Columnistas

El cuidado de la juventud
18 de Julio de 2016


Del 26 al 31 de este mes de julio, por convocación del Papa Francisco, se realizará la Jornada Mundial de la Juventud, en Cracovia.

Monseñor Ricardo Tobón Restrepo


Del 26 al 31 de este mes de julio, por convocación del Papa Francisco, se realizará la Jornada Mundial de la Juventud, en Cracovia. Para muchos jóvenes el participar en las Jornadas Mundiales de la Juventud ha constituido una experiencia inolvidable y transformante. Ha sido la ocasión de conocer a otros jóvenes cristianos de todo el mundo, de vivir su fe de una manera nueva, de sentir que no están solos en el seguimiento de Cristo, de recibir un mensaje directo y personal del Santo Padre que los orienta y anima en su vocación y misión, de llenarse de energía y de esperanza para emprender el camino de la vida.


Hay, en verdad, muchos esfuerzos y proyectos de pastoral juvenil, todos muy laudables; sin embargo, debemos reconocer que no son suficientes. En este momento, tantos jóvenes andan como ovejas sin pastor o “pastoreados” por las fuerzas oscuras de la violencia, la droga, el sexo, el afán de dinero, la visión materialista de la vida, el relativismo moral, el sinsentido y la frustración. Sin un adecuado acompañamiento de los jóvenes, no sólo la Iglesia sino toda la sociedad corre el riesgo de una grave crisis. Por tanto, urge llamar los mismos jóvenes a la responsabilidad; pero también a las familias, los educadores, las autoridades civiles y la entera sociedad a un mayor compromiso con ellos.


El mundo juvenil es un mundo en continua y rápida transformación. Como en cada época, también los jóvenes de hoy quieren ser ellos mismos, desean afirmar su propia identidad, buscan razones para vivir. Si han sido motivados adecuadamente, son capaces de actuar con generosidad, solidaridad y dedicación. Con todo, son individualistas, exigen el derecho a construir su vida prescindiendo de valores y normas comúnmente aceptadas. Los caracteriza una grave carencia de raíces culturales, religiosas y morales. En su vida predomina la dimensión emotiva y sensorial, en detrimento de la razón y la reflexión. En una sociedad que cultiva la superficialidad, en no pocos jóvenes se acorta la infancia y se prolonga excesivamente la adolescencia. 


En los jóvenes de hoy, hijos de una cultura en crisis, más allá de su personalidad frágil e inconsistente, nosotros debemos ver un tesoro y una esperanza. Debemos apostar por los jóvenes, a quienes es preciso considerar protagonistas irremplazables de la vida y de la misión de la Iglesia; toda la sociedad tiene que mirarse en ellos. La juventud no es sólo de los jóvenes, es un bien de la misma humanidad. En los jóvenes, como decía Juan Pablo II, la Iglesia encuentra la capacidad de asombro ante el misterio y el entusiasmo para emprender objetivos siempre nuevos; en la alegría de los jóvenes se refleja algo de la alegría original que Dios tuvo al crear al hombre.


*Arzobispo de Medellín