Columnistas

¡Chupemos por bobos!
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
16 de Julio de 2016


La competitividad del país está cada día más comprometida, gracias a que hemos sido una nación miope y cada día supeditada a condiciones monopolísticas que ponen en riesgo el esfuerzo de internacionalización de sector productivo.

La competitividad del país está cada día más comprometida, gracias a que hemos sido una nación miope y cada día supeditada a condiciones monopolísticas que ponen en riesgo el esfuerzo de internacionalización de sector productivo.


Cuando las telecomunicaciones estaban en manos de la desaparecida Telecom, el precio de las llamadas nacionales e internacionales se convertían en una carga onerosa para el sistema de costos de las empresas, máxime que en aquella época estaba en sus albores la internet. Solo basta recordar la huelga de la telefónica estatal de una semana en 1992, cuando el país quedó incomunicado entre las regiones y el mundo. Por su ineficiencia, que la llevó a sumar grandes pérdidas, la empresa entró en liquidación en 2003


En 1983 el país sufrió de una parálisis también delicada, la huelga de Puertos de Colombia, paro que se repitió en 1991, este fue declarado ilegal por el Gobierno Nacional, por ser un servicio público esencial. Igual que Telecom, con una estructura de costos salariales insostenibles y altos niveles de corrupción, la empresa fue privatizada en 1993


Increíble es la capacidad de los colombianos de destrozar patrimonios públicos como fuel caso de dos empresas fundamentales en la dinámica comercial de cualquier país. La Flota Mercante Grancolombiana, que tuvo como socios constituyentes a Colombia (45%), Venezuela (45%) y Ecuador (10%). En 1953, con el retiro de Venezuela, el 80% quedó en manos del Fondo Nacional del Café y 20% en el Banco de Fomento del Ecuador. Recién decretada la apertura económica por el presidente Barco e implementada por César Gaviria, aunado la crisis mundial cafetera, la Flota debió ser liquidada, también gracias a las altas pérdidas y una estructura de costos inadecuada. La muerte de la Grancolombiana se decretó cuando la Transportadora Marítima Méxicana, se quedó con la naviera colombiana. Falleció en el 2000. Claro está que la estocada final se la dio el Presidente Gaviria, cuando eliminó la reserva de carga, la cual estipulaba que el 50% de ella debía ser movida por la naviera colombiana.


Y la otra empresa fundamental para la competitividad, que fue víctima del cáncer de la ineficiencia, corrupción y estructura de costos desmedidos fueron los Ferrocarriles Nacionales, empresa que recibió los Santo Oleos por parte del Presidente Barco en 1989, para sacar de allí otra que no funcionó: Ferrovías.


Solo basta con hacer este corto recorrido por estas cuatro empresas, de las cuales solo dos funcionan en manos privadas, telecomunicaciones y los puertos. Los ferrocarriles y la naviera, hacen parte del recuerdo y son hoy en día ejes fundamentales de cualquier país para ser competitivos en el siglo XXI. Gracias a esa “capacidad” de gestionar los bienes públicos, el país está en manos del monopolio del gremio transportador, con un paro que sobrepasó los cuarenta días. 


¿No será qué al estar el país a merced de los camioneros, no se podrá acudir a la figura del servicio público esencial?  


Peter Senge en su libro de la Quinta Disciplina, formula una ley que se aplica perfectamente al caso colombiano: “Los problemas de hoy derivan de las soluciones de ayer”


¡Chupemos por bobos! Que de esta manera el país irá a crecer como la cola de las vacas.