Columnistas

La hora de las definiciones
Autor: Pedro Juan Gonzlez Carvajal
23 de Agosto de 2016


Dice el Sacerdote Jesuita Francisco de Roux:

Dice el Sacerdote Jesuita Francisco de Roux: “Lo que está en juego no es el futuro del presidente Santos, ni el futuro político del expresidente Uribe, ni el futuro del Eln, ni el futuro de las Farc, sino la posibilidad de que podamos vivir como seres humanos”. Sonreía yo cuando coincidencialmente, mientras esperaba en un semáforo, se parquearon dos automóviles delante de mí, con sendos carteles en el vidrio de atrás. El primero decía “No más Santos, no al proceso de paz” y el otro decía “No más Uribe, qué cansancio, qué mamera”.


Cada uno de ustedes apreciados lectores, escoja el que más le guste o el que más le convenga. Yo particularmente, me identifico con el pensamiento del padre de Roux. El nuestro ha sido un país político signado por la existencia e intervención, en diferentes momentos del tiempo, de parejas disparejas de caudillos políticos, desde Bolívar y Santander hasta el presidente y el expresidente de hoy, cuyo legado, finalmente, es la Colombia que hoy tenemos, y con la que algunos, como yo, no estamos del todo satisfechos, como tampoco lo están los millones de desplazados, los millones que viven bajo la línea de pobreza y todos los millones que viven en medio de la miseria y la iniquidad.


En una República que se dice Democrática, en un Estado de Derecho, es más, en un conjunto civilizado de personas, la ley se respeta, se acata y se cumple. En Colombia, la ley es juzgada por aquellos que ven perjudicados sus intereses o ven descalificadas sus opiniones y sus posturas personales y las más de las veces, se respeta, pero no se cumple.


El marco de ley que encuadra este proceso ha sido avalado tanto nacional como internacionalmente, por las instancias que son, quedando siempre la posibilidad de que distintos actores, agentes o instituciones, no estén del todo de acuerdo, lo cual es legítimo en una democracia. 


Darle la oportunidad a la gente para que exprese su apoyo o no a lo acordado entre el Gobierno y las Farc, pondrá de nuevo a prueba la verdadera y real calidad de nuestro sistema educativo y la manera como éste ha permitido, la construcción de ciudadanía. Ahí sí estamos jugados. Los que van a votar son los colombianos que hay, no los que quisiéramos que fueran, con sus debilidades y sus fortalezas.


Decir que se va a votar por la guerra o por la paz, no pasa de ser una argumentación tendenciosa y que lleva a la confusión. Que el procedimiento es ilegítimo y/o ilegal, es una falta de respeto para con la Corte Constitucional y la majestad de la justicia. Que se va a amparar la impunidad, sin haber leído el texto completo del acuerdo, es una ligereza. Que vamos a caer en el Castro Chavismo, es una estupidez. Que todo se va a solucionar con la firma del acuerdo, es una completa ingenuidad.


Lo que va a suceder es una oportunidad histórica de refundación del país. Ojalá sepamos aprovechar las experiencias adquiridas en estos estos 197 años de mal llamada independencia y que no se nos olviden ni la época del conflicto entre centralistas y federalistas, ni la guerra de los mil días, ni la masacre de las bananeras, ni el asesinato de Gaitán, ni el período del bandolerismo, ni la historia reciente de la guerrilla, ni los horrores del narcoterrorismo y de los paramilitares, ni el asesinato indiscriminado de líderes políticos de todas las corrientes, ni el   irrespeto sistemático de los Derechos Humanos por parte de todos los actores.


¿Perdonar y olvidar? Fácil de enunciar dificilísimo de lograr. Sin embargo, la posibilidad cercana de que la verdad sea conocida en alguna proporción, debe ser valorada como esfuerzo. 


El mundo tiene los ojos puestos en Colombia. No nos puede quedar grande la grandeza. Se van a hacer grandes sacrificios de todos lados. La tolerancia, el pragmatismo, la confianza y la ilusión deben convertirse en el acicate para que no quedemos de nuevo, como unos bárbaros, ante la opinión pública internacional, a la cual le ha correspondido acompañar o ser testigo de procesos similares al nuestro en muchas partes del globo, en distintos momentos del tiempo. 


Es solo un primer paso que puede abrir la puerta para que otros grupos entren a participar de procesos semejantes. Lo que se viene es complejo, agotador, incierto, riesgoso, como cualquier actividad humana que implique tomar decisiones de fondo.


Dice Maquiavelo qué para manejar a los humanos, se debe recurrir al miedo, al odio o la esperanza. ¿Usted querido lector, cuál prefiere? De usted depende.


Abramos las mentes, los corazones y los brazos para que nos arropemos entre todos los colombianos, a los cuales nos une, nos vincula y nos compromete una madre común: Colombia.


Recordemos a Erich Hartmann cuando dice: “La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan…..”.


¡Todo por Colombia, nada contra Colombia!