Palabra y obra

Behind the curtains of our theaters
Tras los telones de nuestros teatros
26 de Agosto de 2016


Óscar Jairo González, quien es asesor de diferentes grupos de teatro de la ciudad, habla de las búsquedas estéticas, las reflexiones e intereses de estos grupos, así como sus relaciones con la etapa de posconflicto en la que piensa el país.


Foto: Cortesía 

Teatro El Grupo, uno de los participantes regionales en la Fiesta de las Artes Escénicas 2016.

Óscar Jairo González Hernández


Profesor 


Facultad de Comunicación 


Universidad de Medellín


Yo no observo en los teatros de Medellín una inclinación por construir una estética teatral, lo cual no es que sea problemático, sino que genera la evidencia de que los teatros no buscan una estética, no saben muy bien lo que desde allí quieren hacer, cómo hacerlo y para qué hacerlo. 


Tienden, y esa es mi percepción, que puede ser equivocada o no; a hacer un teatro vaciado de la estética, de una forma y estructura teatral, de la transmisión de una forma y una estructura teatral. Y puede decirse entonces que hacemos teatro y eso es lo esencial. 


No tenemos por qué poseer o hacernos a una estética, es demasiada concreción de una estetización que no nos interesa. No tiene sentido para ellos.  En realidad no la necesitan, porque su condición y su determinación es hacer teatro. 


Como lo planteó Maeterlinck: “En otros tiempos, el genio desde luego, a veces el simple y honrado talento, conseguían darnos en el teatro este fondo profundo, esta nube de las cimas, esta corriente de infinito, todo esto y todo aquello que, no teniendo ni nombre ni forma, nos autoriza a mezclar nuestras imágenes al hablar y parece necesario para que la obra dramática corra caudalosamente y alcance su nivel ideal”.


Insisto en que cada teatro tiene su tentativa, la base de la naturaleza para hacer y decir desde su teatro, o sea su forma estética. 


¿Qué quieren decirnos nuestros teatros hoy?


En los teatros en los que me ha sido dado intervenir y mediar,  hemos propendido por tratar desde una estética, con un constructo estético. Quiero decir que intervenir lo hago como quien indica solamente, quien da unos indicios de lo que es o ellos buscan que sea y se realice. La intervención la realizo con total libertad, quizás una incitadora para mí y para ellos, en el sentido de causar un caos en los sentidos. 


Esto conlleva un contenido radicalmente crítico de lo que hacemos, o de lo que ellos hacen. No tenemos sino una temperatura, la crítica y la crisis. Y la mediación es lo que  llamo, lo oscuro. Esto quiere decir que busco lo que ellos no saben todavía de lo que llevarán a la escena, de lo que en cada uno queda, como haciendo la tarea de moverse con inquietud, como cuando un avestruz australiano se mete al teatro de cada uno de ellos y mueve las cosas. 


Cuando realizo intervenciones en el Teatro Matacandelas, La Hora 25, Oficina Central de los Sueños, Teatro El Trueque, Elemental Teatro, Anamnésico Teatro  y Fractal Teatro (extinto, pero que se mantiene en mí indestructible),  no me quedo en el teatro nunca, no sé hacerlo. No contrato con ellos, lo hacemos desde la intensidad de una construcción que incide sobre la transformación de nosotros, de un nosotros que formamos, sin condicionamientos ni determinismos, porque nuestra relación es de carácter crítico. Y sin adhesiones obtusas.  


No tenemos la extorsión como un medio de relacionarnos, sino la torsión hacia una intencionalidad estética y la formación de lo que llamo: Masa tentacular de sentido teatral (Mtst). Esto se inició todo, en su turbulencia estética, por incitación de Cristóbal Peláez del Teatro Matacandelas. Y con Oh Marinheiro, mi catarsis teatral, para decirlo de una manera. 


Las búsquedas de 


los teatros y sus dramaturgos


La tendencia la determina cada teatro, en relación con aquello a lo que como causa de su teatro se ha inclinado. Cada teatro tiene sus tensiones sobre las que quiere tender sus hilos imantados y su densidad teatral. 


