Columnistas

Sustitución y palos de ciego
Autor: Jorge Mejía Martinez
3 de Agosto de 2016


Hace días se anunció con bombos el plan piloto de sustitución de cultivos ilícitos en Briceño, bastión rural de grupos ilegales.

Hace días se anunció con bombos el plan piloto de sustitución de cultivos ilícitos en Briceño, bastión rural de grupos ilegales. Pueblo Nuevo fue la vereda seleccionada, de las 10 posibles, para mostrar las bondades del acuerdo sobre drogas convenido en la Habana. Lógica expectativa. Los campesinos le dieron el sí a la delegación del Gobierno y las Farc con la condición de que la sustitución ocurriría cuando los productos alternativos empezaran a cosechar para no aguantar hambre, porque, dijeron, mientras una cosecha de coca se recoge en dos meses, una de cacao puede demorar dos años. No hubo respuesta oficial. Pero allí está la justificación a la convicción que tienen muchos sobre el fracaso de la iniciativa dado que más que intención, lo que demanda es decisión e inversión por parte del Estado. No basta la amenaza de proceder a fumigar si los pobladores no se avienen al acuerdo. Como se dice, el problema es estructural.


Según El Colombiano del 17 de julio pasado el municipio de Briceño, Norte de Antioquia, tiene según el Dane 7.900 habitantes, 2.000 familias. A pesar de ser una región donde se puede cultivar gran variedad de productos, solo existen 727 unidades productivas, de las cuales 58 tienen asistencia técnica y 75 cuentan con algún tipo de construcción o poseen maquinaria. De esos 727 negocios, solo 33 solicitaron crédito para producir, pero solo a 17 les fue aprobado… John explica que para sembrar cinco mil palos de coca “usted necesita unos cinco millones de pesos, para las semillas, los jornales, el lote, un timbo de petróleo, ácido, amonio, cemento, entre otras cosas; esa cantidad de palos ya procesados le puede dejar a uno libres entre tres y cuatro millones cada dos meses”. Los campesinos cuentan que movilizar el producto para su venta no requiere un transporte especial y muchas veces el comprador llega hasta la puerta de su parcela.


Más que asistencia técnica y recursos de crédito, los cultivadores de coca demandan vías para sacar los productos porque allí está el cuello de botella. Las pocas ganancias se van en el transporte. Un viaje entre la vereda Orejón y Pueblo Nuevo o la cabecera cuesta no menos de $250.000 dependiendo de las circunstancias del tiempo y condiciones de la trocha. Esa competencia tan desigual entre poder vender el producto del cultivo en el vecindario o a varias horas de camino con altísimos costos, explica en buena parte la tentación de la coca, además de dibujar de cuerpo entero el abandono del campo por parte del Estado con todo lo que ello implica de oportunidad para la ilegalidad. Los campesinos dirán con razón, si a esta altura del siglo 21 no ha sido posible pavimentar la entrada a la cabecera de Briceño, que diremos de las vías terciarias y veredales… 


Ahora se anuncia otro piloto de sustitución de cultivos ilícitos en El Catatumbo. En buena hora la preocupación por privilegiar la sustitución por encima de la fumigación y la erradicación, estrategias fracasadas en Colombia en la lucha contra los cultivos de coca. Lo que no dicen los anuncios es cómo evitar que las intenciones queden en letra muerta.