Columnistas

Alvin Toffler
Autor: Pedro Juan González Carvajal
16 de Agosto de 2016


El pasado 27 de junio falleció el más importante futurólogo de los últimos tiempos, Alvin Toffler.

El pasado 27 de junio falleció el más importante futurólogo de los últimos tiempos, Alvin Toffler. Debo confesar que sus obras influyeron notablemente en mi forma de mirar el mundo, desde que por allá a finales de los setenta, cayó a mis manos su primera obra, El shock del futuro. Su mirada integral y su enorme sensibilidad para interconectar acontecimientos a primera vista inconexos, le posibilitó orientar la mirada y levantarla hacia horizontes desconocidos o insospechados para la mayoría de los humanos. La íntima relación que se ha establecido a través de la historia entre la tecnología empleada en todos los campos, la fuente de energía disponible y la organización social propia de cada época, es el eje conductor de su obra más reconocida, La tercera ola. El tener acceso a información fresca del más alto nivel por ser asesor de multinacionales y gobiernos, permitía que sus argumentos estuvieran permanentemente alineados con las tendencias que la realidad ofrecía. Su obra Avances y Premisas, da cuenta de lo anterior. 


Si uno habla de prospectiva, obligatoriamente debe respaldarse en las orientaciones, y por qué no en la metodología empleada por Toffler.   


La corporación adaptativa, El cambio de poder, Guerra y anti guerra, Creando una nueva civilización y La revolución de la riqueza, configuran la saga de textos iluminadores y originales que fueron marcando el rumbo del decenio de los noventa y principios de este siglo.


Escritura y narrativa amable, descomplicada, lejana a los tecnicismos y generosa en explicaciones y ejemplos. Entre sus pensamientos más reconocidos se encuentran: “El conocimiento es la fuente más democrática de poder”. “Formular la pregunta correcta es más importante que dar la respuesta correcta a una pregunta equivocada”. “Tienes que pensar en cosas grandes mientras estás haciendo cosas pequeñas, de modo que todas las pequeñas cosas vayan en la misma dirección”. “Hay que clausurar las escuelas”. “El futuro será para aquellos que desarrollen habilidades de pensamiento crítico”. “La sociedad necesita todo tipo de habilidades que no son cognitivas, son emocionales, son afectivas. No podemos montar la sociedad sobre datos”. “Los analfabetos del Siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no pueden aprender, desaprender y reaprender”. 


En un país como el nuestro, donde los ejercicios de planeación brillan por su ausencia y donde la improvisación enmarca la mayoría de nuestras decisiones en lo público y lo privado, haría mucho bien que en las llamadas Escuelas de Administración, se retomara a Toffler y se analizara nuestra realidad presente y futura, a la luz de los aconteceres tecnológicos y sus exigencias para la consolidación de los nuevos tipos de relaciones y de estructuras que rigen a la sociedad moderna.


Resulta peligroso y resignado considerar que el futuro de un país tercermundista como el nuestro, coincide con el presente de algunos países desarrollados. Nada más equivocado y controvertible. La historia no es lineal, la realidad no se presenta en fascículos y el día a día se entenderá mejor si se reconocen los procesos no newtonianos de simultaneidad y se reconoce que las relaciones causa - efecto han perdido vigencia ante la gran complejidad que presenta la realidad.


La necesidad de un proceso educativo enmarcado por un sistema educativo serio y pertinente es pre requisito para que las sociedades puedan aproximarse con algún nivel de optimismo y de confianza al futuro que se nos vino encima. 


Paz por siempre para Toffler.