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Plebiscito: porqué votaré ¡NO! (i)
Autor: Jorge Arango Mejía
7 de Agosto de 2016


Absurdo sería que alguien, por sí y ante sí, arbitrariamente, prefiriera la guerra a la paz. Sería tan ilógico como desear la enfermedad en lugar de la salud; la pobreza y no la riqueza o el bienestar; preferir la fealdad y rechazar la belleza.

Absurdo sería que alguien, por sí y ante sí, arbitrariamente, prefiriera la guerra a la paz. Sería tan ilógico como desear la enfermedad en lugar de la salud; la pobreza y no la riqueza o el bienestar; preferir la fealdad y rechazar la belleza. Todos queremos la paz: la diferencia está en los medios para buscarla, que para unos valen todos, aún los ilícitos; y que para otros no pueden contrariar el orden jurídico y, menos aún, los derechos fundamentales.” (Apartes de mi intervención ante la Corte Constitucional, en audiencia pública sobre el plebiscito, transmitida por la televisión el 19 de junio de 2016).


No debería ser así: me resisto a creer que el Presidente, que “simboliza la unidad nacional” y que, “al jurar el cumplimiento de la Constitución y las leyes”, se obligó a “garantizar los derechos y las libertades de todos los colombianos”, se empeñe en dividirnos en dos bandos irreconciliables: el de sus buenos amigos –los partidarios de “su paz”-; y el de sus enemigos malos -es decir, demonios-, los que distinguimos entre la verdadera paz y la suya, la falsa, que nacerá del cumplimiento del Tratado Timochenko- Santos, que está acordado y que se firmará en La Habana. Acuerdo que aún nadie conoce, porque no está completo, y “mientras todo no esté pactado, nada está pactado”, como han repetido Santos, Humberto de la Calle, Timochenko, Iván Márquez y todos los que negocian en La Habana. 


¿Por qué la paz de Santos y Timochenko es falsa? Por diversas razones: 


La primera, y más importante, porque no traerá paz, sino incremento de la guerra, nuevas organizaciones criminales. Ya, por ejemplo, tres frentes de las Farc han anunciado que seguirán delinquiendo, dedicados al cultivo, procesamiento y exportación de la coca, a la minería ilegal, a la extorsión, al secuestro, al asesinato de civiles indefensos, y a los demás delitos en que son expertos…


La segunda, por el establecimiento de concentraciones de criminales armados, dotados de todos los medios de comunicación, “cuidados” –no vigilados-, por cuarenta y cinco (45) policías cubanos, comunistas y, por lo mismo, aliados y posibles cómplices de las fechorías de los habitantes de esas colonias de vacaciones; no solamente es torpeza sino irresponsabilidad. Se crearán unos verdaderos centros de extorsión, refugios de delincuentes, que serán una amenaza para todo el mundo. Por ejemplo: ¿cuántos quindianos, que hoy viven tranquilos, en la única región de Colombia que está en paz, no empezarán a recibir cartas amenazadoras enviadas por los que el Gobierno concentrará en Ginebra, Valle? ¿Existe amenaza más elocuente y eficaz que la carta en que un guerrillero de las Farc (no castigado y ni siquiera arrepentido), le pida a un colombiano del común (pobre, rico, asalariado o trabajador independiente etc) una “ayuda voluntaria”, porque “este mes no hemos recibido los pesitos que nos prometió el gobierno”? Y de esas habrá muchas cartas. Espero que usted, que está leyendo esto, no reciba una…


La tercera, porque “nada justifica el desconocimiento o la vulneración de la Constitución, en lo que tiene que ver con derechos fundamentales tan preciosos como la libertad de expresión y de comunicación, que están a la misma altura que los que se tienen al honor y a la vida. Declarar constitucional este proyecto, con argumentos forzados, que esconderían o disimularían el verdadero de una supuesta conveniencia, equivaldría a sacrificar el Derecho, fundamento de la convivencia, para conseguir unos fines que se consideran buenos. A la luz del orden jurídico, el fin jamás justifica los medios. Una paz sólida, duradera, no puede comenzar por el quebranto de la Constitución en asuntos fundamentales, todos relacionados, en últimas, con la libertad y la igualdad ante la ley.” (apartes de la misma intervención citada al comienzo).


Y la cuarta, porque el proyecto de ley estatutaria sobre el plebiscito establece la censura de prensa, prohibida por la Constitución. Ya explicaremos cómo se impone…


Insisto: mis comentarios sobre este tema se basan en la Constitución, que, por definición, como todo ordenamiento jurídico, es un tratado de paz. Dicho en otras palabras, el acuerdo a que han llegado los hombres para vivir en comunidad. Constitución que el presidente Santos ha quebrantado en materia grave, para atender las exigencias de las Farc…