Columnistas

¿Le duele el río Medellín al Área Metropolitana?
Autor: Luis Fernando Múnera López
8 de Agosto de 2016


Qué bueno es cuando a alguien le duele algo. Y no lo digo en el sentido de que ese alguien sufra dolores, sino que los asuntos sensibles de la comunidad tengan quien se ocupe de ellos.

Qué bueno es cuando a alguien le duele algo. Y no lo digo en el sentido de que ese alguien sufra dolores, sino que los asuntos sensibles de la comunidad tengan quien se ocupe de ellos.


El ingeniero sanitario Guillermo Morales Zapata, exfuncionario de EPM, quien trabajó durante décadas en el saneamiento del río Medellín, se queja de que este asunto hoy no interesa a las autoridades ambientales, a las municipales ni a la misma comunidad. 


Y agrega: “Todo el mundo pensó erróneamente que con lo que hace EPM sería suficiente para recuperar la corriente. Y la realidad nos muestra que no ha sido así”. EPM cumple bien el programa del saneamiento del río Medellín, pero el resto de acciones de prevención y protección de la cuenca siguen sin ejecutarse. 


La cuenca hidrográfica de un río la conforma el territorio donde nacen y escurren las aguas que llegan a su cauce, bien sea directamente o a través de sus quebradas afluentes.


En el caso que nos ocupa, la cuenca del río Medellín la forman las calles, plazas, espacios abiertos, casas y edificios de los diez municipios del Valle de Aburrá, así como las partes altas de la montaña donde nacen el río y las quebradas. En otras palabras, interesarnos por la cuenca del río Medellín es preocuparnos por el sitio donde vivimos.


El ingeniero Morales dice: “No hay un entendimiento del concepto de cuenca ni de las dinámicas que se presentan en su interior, por lo cual se evidencia la ausencia de una visión integral, que podría permitir definir prioridades”. Y agrega: “Las quebradas carecen de una política integral de manejo que las defina como unidades de control, y de acciones que corrijan los errores que se cometen en su manejo”. 


Se permiten altas densidades de construcción en terrenos altos, donde las aguas residuales sobrepasan la capacidad de las redes del alcantarillado, obligando a verter los excedentes a las quebradas, pues EPM no está en capacidad de expandirlas oportunamente. 


EPM controla, pero no exhaustivamente, que la industria vierta sus aguas servidas en el alcantarillado, y que remueva previamente los contaminantes químicos que sean incompatibles con la operación de las plantas de tratamiento de aguas residuales. Reaccionan cuando el río se colorea.


Ninguna entidad se apersona del mantenimiento preventivo de las placas de la canalización del río Medellín. Y nadie hace limpieza regular de los cauces de las quebradas.


Continúan vertiéndose basuras al cauce del río y de las quebradas, sin que nadie lo controle y evite. 


En las laderas de las quebradas se invaden los retiros, se talan el bosque y el rastrojo, que retienen el agua lluvia, y se sustituyen por asfalto, cemento, tejas y prados que aumentan la velocidad de flujo, haciendo crecer el caudal de las inundaciones. 


Su conclusión es que no hay una entidad que centralice todo lo relacionado con el manejo de la cuenca del río Medellín, y genere en ella un concepto de institucionalidad. 


Yo opino que el Área Metropolitana del Valle de Aburrá es la entidad obligada a regular, vigilar, controlar y emprender las obras y acciones integrales necesarias. La Ley y sus estatutos le asignan las funciones, responsabilidades y recursos necesarios para ese fin. Pero ella no cumple con esta obligación por falta de voluntad política de sus directores y por su mala coordinación con otras entidades públicas y privadas, tales como las alcaldías, las secretarías ambientales, las curadurías urbanas, Corantioquia, EPM, Emvarias, las industrias, las firmas urbanizadoras y otros. Sus acciones son sólo puntuales y reactivas, no integrales y proactivas.


Es hora de que el Área abandone su actitud pasiva, se revista de autoridad y actúe como doliente del río Medellín. Y que la comunidad se lo exija.