Columnistas

Vías - Agro - ¡NO!
Autor: Alberto Maya Restrepo
15 de Agosto de 2016


Hace poco escuché al director de Planeación Nacional y a la ex ministra Cecilia Álvarez hablar sobre la Vía de la Prosperidad en el departamento del Magdalena.

Hace poco escuché al director de Planeación Nacional y a la ex ministra Cecilia Álvarez hablar sobre la Vía de la Prosperidad en el departamento del Magdalena. Mi conclusión es que eso no es sino una feria de líos y cuando se habían pensado construir unos 52,6 kilómetros a un costo algo superior a los $400.000 millones, ahora resulta que eso solamente alcanzará para hacer 28 kilómetros. Eso sí, la ex ministra, que es de por allá, dejó claro que esa vía es fundamental porque en tal departamento están clamando por ella hace 50 años.


Si a anhelos viejos vamos, ¿cuántos años llevamos en Antioquia pidiendo una buena y amplia Vía al Mar? Siempre es que el poder de lobby influye mucho y mientras Antioquia ha contado con gobernadores tan malos como Fajardo (ahora dizque aspirante a la presidencia), los de otras regiones, así sea a la brava, sacan adelante sus deseos y no les importa hacerlo de cualquier manera porque al final ahí están los contribuyentes para pagarlos. Antioquia puede hacer las cosas bien y sin más dilaciones, lo importante es contar con voluntad política y con ganas de verdad de entregarle obras de valor y tan necesarias.


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No es que sea oposición a ultranza, sino que entender al Gobierno es muy complicado cuando por un lado dice una cosa y por el otro va en contravía. Se nos ha predicado que el agro será un punto fundamental en el posconflicto y mucho hay por hacer allí y, por tanto, demasiado hay que invertirle. Por eso desconcierta que para 2017, en el Presupuesto de la Nación que se llevó al Congreso, para el agro se ha rebajado en un 33,6% la partida para tan importante rubro, esto es, solo 1,66 billones de pesos habrá para tal propósito. Entonces, ¿estamos tan mal financieramente que para lo que será sustancial en el posconflicto que se ha ido armando se rebaja su presupuesto a los niveles por allí del año 2006? o ¿nada de cierto hay en que dentro de los papeles de La Habana el agro ocupa lugar privilegiado? Ni siquiera se nos ha dicho qué, en últimas, se acordó en Cuba, cuando ya hay manifestaciones tan claras de que carreta hay suficiente pero plata no tenemos para poner a andar el tránsito hacia la paz y, cuando más, se destinarán unos recursos tan solo para sostener una abultada burocracia en el ministerio de Agricultura, pues para invertir, lo que se llama invertir, vamos en retroceso y eso que, además, tanto se ha dicho sobre la importancia del agro colombiano con miras a exportar.


Para inversión hay contemplado en ese presupuesto solo 1,1% del PIB, monto absolutamente insuficiente para sostener o esperar un crecimiento económico decente y que brinde oportunidades de empleo. Es decir, si el Estado no invierte entonces que no nos hablen de desarrollo y de progreso, lo que conlleva a inferir que atacar la pobreza no es prioridad de este gobierno y por ello la desigualdad será mayor y los indicadores de pobreza/miseria serán peores. Algunos, por su parte, dicen que con la reforma tributaria se arregla eso, pero no se puede basar todo en cobrar más impuestos, ya que la gran esperanza está en un IVA del 19%, el que será un golpe bajo y durísimo para las clases más pobres porque ese es un impuesto regresivo. ¿Será la idea que el 7 de agosto de 2018 estemos quebrados y así las Farc tendrían para decir que ellos nos salvarán?


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A la carrera y desesperado, el 4 de agosto dijo Santos que no es necesaria la firma definitiva con las Farc para hacer el plebiscito. Es decir, él pretende seguir el proceder de Simoncito Gaviria cuando, sin leer siquiera y, menos, sin entenderlo puso a votación un texto que al final resultó un fracaso, pues lo aprobado en el Congreso el Ejecutivo a la brava tuvo que borrarlo del mapa. No se entiende ese afán por sacar un Sí en ese manipulado plebiscito. Quiere que los votantes vayan a las urnas sin conocer lo que se pactó, ni en dónde nos van a meter. No solo hace falta pedagogía, sino también honradez y respeto por el elector. Por ese hecho también, entonces, ¡NO!