Columnistas

Nosotros contra ellos
Autor: Santiago Ortega
18 de Agosto de 2016


Hace algún tiempo, yo estaba trabajando en una historia sobre Parques del Río Medellín. Era un momento convulso: las obras acababan de empezar, había mucha incertidumbre y el proyecto era la polémica de moda.

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Hace algún tiempo, yo estaba trabajando en una historia sobre Parques del Río Medellín. Era un momento convulso: las obras acababan de empezar, había mucha incertidumbre y el proyecto era la polémica de moda. Para entender un poco la situación me fui a entrevistar a los vecinos del barrio y me encontré a una pareja con su hijo pequeño. No les gustaba mucho el proyecto por los puentes peatonales sobre el Río, que iban a comunicar al barrio Conquistadores con el resto de la ciudad. La frase fue demoledora:


“Esa gente va a bajar de las comunas y se nos va a meter al barrio”


Esa gente. Los distintos. No importa que exista otra pareja joven con un hijo pequeño y que tenga la misma visión de la vida que tiene la pareja de Conquistadores. Si viven en una comuna, son “esa gente.”


Esa respuesta me mostró que más allá de las fronteras invisibles que imponen los combos en Medellín, también hay fronteras mentales que nosotros mismos nos levantamos. Nos movemos en las mismas partes, y así evitamos estar barrios distintos, sean más feos, más bonitos, más ricos o más pobres. No vaya a ser que terminemos mezclados con “esa gente”.


He estado pensando mucho en este tema, porque estoy descompuesto por la actualidad internacional. Acompañada de una buena destilada de odio, hay una idea que está permeando los discursos políticos. Casi como un reflejo a gran escala de los barrios de Medellín, en el planeta están aterrados por lo que pueda hacer “esa gente”, y todo el mundo se atrinchera.


Así, una realidad compleja y lleno de zonas grises queda reducida a una caricatura binaria: adentro o afuera, ellos o nosotros, derecha o izquierda, sabios o brutos, buenos o malos. Esa es una visión del mundo fácil de asimilar, y en la que nos podemos matricular fácilmente. No es sino escoger un equipo, volvernos hinchas de una idea y luchar a muerte para ganar el partido. En lo posible por goleada y al son de “We are the Champions.”


Juan Esteban Constaín describe esto como pensamiento delirante: Tener una sola imagen posible del mundo, la única que hay y la única buena, justa y válida. La de nosotros. Que evidentemente es mejor que la de “esa gente.” 


Pero el mundo no es un partido de fútbol y en las democracias no hay que ganar sino negociar, conceder y tomar decisiones. El gran lío es que muchas de estas decisiones son binarias. Para los británicos era un quedarse o salir de la Unión Europea (Should I stay or should I go? como diría The Clash), para los gringos es demócrata o republicano y para nosotros es tal vez la más simplista de todas: 


Sí o No.


Es fácil sentirse tentado a escoger con emoción lo que nuestro equipo grita, pero la trampa es que hay que escoger algo que también les funcione a ellos. La razón es sencilla: “esa gente” somos nosotros mismos. Que nos creamos distintos no implica que la realidad deje de ser una sola para todos.


Para eso hay que hablar sobre el acuerdo con las Farc, pero hablar de verdad. Desarmar los argumentos explosivos para embarcarse en un ejercicio mamón de evaluar lo bueno, lo malo, lo aceptable y discutir donde se pone la raya. Sacrificar las ganas de convencer y descalificar, para tener una visión más amplia y poder decidir bien.


Me encantaría poder decirles que así la decisión se hace más fácil, pero en realidad es todo lo contrario. Es un ejercicio jodido de darnos cuentas que “esa gente” puede tener razón en algunas cosas, y que es posible que hayamos defendido con rabia argumentos estúpidos. 


A la final, todos ganamos si dejamos de creer que el mundo es una caricatura.


* Profesor Universidad EIA




Comentarios
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Montoya
2016/08/18 05:25:56 pm
Cuidado con la ortografía; la falta de rigor al escribir le resta credibilidad a su columna. Encontré al menos cuatro errores ortográficos. Es una pena porque sus argumentos son interesantes. Nota: se dice 'al final' o 'al fin de cuentas', no 'a la final' (al menos que sea la final de un torneo, por ejemplo).