras para que otros las usen y miran lo que pasa con lo hecho. Esto pasa en La trilogía del vagabundo de Knut Hansum (Premio Nobel 1920). Una manera de estar en el mundo es hacer un trabajo y admirarlo, luego realizar otro y admirarlo en compañía. El otro y el trabajo permiten el caminar.


Y de esa Noruega de gente que va y viene, escribe Sigrid Undset, Premio Nobel de Literatura 1928 y conversa a un catolicismo que le propició tranquilidad e imaginación (se imagina bien cuando se está en calma) para hablar de iglesias hechas con madera de los bosques, monasterios a orillas de los ríos y los fiordos, frailes copistas y confesores de alucinados, monjas buscando el éxtasis en las flores, santos que crecían con los nombres de los nacidos, imágenes milagrosas y creyentes que en el creer se iban construyendo ellos mismos, incluidas las brujas que en cada planta y animal encontraban la manera de embellecerse y curar a los vecinos. Sobre el bien y el mal escribió, sobre el frío y el aprovechamiento de cada poco de sol, sobre el caminar y buscar herreros, sobre los rumores y los corazones amargos. Y no dando cuenta de los tiempos vividos sino de los habitados por sus ancestros, que su gran literatura se mueve por la Edad Media, por ese espacio de los diablos y la magia, las apariciones y las marchas sin parar. En la crisis de la Europa de 1920, Sigrid Undset se buscó en las raíces, las identidades familiares, la geografía que no cambia, en la historia difusa, en las creencias. Se fue a los orígenes para volver a reconstruirse y reconstruir a sus lectores. La gran literatura tiene ese efecto: cuando ya no somos, las novelas nos vuelven al ser otra vez.


Olav Audunssön


Es una novela larga que comienza con una infancia, una adolescencia, una historia de familias y un matrimonio pactado. Y esto se inicia en la época medieval, cuando lo que se tenía era poco y la noción del otro necesario era evidente, a más de que cada cosa habida no sólo era mantenida y usada sino respetada por las manos de quien la hizo. Y una vez iniciada la historia, que narra no sólo un vivir sino un saber que se vive, comienza el peregrinaje. Las tierras cambian de manos, las personas de lugares y, como dice el Talmud, una vez se está en un sitio distinto, uno cambia: cambian las palabras, cambian las cosas, las imaginaciones son distintas, el mundo es otro y uno cambia con él. 


Pero no se cambia de manera imprevista, como por un acto de magia, sino saliendo de una memoria para entrar en otra, sin perder la dirección de la que se deja. Como sostiene Maimónides, si hay fundamentos (esto que nos da firmeza), se puede ir por los caminos y aprender sin dejar de ser el que se es. De la consecuencia radical que somos (en términos de Ortega), lo que nos llega depende de lo vivido, que es lo sentido y admitido como consciencia. Olav Audunssön es una consciencia. Una consciencia de los valores de familia, sociales y religiosos; de la geografía con sus climas y variaciones; de cada planta y árbol, de los ríos, los fiordos y las historias de los conocedores del mar en las calmas y las tormentas. Y es una consciencia porque ama a su mujer y su historia (que ha sido la que es y no trata de cambiarla), los caminos recorridos y los paisajes vistos, cada objeto que tiene y usa, cada pensamiento que confronta y palabra que pronuncia. Es un hombre haciéndose con lo que pasa, admitiendo sueños cortos para no equivocarse ni perderse.  Y en eso que pasa está la avaricia y la caridad, la debilidad y la fuerza, el reposo y el movimiento, la ceguera y la videncia, la mirada y el acercamiento, el encuentro y la partida. Porque caminar implica conocer, encontrarse, mirar lo que pasa, hacer inventarios, cuestionar la moral, saberse confrontado, escoger lo necesario, admitir lo inevitable. Y en esto que conocemos, sabemos y sentimos, la consciencia se amplía, aparecen los faltantes y se reconocen los errores a la par que se construye para no cometerlos más, esto en el caso de que no se esté perdido y se pueda seguir hacia adelante. Pero si no hay mirada, si una pared nos detiene y el error es continuado (seguimos de pared en pared), el camino desaparece y ya no hay vuelta ni hay consciencia.


Olav Audunssön es una consciencia y, en esta consciencia ama lo que tiene, escaso, pero valorado con la palabra necesario. Y en esa consciencia, tensa el arco, dispara, la flecha hace una parábola y cuando cae en tierra hay un punto al que llegar. La vida siempre es llegar. 


La cara de Sigrid Undset aparece en un billete de 500 Coronas. No sé si esto sea mucho o poco. Pero no importa. El paisaje es más importante. 




Bibliografía

La señora Marta Ulia (1907)


Jenny (1911) 


Primavera (1914) 


Las mujeres sabias (1918) 


Punto de vista de una mujer (1919)


Kristin Lavransdatter (1920-1922) 


Olav Audunssön (1925-1927)


La esposa fiel (1936) 


Madame Dorothea (1939)


Los años más largos (1934) 


La orquídea blanca (1963)


La zarza ardiente (1963)


Cuatro mujeres (1948)


Santa Catalina de Siena (1951)


Cristina hija de Lavrans (1957)