Columnistas

Alerta: ¡Lobo está!
Autor: Mariluz Uribe
23 de Agosto de 2016


Nos decía nuestra propia madre: “No hay que confiar ni en la mama de uno.” ¡Sí señores y señoras y acaso señoritas!

Nos decía nuestra propia madre: “No hay que confiar ni en la mama de uno.”  ¡Sí señores y señoras y acaso señoritas!  


Y recuerdan el cuento del padre que le decía a su hijo de 8 años que estaba trepado en un muro: “Tírate de allá arriba m´ hijo que yo te recibo”. Y el niño nada que se lanzaba. El papá insistía. ¡Al fin el niño se lanzó al aire pensando caer en los brazos de su amado papá, él, el hijo único tan deseado! 


Pues el papá se hizo a un lado y el niño cayó, quedó maltrecho, ajado y malherido, pero eso sí no quedó bobo. Y de ahí salió a pregonar que en el papá de uno tampoco había que confiar, ni menos aún por supuesto en alguien que parezca ofrecerle algo a uno. 


Tentaciones en las que caemos: -¿Le contamos al pretendiente cómo o de dónde podríamos obtener una fortuna? ¿Lo sedujimos con eso?  ¿O con unas manos dulces, una mirada tierna, una bella voz? ¿O fue con el probable advenimiento de una inigualable e inesperada lluvia de monedas? 


Pensemos: Cuántas veces habremos caído en alguna inenarrable estupidez. ¡En qué forma habremos educado a nuestros hijos para que no les pase lo mismo! 


Y más ahora que se está ante oscilantes leyes que escandalizarían a los habitantes del Rionegro donde se redactó nuestra Constitución madre.


Y cuáles han sido las reformas de dicha Constitución - la más larga del mundo - más las que ya se están planeando para complacer a los de no sé cuáles roscas, a los que inventaron algún qué, un cómo, un cuándo, un por qué y un para qué, según la acepción gramatical que los iletrados quieran dar a esas cosas.  


Por que dónde está el examen de admisión que se hace o se debe hacer a los políticos y gobernantes, así como nos lo hacen a los que vamos a entrar a una carrera a la Universidad y ahora dizque también a los colegios y hasta al “jardín”. 


Dónde están los pruebas corregidas por el famoso Icfes, de los presidentes, vices, gobernadores, alcaldes, congresistas, senadores, representantes, y no sé qué otras yerbas que existen; bastante posteriores a la sabia Grecia y  a las primeras constituciones romanas de las cuales dizque copiamos la nuestra en 1863-66.


Para reír. Ni la revolución francesa de 1789, ni la gringa en 1776, ni la nuestra de 1810, nos han hecho poner los pies o ya digamos las patas, en el lugar donde deben estar: el suelo, la tierra, y no en el aire o en zapatos de caucho, corcho y plataforma. Pilas. No pararse en los cachos - que peor que tenerlos puestos o que ponerlos en la puerta como hacían los vikingos- es el estar parados en ellos, sin siquiera darse cuenta. 


Habla la experiencia. Y si no me creen, cuando algo esté terminando, porque todo acaba, así como comienza, les contaré varios cuentos completos con sus secuelas y hasta con colorín colorao, cuando el lobo quede encerrado y la abuela esté paseando. 


*Psicóloga PUJ y Filóloga UdeA