Columnistas

Los deshonestos
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
21 de Agosto de 2016


En ocasiones, las palabras tienen una fuerte carga ideológica, y, por tanto, excluyente. Los adalides de la negociación de Santos y las Farc, cuando tienen representación y una cierta dignidad, resultado, no de los méritos de las personas mismas.

En ocasiones, las palabras tienen una fuerte carga ideológica, y, por tanto, excluyente. Los adalides de la negociación de Santos y las Farc, cuando tienen representación y una cierta dignidad, resultado, no de los méritos de las personas mismas, sino del cargo que ocupan, usan su posición para descalificar e insultar a los colombianos que no comulgan con su punto de vista.


Ese es, precisamente, el caso de monseñor Darío Monsalve, quien no dudó en decir que las personas honestas votarían por el sí en el plebiscito. Una porción muy grande de ciudadanos, muchos de ellos fieles de su Iglesia, en consecuencia, son “deshonestos” por ser partidarios del no, y quedaron estigmatizados y señalados. 


Terrible asunto, si se tiene en cuenta que el mencionado prelado es, en su congregación, un pastor de almas, alguien que tiene el trabajo de dirigir a sus feligreses en los temas espirituales y morales que su religión profesa. ¿Es la decisión personal en el plebiscito un tema espiritual? Definitivamente no. ¿Es acaso un tema moral que riñe con el compendio que expresan los diez mandamientos o las enseñanzas de los evangelios? No, me atrevo a decir, porque un buen católico, sigue siendo bueno si decide votar por el no, porque ello no viola ninguna norma del decálogo y otras tesis morales que estipula esa iglesia. 


¿Será, entonces, que monseñor Monsalve tiene el monopolio de la honestidad y la capacidad, entonces, de decidir que quienes comparten sus tesis políticas tienen el atributo de esa cualidad y los otros no? Creo que no. Él defiende una opción política, la suya, y no puede pretender hacer uso de su autoridad como miembro destacado institucionalmente de su iglesia, para imponerle su particular visión a su grey. Esa es una maniobra peligrosa. El camino de imbricar religión y política lleva siempre al fundamentalismo y a la violación de las libertades fundamentales de los ciudadanos. Y si no, vean a los estados teológicos como Irán, Arabia Saudita, y de manera más extrema, el pretendido Estado Islámico.


Ustedes, amables lectores, dirán que es una exageración, pero no. En Colombia hay ejemplos paradigmáticos de curas y monseñores que promovieron la violencia contra los liberales y de sacerdotes que optaron por el camino de las armas, llevando su activismo a participar de organizaciones como las Farc o el Eln. La opción por los pobres, legítima como es, no puede conducir a excluir el punto de vista político de otros, en su mayoría pobres, que no quieren impunidad en la negociación y entienden que se le está entregando el estado de derecho del país a los marxistas, en una negociación.


Es tan sesgado monseñor Monsalve y los obispos que lo acompañan, que muchos católicos se han sentido ofendidos por esa calificación discriminatoria. Sus palabras, en lugar de alinear a sus fieles, lo que haces es alejarlos de su rebaño. Y contrasta, por ejemplo, con el silencio cómplice con la crisis de los emigrantes cubanos en el Urabá, quienes no recibieron ni una muestra de solidaridad cristiana por parte del mencionado monseñor y sus colegas, a pesar de que los isleños han pasado terribles necesidades, al punto de vivir una crisis humanitaria sin precedentes, y, sin embargo, prefieren muchos afrontar la muerte antes que volver a la dictadura que los espera. Y tampoco el país y los vecinos venezolanos han escuchado una sola condena a la tiranía feroz de Maduro que los está matando de hambre. ¿Se ha ideologizado tanto la solidaridad y la caridad cristianas, que las buenas causas son las que soportan a la extrema izquierda, mientras que otras son impronunciables e indefendibles porque simplemente no comulgan con ese ideario, no importa que el pueblo de verdad sea la víctima de los atropellos?


Yo, por mi parte, profeso la máxima de Jesucristo, según la cual, hay que dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Y la decisión en plebiscito no es de Dios. Es de los ciudadanos. De los “honestos” de monseñor y de los “deshonestos” que tienen criterio propio.