Editorial

El sur que Mr. Obama descuidó
27 de Julio de 2016


La errática política de Obama frente a Latinoamérica está pasando peligrosa cuenta de cobro a favor del recién proclamado candidato presidencial por el Partido Republicano, Donald Trump.

La errática política de Barack Obama frente a Latinoamérica está pasando peligrosa cuenta de cobro a favor del recién proclamado candidato presidencial por el Partido Republicano, Donald Trump. Su distanciamiento ha sido en parte excusado en la atención que debió dar al Oriente Medio -donde Vladimir Putin pretendía campear como Llanero Solitario- y a las dificultades presentadas en el Viejo Mundo, tras las distintas “primaveras”. En las últimas, hasta los “obamistas” señalan los yerros de la Casa Blanca y buscan medios para evitar su impacto en el Partido Demócrata, cuya convención avanza con entusiasmo.


Con el título Estamos ayudando a los niños deportados a morir, el “progresista” Nicholas Kristof publicó en The New York Times (ver en: http://goo.gl/KAvJ4S) una fuerte denuncia a las agresiones de los grupos criminales de Centroamérica (maras) contra niños, niñas y adolescentes, que sufren acoso sexual y presiones para vincularse a las bandas. Por el corto espacio, confiamos, el columnista omitió que esos grupos son fruto de los errores en los acuerdos de paz de gobiernos y guerrillas, procesos que gozaron de entusiasta impulso estadounidense. Lo que sí aclara, y Colombia no puede desatender la señal, es que Washington ha dejado solos a estados cuya debilidad no les permite enfrentar a los delincuentes ni proteger a sus hijos, que miran al Norte, no buscando dinero que aportar a sus empobrecidas familias, como hicieron tradicionalmente, sino para tratar de salvar vidas amenazadas por los narcos. El columnista acusa, sin atenuantes, al Gobierno despreocupado por esas vidas en peligro. 


Con testimonios de centroamericanos que consiguieron instalarse en Estados Unidos, gracias a gestiones institucionales, y de familias obligadas al regreso que significa la muerte de alguno de sus miembros, Kristof califica de “inmoral” el acuerdo Obama-Peña Nieto, por el cual Washington financia a México para que contenga en su frontera sur, la oleada de aspirantes a refugiados que tienen como destino final los Estado Unidos. Ante la presión desesperada, Donald Trump apenas ofrece levantar un fuerte muro y reforzar las patrullas de fronteras, buscando contener la migración de centroamericanos que llevan miedo y dolor, no las intenciones criminales que denuncia el ungido candidato republicano. Aunque interroga a Estados Unidos comparando sus decisiones en la frontera sur con las críticas generalizadas por los equívocos de Europa frente a los refugiados de Siria y Libia, principalmente, el columnista admite que la apertura plena no es tampoco la solución, y en este campo atenúa la responsabilidad de Obama señalando los bloqueos sucesivos de Congreso y Corte Suprema, que han impedido al presidente realizar su política de regulación controlada.


Si en algún aspecto de Latinoamérica se podría afirmar que ha existido una política estadounidense en el gobierno Obama es en el frente cubano, en el que el gobernante declaró la inutilidad de la ruptura de relaciones y el bloqueo político con los que Estados Unidos intentó contener la tiranía de los Castro y proteger al pueblo sometido. El pasado miércoles 20 de julio se cumplió el aniversario de reapertura de embajadas en Washington y La Habana. Poco había que celebrar, pues el Congreso de mayoría republicana ha determinado no admitir las invitaciones presidenciales a levantar el embargo económico, y el Gobierno cubano ha ratificado ser tiranía hereditaria, como la norcoreana: las últimas noticias anuncian el posicionamiento de Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl, como heredero del poder. Además, y sin recibir el eco que merece, Guillermo Fariñas cumple una semana en su 24 huelga de hambre para exigir a los dictadores que cesen sus recurrentes agresiones y apresamientos de la disidencia; curiosamente el grupo al que Obama le prometió apoyo gracias a la distensión.


El descuido de Obama puede no ser la última mala política de EE.UU. con América Latina. Buena parte de la aspiración presidencial de Donald Trump se fundamenta en contraponerse a Hillary Clinton como el personero de la “mano dura” contra los inmigrantes, tratados como criminales, y líder del aislacionismo, principalmente frente al resto de América, pero también ante Europa. Como alternativa al miedo que quiere inspirar Trump y a una política más bien desacertada de diálogo con quienes poco ceden mientras se endurecen medidas frente a inmigrantes con necesidades de apoyo humanitario, la aspirante a la nominación demócrata ha postulado al senador Tim Kaine, reconocido latinoamericanista y defensor de Derechos Humanos, para su candidatura a vicepresidente.