Columnistas

Sin cultura tecnológica
Autor: Dario Ruiz Gómez
22 de Agosto de 2016


Las críticas sobre la desaparición en los planes de estudio de las universidades de las humanidades es, como lo recuerda Zygmunt Bauman, un intento de someter el conocimiento a las leyes del mercado.

Las críticas sobre la desaparición en los planes de estudio de las universidades de las humanidades es, como lo recuerda Zygmunt Bauman, un intento de someter el conocimiento a las leyes del mercado, dando paso a un tipo de profesional carente de  pensamiento crítico respecto a lo que lo rodea, ante su misma disciplina, necesitada de cuestionamientos éticos ante la desbordada carrera de la tecnología bajo un capitalismo depredador. Lo que indica que el humanismo no es sólo “materias inútiles” como filosofía, sino la reflexión sobre la misma tecnología, el humanismo de Einstein, Plank, Heisenberg, Hawking, esa prosa vibrante donde se preguntan por los límites del conocimiento y la necesidad de que la tecnología no se convierta en una enemiga de la naturaleza. Pero no voy a entrar en los aspectos de una discusión que desde hace ya mucho tiempo se ha venido efectuando en el contexto de la ciencia y las humanidades. La pregunta sobre el significado de la tecnología parte siempre en cualquier  sociedad de aquellos procesos económicos que moldean ésta sociedad, indicándole  las verdaderas prioridades, la adecuada tecnología para ello. Los puentes de José María Villa no nacieron de un capricho sino de responder con una tecnología innovadora a la necesidad de acortar distancias cuando ya la circulación de los ciudadanos era un imperativo. Tomarse en serio eso de que Medellín es la ciudad más innovadora del mundo no es más que una muestra del desusado provincianismo que nos está consumiendo y que con astucia explotan algunos vivos. “La innovación -recuerda Yesenia Serrano Escobar en algo aplicable a la tecnología- es una palabra muy atractiva que ha sido utilizada en muchas ocasiones de forma indebida, también ha servido para justificar inversiones millonarias  o incluso como excusa para realizar espectaculares campañas de publicidad que tratan de maquillar la mediocridad de muchas organizaciones”. La biblioteca España fue mal construida, mal diseñada, sólo se restaura un edificio histórico, pero destinar 15.000.000 millones al simulacro de revivirla es un escándalo mayúsculo desde el punto de vista ético y estético. ¿Se ha forjado en nuestras universidades el verdadero conocimiento tecnológico para enfrentar los retos de una estructura urbana que reventó hace tiempos y necesita ser analizada  debidamente para enfrentar el marco de una ciudad definida hoy por una economía en declive?  ¿Cómo, si no, enfrentar algo tan urgente como un plan de renovación urbana que exige viaductos, avenidas, una urgente revisión del plan vial, la obsolescencia de los roundpoints?. “Las formas de la ciudad -recuerda Juan Diez del Corral- y del territorio van adquiriendo poco a poco las formas de las grandes infraestructuras del tráfico rodado. Y no sólo físicamente hablando, sino, sobre todo en cuanto a su entendimiento o interpretación” Porque esas vías, esos puentes modifican sustancialmente las costumbres de las gentes, su manera de percibir la ciudad al integrarse a ella- tal como ejemplarmente lo hizo el metro en Medellín-  y crean y fortifican los flujos interrumpidos por una traumática desmembración del tejido urbano, incorporando  territorios  considerados como residuales.


No puede la Alcaldía considerar prioritaria una obra como el tranvía de la 80, sin la debida planificación, sin contar con los necesarios equipos de profesionales capaces de hacer la debida lectura de la malla existente, de medir la dinámica que produciría una vía que debe ser integradora de territorios que han sido aislados, a causa de la violencia, un sistema de transporte que modificará la ergonomía de las calles. Porque no es el objeto “tranvía” ni el esperpéntico monorriel, este último característico de ciudades con una avanzada tecnología  lo que cuestionamos sino la bien planificada ausencia de planificación -valga la redundancia- de disimulados elefantes blancos donde algunos obtienen grandes ganancias y la ciudad queda endeudada para siempre.