Palabra y obra

Once upon a time there was Caballero´s Colombia
Había una vez la Colombia de Caballero
Autor: Daniel Grajales
15 de Julio de 2016


El escritor, periodista y caricaturista Antonio Caballero Holguín (Bogotá, 1945) presentó en la Biblioteca Nacional de Colombia su libro Historia de Colombia y sus oligarquías (1498-2017).


Cree que Colombia necesita, en este momento más que nunca, revisar su historia?


Eso siempre. Y sí, hoy más que nunca, porque estamos en un punto de transición de la guerra a la paz, uno de tantos: y es por no haber revisado la historia en cada uno que estamos otra vez ahí.


Han sido muchos los historiadores y literatos que han intentado contar la historia del país, ¿qué definitivamente no quería que tuviera su relato, qué de lo que leyó al respecto cree que no debería volverse a repetir?


No quiero caer en el habitual pecado colombiano: la lambonería. También llamada patriotismo (o patrioterismo).


Cuénteles a nuestros lectores de sus clases de historia, ¿cómo las veía y qué puede decir de la forma en que en Colombia se ha contado la historia en todos estos años, desde la mirada de estudiante de bachillerato?


Creo que ahora ni siquiera se dan clases de historia en el bachillerato. Cuando yo lo hice se detenían en la Patria Boba. Porque de ahí en adelante (supongo) era demasiado difícil distinguir a los buenos de los malos.


En el primer capítulo, usted habla de los españoles y su “conquista”, pero también de lo que tuvieron que padecer al llegar aquí, ¿cree que ha hecho falta una mirada que no solamente se enfoque en relatar que los indios sufrieron y hable de lo que ellos padecieron?


Durante varios siglos aquí sólo se habló de los esfuerzos heroicos de los conquistadores españoles, y no de los padecimientos de los indios. Y después, desde hace treinta años, al revés. 


Pero sí: aunque los conquistadores pasaron por muchas penalidades, lo suyo me recuerda la queja de un traficante de esclavos cartagenero del siglo XVII ante el padre jesuita Sandoval, enemigo de la trata de negros. Le decía el negrero: Pero padre, es que a mí me costó mucho trabajo ir a capturar a estos negros y traerlos desde África. Y el cura le decía: Vaya desde aquí hasta la iglesia y coja la lámpara y se la trae a su casa. Y si lo llaman ladrón diga que se la merece por el trabajo que le costó robársela. Aunque, claro, eran otras épocas: el derecho de conquista era legítimo, y la esclavitud era legal. Hoy ya no lo son, pero siguen existiendo.


Usted ha dicho que las oligarquías del país “sea por vergüenza o por conveniencia”, “liberadamente le han ocultado al pueblo” algunos capítulos de su historia. 


Sí, claro. La historia que nos cuentan en la escuela o en la prensa es siempre la historia oficial: la que les conviene contar a los dueños de la escuela y de la prensa. Pero siempre hay escurrajas discrepantes.


Para empezar, yo creo que en todas partes y en toda la historia de las sociedades humanas han gobernado siempre, o por lo menos mandado, las oligarquías: un grupo de unos pocos. No siempre los mismos: hay rupturas. A veces bruscas y radicales, por la violencia: aquí, cuando la Conquista.  Y a veces  (y por lo general) graduales, por cooptación y absorción: aquí, cuando la Independencia.


¿Qué del papel de historiador cree que debe ser repensado en la actualidad y cómo el rol de escritor le aporta a ese cambio?


Hasta hace muy poco -una generación- nuestros historiadores eran sólo escritores, y casi siempre de ficción. Literatos.  Ahora son, además de  escritores, historiadores serios. Creo que ese paso ya se ha dado en Colombia.


Hay algo de su hermano Luis Caballero en estas ilustraciones, ¿alguna vez compartieron miradas sobre colores, formas y lienzos?


No. En la infancia tuvimos una competencia de dibujantes. Después mi hermano Luis se volvió un pintor. Lo mío es la ilustración y la caricatura.


Las ilustraciones de Antonio Caballero acompañan su relato digital, con el fin de atraer con imágenes a los nuevos lectores, además de compartir las visiones del autor de diferentes personajes y situaciones del país.


¿De qué manera la ilustración le aporta al libro de hoy, que cada vez está pensando más en las imágenes?


Son cosas distintas, a veces complementarias. Pero maneras diferentes de ver la realidad. 


Isabel en invierno, su primer libro ilustrado, tenía una estética un poco diferente, ¿qué ha cambiado en su ilustración?, ¿cómo la percibe hoy?


Es que eso depende. Todo depende. Isabel era un librito para mi hija de 3 años. Las ilustraciones de los Cuentos pintados de Rafael Pombo eran dibujos de encargo. Las caricaturas de la revista Alternativa eran protestas políticas. Las que hago para “Semana” son  descripciones imparciales. Y ahora esto…


¿Cómo ha sido escribir para el campo digital, ha transformado su manera de escribir?


No.


¿Siente que es el momento de que los escritores colombianos revisen en la historia del país para aportar a la idea de fin del conflicto?


Los escritores no. Los políticos.