Columnistas

Tecnologías que matan
Autor: Mariluz Uribe
16 de Agosto de 2016


Qué pena contar que no tengo huella digital, porque ese aparatico electrocutante no me la toma ni bregando, eso sí, el de tinta “antiguo” la toma.

Qué pena contar que no tengo huella digital, porque ese aparatico electrocutante no me la toma ni bregando, eso sí,  el de tinta “antiguo” la toma. 


Dependemos de la corriente eléctrica hasta que, no sabemos cuándo, cómo ni por qué, ésta chille, corte y se acabe  y hasta ahí  llegó. En la “Época de Gaviria “ me quedé entre un ascensor en Bogotá, por suerte sola. Luego ya con el miedo, me tocó subir 14 pisos en un edificio del centro donde hacía poco se había ido al fondo un ascensor por exceso de peso, y/o falta de mantenimiento.


Así como comenzó la electricidad, pues no ha existido siempre ni existe per se, excepto en los relámpagos por si los quieren usar. Igual se podrá acabar. Y no podremos ni llamar por teléfono a Graham Bell.


Tengo que informar que por eso de carecer de huella (¿mucha caricia?) no tengo pase de manejar,  patente como decíamos en Medellín. Ya la había tenido una vez sin huellas, pero como el SISTEMA de la Car Center Int. cambió, “se perdió” mi caso de no-huella, informado y aceptado hace dos años, inclusive por Sherlock Holmes. 


Siete viajes al Car Center Int., muy amable la gente,  pero no pueden resolver nada, dependen de una sede que funciona en Bogotá y si el que maneja las máquinas no tiene sabiduría suficiente o claudicó, ¿qué se puede hacer? 


He estado presa allí a horas de almuerzo. Próxima cita a la hora del desayuno.  ¡Voy a irme para allá con éste, mi EL MUNDO, en la mano, abierto en mi columna, a ver si me reconocen!


Invito a las personas que no tengan huella, o la hayan perdido,  a que hagamos huelga contra la obligación de tener huellas, sabiendo éstas se van borrando con el uso, y según lo que uno haga o deshaga con los dedos. ¡O dónde los meta! 


Claro que se dice que los narcotraficantes y otros malos, dizque se han hecho operar las huellas digitales por plásticos ad hoc. 


Otro ejemplo de la máquina versus la gente. Se dice que no hay suficientes empleos: Y cualquier día  voy a un Centro Comercial, “Mall” como dicen en Medellín, entro a parquear mi carrito: En el parqueadero no sale un joven a decirme “hola” ni dónde parqueo, ni a darme una boletica. Tengo que timbrar en algún botón de un aparato que no sé dónde ni quiénes fabricaron, y me sale un papelito, que generalmente se me pierde o se me confunde con el último mensaje del amante desconocido. 


Y a la salida lo tengo que presentar. (El papelito). Y claro, pagar más de lo que me costaron  el cine, el restaurante y la comprita. ¿Y a quién me le quejo, si por ejemplo, me estrellaron el carrito? ¡Y por ahí alrededor no hay ni siquiera ánimas benditas!


Otro ejemplo: Qué tal la entrada a un hotel en Flórida. Nadie en la Recepción. Se mete la Tarjeta crédito en una rendija de un aparato gigante (hay que mirar bien en cuál, rendija). Éste escupe una tarjeta-llave y devuelve la de uno.  No confundir.  Nadie que sirva comidas: Meta moneda y reciba un San Duchito. Al día siguiente se re-mete la Tarcrédito (¡!) el bicho se auto-paga y la devuelve. Menos mal. 


Tengo la llave plástica en mi Colección de Basuras Modernas, que dejaré en donación para “la Exposición de Desechables” que se hará en el siglo XXII. 


 Psicóloga PUJ y Filóloga UdeA