Columnistas

En el viejo Medell韓
Autor: Hern醤 C醨denas Lince
30 de Julio de 2016


En otras oportunidades he tratado serios temas y citado a grandes personajes de la humanidad pero hoy quiero recordar simples y curiosos dichos del viejo Medell韓

En otras oportunidades he tratado serios temas y citado a grandes personajes de la humanidad pero hoy quiero recordar simples y curiosos dichos del viejo Medellín. Por allá en otros tiempos de Medellín, en los años 20 del siglo pasado, era muy común un dicho relacionado con el comercio y se decía: “Bueno, bonito y barato”. Fue pasando el tiempo y el dicho quedó modificado así: “Bueno, bonito y carito”.


También son curiosas las historias que se contaban de un señor sueco que vino a Medellín y que quería convertirse en un importante jefe de las minas auríferas. Ese destacado personaje se reunió una tarde con importantes señores y principió a contar que ese día había recorrido sectores de la capital antioqueña y que había encontrado dos cosas muy raras. La una era un local que tenía un letrero en su puerta en donde decía: “No se ría”, y que muy cerca también había otro local en donde decía: “Ojalá se ría”. Los señores de Medellín que habían oído al sueco le explicaron que estaba muy equivocado pues una de esas oficinas era realmente una “notaría” y que el otro lugar era una “hojalatería”.


Un joven de una destacada familia de Medellín regresó después de hacer largos estudios en Londres y contó que había logrado aprender el idioma inglés a la perfección y que él era capaz de traducir cualquier cosa que dijeran en español; sin embargo, le dijeron unas frases que no pudo traducir al inglés. La frase concretamente era: “En Maracaibo arriba vive una vieja que era rodillijuntapatiapartada que se mantenía taconiando”. El tal experto en inglés tuvo que confesar que él no era capaz de traducir eso.


El personaje que dominaba el inglés tampoco pudo traducir una frase que en español decía: “Hay que salir a juniniar tempranito”. 


Pensando en el viejo Medellín uno recuerda curiosas costumbres como ir a los cafés en donde solo se tomaba un tinto o tal vez una cerveza, en donde se conversaba en forma amena y divertida y la conversación especial era narrar todo lo que había aparecido en los periódicos del día. También era curioso el hecho que la gente veía pasar los carros y cada uno decía el nombre del dueño del automóvil.


Por esas épocas había en Medellín la más destacada familia que eran los Echavarrías, que se dividían como los Echavarrías gordos y los Echavarrías flacos. El presidente de Fabricato era el gordo Luis Echavarría Villegas y el flaco presidente de Coltejer era Carlos J. Echavarría.


La forma de destacarse en ese viejo Medellín era llevar en las manos las llaves de la puerta de la casa y había un dicho popular que decía: “Dime que llaves llevas y te diré quién eres”.