Editorial

No es paz o guerra
7 de Agosto de 2016


Desde el inicio de las conversaciones con las Farc en La Habana, confiamos en que se cumpl韆 una negociaci髇 sujeta a refrendaci髇 ciudadana.

En su impulso al plebiscito sobre el acuerdo de La Habana, el Gobierno Nacional ha demostrado que la Mesa de conversaciones guarda una Caja de Pandora de la que podrán saltar sorpresas comparables a las que liberó la Eva de la mitología griega. La habilitación de los ¿ocho mil? miembros de las Farc como pares de los 34 millones de ciudadanos del censo electoral; la petición del doctor Santos para que el plebiscito se convierta en cheque en blanco y la amenaza oficiosa de una larga y cruel guerra, han sido expelidos por el ánfora en la que no es seguro que resida la esperanza.


Desde el inicio de las conversaciones con las Farc en La Habana, sus fervientes partidarios, los opositores más radicalizados y todos los que las seguimos con mayor o menor espíritu crítico, confiamos en que se cumplía una negociación sujeta a refrendación ciudadana, ya que el presidente así lo prometió desde el principio ante el evidente viraje que su iniciativa representaba frente a sus electores y en reconocimiento al derecho a que fuera el pueblo soberano quien tuviera la última palabra en una decisión tan trascendental. También se había entendido desde entonces que la contraparte era una fuerza armada, cuya soldadesca estaba exigida a someterse a sus comandantes. Hoy, ¡oh sorpresa!, se anuncia que, contrario al uso, ese “ejército” es deliberante y, por tanto, sus miembros también deben discutir, aprobar o improbar lo acordado por sus jefes, notificación que conlleva ¡vaya, vaya!, la aceptación presidencial de que el pronunciamiento de ese grupo de hombres armados y por siempre sujetos a una clara jerarquía de mando, condicione lo pactado y hasta la decisión final de la nación colombiana.


Como resultado de esa nueva jugada de las Farc, el doctor Santos anunció que los colombianos seremos llamados a votar el plebiscito cuando se hayan acordado los puntos pendientes (aunque ya dicen que no todos pues las Farc insisten en 50 puntos que ni siquiera se pactaron en la agenda original) pero que este pronunciamiento antecederá la rúbrica del presidente y el jefe de las Farc, que es punto final. Entonces, un plebiscito afirmativo previo a la firma implica que los negociadores pueden agregar, cambiar o quitar puntos ya acordados, sin estar sometidos al control que les impone ajustarse al plebiscito y las dificultades para convencer a la ciudadanía de votarlo afirmativamente. La premura por convocar la votación no nace del afán de los farianos por poner punto final al cómodo proceso de conversación; surge de la necesidad que tiene el Gobierno de tramitar la Reforma Tributaria que exigen la banca multilateral y las calificadoras de riesgo para no empeorar la ya en declive perspectiva de la economía colombiana.


Este ambiente crece en un marco de vacíos sobre los pendientes de la negociación y el significado del voto, siendo el principal el de la falta de lectura y comprensión por la ciudadanía, incluso aquella que tiene tiempo, acceso a los documentos y especial interés en el proceso, a los borradores ya divulgados de los acuerdos; además de la falta de consenso en temas que incluyen -entre otros de la mayor importancia- el mecanismo de conformación del tribunal de justicia transicional, la reparación de las víctimas, la entrega de rutas y recursos usados en el narcotráfico, así como claridades sobre la amenazante fiscalía paralela definida en el ignorado apéndice de puntos pendientes publicado el 23 de junio, para señalar algunas de las amplias y múltiples preguntas que los negociadores han dejado de responder o a las que contestan con epítetos contra quienes las formulan.


En este contexto, aplaudimos como valiente la decisión del Centro Democrático de promover la votación por el No, con argumentos que enriquezcan un debate que no puede simplificarse entre las opciones de la paz y la guerra, y de esta manera no optar por la estrategia de promover el abstencionismo contrario a la democracia. Similares a esta decisión, están surgiendo movimientos ciudadanos que convocan a personas de todos los partidos y posiciones políticas, al análisis de los contenidos y efectos de lo pactado en La Habana, bajo los principios de nuestro Estado de Derecho y con la palabra y la razón como única herramienta de discusión y disuasión. En ese sentido, la directora de este diario ha recibido una invitación que ya se conoce como la “Carta republicana”, cuya declaración íntegra publicamos en esta página como ratificación del compromiso de que el periódico EL MUNDO será escenario para la difusión, estudio y deliberación amplia, racional y diversa de los acuerdos y del significado del voto SÍ y del voto NO. Así, sin comprometer nuestra independencia que es esencial a nuestra naturaleza y filosofía, esperamos seguir sirviendo a Colombia.