Mundo deportivo

Hosszu’s revenge
La revancha de Hosszu
8 de Agosto de 2016


La nadadora húngara Katinka Hosszu se proclamó campeona olímpica de los 400 estilos con nuevo récord mundial, al imponerse con un tiempo de 3:26.36 en la final de los Juegos.



Katinka Hosszu le entregó un oro histórico a Hungría.

EFE


Noviembre de 2012. Pekín. Copa del Mundo de piscina corta. Katinka Hosszu sale sonriente del agua. Acaba de ganar la final de los 100 estilos, su tercera medalla en poco más de una hora, la quinta en dos agotadoras jornadas en las que disputó hasta ocho finales.


¿Cómo es posible nadar tantas pruebas? ¿Es usted de hierro?, preguntan sorprendidos los periodistas. Las miradas de Hosszu y de su entrenador y marido, Shane Tusup, se iluminan. Forjada en hierro. Así es la nueva Katinka. Indestructible, infatigable. La dama de hierro ha nacido.


Un momento inimaginable tres meses antes, cuando Hosszu, sumida en la decepción por los malos resultados obtenidos en los Olímpicos de Londres, es incapaz de encontrar las fuerzas necesarias para retomar los entrenamientos.


Las dudas la paralizan. Todo el esfuerzo y trabajo realizado durante cuatro años no sirvió para nada. El sueño olímpico, la ansiada medalla volvió a escaparse. Como en Atenas, como en Pekín. El vacío.


Hosszu, quien lideró la final de los 400 estilos hasta el ecuador de la prueba, sucumbió ante el maremoto que provocó la irrupción de la joven china Shiwen Ye, quien con una última posta estratosférica se colgó el oro con récord del mundo (4:28.43), incluido.


Incapaz de seguir la estela de Ye y de la estadounidense Elizabeth Beisel, la húngara se hunde por completo, sin fuerzas, ni siquiera para defender una medalla de bronce ante el ataque de la china Xuanxu Li. Hosszu se quedó fuera del podio en Londres, condenada a la cuarta plaza.


Un golpe del que Hosszu no se repuso. Días más tarde ni siquiera entró en la final de los 200 mariposa, mientras que en la final de los 200 estilos no pasó de la octava plaza.


Katinka tocó fondo. Una profunda sima de la que sólo logró rescatarla su entrenador y marido. Shane Tusup tiene un plan. Nadar, nadar y nadar. Un extenuante programa de competición que ha forjado la leyenda de la “dama de hierro”. Una máquina de ganar, porque ningún fracaso es irreversible.


Un esfuerzo que la ha convertido en una empresa en expansión, que no deja de arrojar dividendos. Tal y como atestigua el hecho de que fue elegida mejor nadadora de los años 2014 y 2015 por la Federación Internacional y se convirtiera en 2014 en el primer nadador en superar el millón de dólares en premios. Una cifra que sigue creciendo gracias a las más de cincuenta medallas que Katinka Hosszu acumula en grandes competiciones internacionales. Formidable palmarés, que hasta ahora, sin embargo, lucía incompleto, a falta de la medalla olímpica que conquistó en Río.