El teatro en este momento tiende más hacia la totalización de las artes, es el teatro de vaciar todas las artes en la escena, en los miembros que forman esa su comunidad teatral. Comunidad teatral que ya tiene una posición ante el mundo del teatro. 


Cada quién tiene su método, su manera de hacerlo. O sentirlo. Y se hace entonces desde lo que Goethe llamaba eclecticismo: “Pero ecléctico lo es todo aquel que de aquello que lo rodea, de aquello que en torno suyo sucede, asimilase lo que a su naturaleza conviene; y en este sentido puede apellidarse ecléctico cuanto llamamos educación y progreso, ya en teoría, ya en la práctica”.


Teatro y posconflicto 


Aquí no se trata de temas, como el posconflicto. Los temas del teatro no los debe determinar nadie, porque el teatro está en lo que denomino con Octave Mannoni, “la otra escena”, en otro teatro. 


El teatro no debe estar contaminado o intoxicado por este momento en sí mismo, por esta necesidad de proyecto teatral, que se intenta  establecer tendenciosamente. 


¿Todos tenemos que hacer teatro para ello? No, el teatro lo ha resuelto en toda su historia y esta resolución no es concreta, no se puede medir, no se puede pesar o evaluar, como lo hacemos con todo o lo que se intenta hacer arte. 


Y todo en efecto, porque el problema no es ni el sí ni el no, sino lo que hay entre el sí y el no, lo que nos ha de llevar a construir entonces una estética nueva, una estética otra, cuando excavemos y podamos extraer desde el intersticio, la oquedad y la fisura, lo que hay, lo que queda entre uno y otro, entre una posición y otra, con la mediación inquiriente (no inquisitorial) del arte. 


En el arte, en la naturaleza del arte está ello. Concebimos esto de esa manera, como lo indeseable no, sino como lo deseable; no como lo intolerante sino como lo tolerante sostenido en la crítica (¿Por qué será que muchos conciben la tolerancia sin crítica?). Cambiar la vida, decía Rimbaud; transformar el mundo, decía Marx; dos principios que están relacionados con el teatro en este momento. El teatro ha intervenido esa realidad, esa historia. Y ha tratado de transformarla. 


No es el posconflicto un tema “nuevo” para el teatro. Y todos los teatros de acá lo han hecho, han participado en esa tarea de construcción de la sensitiva de cada hombre que se interese por formarse en el teatro. Y formar la consciencia de que todos estamos en el teatro, que todos hacemos teatro, como en el teatro de Peter Weiss, al que él llevó lo que llamaba: “La estética de la resistencia”. 


Irrenunciable e inexorable. Teatro como un tratado, es lo que vemos aquí.



Obras de los grupos de Medellín que pueden tener relación con el tema del posconflicto:

1- Hamlet del Teatro La Hora 25


Como formación de conciencia desde la estética barroca, en la que se desarrolla, y desde el poder, lo que es él poder.


2- La casa grande. Aquellas aguas trajeron estos lodos  del Teatro Matacandelas


Por la visión de la historia que nos dan desde el relato de Álvaro Cepeda Samudio, en un teatro de la percepción sensitiva.


3- América del Teatro Oficina Central de los Sueños


En la que lo extraño, lo simbólico hace indicaciones provocadoras del sentido de la vida en medio de lo inabarcable.


4- El insepulto o yo veré que hago con mis muertos del Teatro El Trueque


La cual desde el drama mismo se hace una muestra contundente de nuestra realidad.


5- Os hablan los iracundos de Anamnésico Teatro


En la medida en que la ironía, la irascibilidad se dan desde un absurdo estético que lleva a causar una crisis del sentido de la vida.


6- De la muerte sin exagerar o un cielo bajo tierra de Elemental Teatro


La naturaleza de la violencia se realiza de manera totalizante en la escena, deviene con una turbulencia poderosa para decirse ante nosotros de lo que trata.