Columnistas

El Frente Republicano
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
24 de Julio de 2016


Ya muchos analistas han estudiado las implicaciones del pronunciamiento de la Corte Constitucional sobre el plebiscito, por lo que voy aquí a hacer una reflexión no tanto sobre el contenido mismo, sino, más bien, sobre sus implicaciones políticas.

Ya muchos analistas han estudiado las implicaciones del pronunciamiento de la Corte Constitucional sobre el plebiscito, por lo que voy aquí a hacer una reflexión no tanto sobre el contenido mismo, sino, más bien, sobre sus implicaciones políticas, especialmente, para la oposición.


Lo ideal, si se hubiese respetado la Carta, es que hubiera dicho que se trata de un referendo camuflado y tramposo, que esquiva el umbral en el 50% fijado por la norma de normas y por contener una única pregunta, que no se conocer todavía, pero que eludirá el pronunciamiento de los ciudadanos acerca de los puntos esenciales de contenido del acuerdo, hasta ahora no firmado. Pero las aspiraciones del Gobierno a que no se aprobara ningún umbral y a que tuviese carácter vinculante para todas las ramas del poder, no fueron aceptadas, aunque si admite el 13% del censo electoral, un poco menos cuatro millones y medio de votos, como el número mínimo de votos por el sí, para que sea aprobado.


Ya hubo destacados políticos que dijeron que lo del carácter vinculante está asegurado por el acto legislativo que aprobó el Congreso e irá a examen de la Corte, lo cual sería verdad, si ésta lo asumiese sin modificaciones. Pero el hecho es que Santos, si convoca al plebiscito y lo pierde o no alcanza el umbral, tendrá que dar por finalizada esta negociación. 


Se ha dicho, que en caso de que el primer mandatario perdiera el plebiscito, siempre tendría al Congreso a su disposición para buscar los caminos de refrendación de los acuerdos, y que es el contenido de éstos lo que hay que atajar, si queremos paz sin impunidad, la conversión en un narco república y la destrucción de la democracia colombiana. 


Coincido con ese diagnóstico realizado, entre otros, por el expresidente Uribe. La posibilidad de que Santos insista en imponerle al pueblo lo acordado en La Habana, no se puede descartar, porque ya sabemos que a este no se le puede creer. Como también es probable que, si el presidente ve que puede perder el plebiscito, no lo convoque, porque la Corte dijo que se trataba de un acto político y no jurídico, así que no está obligado a realizarlo. Y en ambos escenarios no se descartaría la convocatoria a una Constituyente ajustada a las necesidades de las Farc.


Ahora bien, el país atraviesa por una aguda crisis social, algunas de cuyas manifestaciones como el paro camionero o la protesta más que justificada de médicos y otros trabajadores de la salud que buscan elementos para cumplir su misión de salvar vidas, han sido violentamente reprimidas (mientras que a las Farc se las premiará con impunidad); se nos viene encima una reforma tributaria que golpeará al pueblo subiéndole el IVA y agotará aún más la capacidad de tributación del aparato productivo, como consecuencia de la imprevisión del gobierno que se gastó una bonanza petrolera en mermelada.; la inseguridad ciudadana está disparada y la inflación y el desempleo azotan a los colombianos. De hecho, Santos ha sido incapaz de darle una sola solución al país real y eso ha provocado la ira de los colombianos. Por otro lado, el tiempo ya comienza a agotársele al presidente y el país se preparará para un debate electoral crucial en el que se definirá el rumbo de la nación.


Es en este contexto en el que debe enmarcarse el quehacer de la oposición. Lo que se requiere es una estrategia a largo plazo para evitar el desastre. Algunos pasos se han dado en esa dirección, como la convocatoria a la resistencia civil hecha por el Centro Democrático. Pero eso no es suficiente. Hay un grupo de personas que piensa que es necesario construir un Frente Republicano (o como se lo quiera llamar), que concite a los colombianos de todos los partidos, empresarios, sectores sociales, religiosos y de la sociedad civil, que no estén de acuerdo con el actual estado de cosas y quieran superar este nefasto gobierno, con el objeto de movilizar a los colombianos inconformes y encabezar acciones políticas de envergadura, que conducirían a un único candidato a la presidencia en 2018, con un programa de gobierno donde quepamos todos.


Una primera acción de ese Frente Republicano sería crear una gran alianza por el NO en el plebiscito, con el fin de derrotar a Santos. Sólo una coordinación nacional a gran escala puede enfrentar esa tarea para garantizar el éxito, a pesar de las trampas y de todos los recursos económicos, comunicativos y coercitivos que usan el gobierno y sus aliados (como poner, en desfile de la derrota del Estado de Derecho el 20 de Julio, en los helicópteros y los caballos de la policía la palabra paz, politizando una institución que no es del gobierno sino del Estado, a la que con su maniobra compromete con un proceso que no está decidido.  A propósito, ¿qué hará la policía para garantizar, después de lo visto, los derechos de los ciudadanos que votaremos por el NO a los acuerdos de La Habana, pero que también amamos la paz?