Columnistas

ONU, acuerdos y narcotráfico.
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
10 de Julio de 2016


Naciones Unidas informó que el cultivo de la planta de coca en el país creció, en 2015, un 39%, alcanzando 96.000 hectáreas, ubicándose a niveles de 2007.

Naciones Unidas informó que el cultivo de la planta de coca en el país creció, en 2015, un 39%, alcanzando 96.000 hectáreas, ubicándose a niveles de 2007. La fabricación de cocaína, por su parte, se incrementó un 44%, pasando en ese lapso, de 442 a 646 toneladas métricas. Con esas cifras, somos, otra vez, el primer país productor de hoja de coca y del alcaloide del mundo. 


Son las consecuencias de los acuerdos en marcha con las Farc sobre narcotráfico -a pesar del cínico lema del gobierno, según el cual ‘nada está acordado mientras todo no esté acordado’, la madre de todas las mentiras de esa negociación- que terminó con la fumigación aérea con glifosato, admitió la erradicación voluntaria como política y prometió beneficios a los cultivadores, dejó de perseguir a esa narcoguerrilla, a la que designó ‘socia’ para combatir este flagelo y le entregó vastos territorios, como el Catatumbo -liberado del control del gobierno y convertido en un emporio de droga, la cual se envía través de Venezuela, retaguardia estratégica de las Farc con su socio, el cartel de los Soles, del gobierno ‘Bolivariano’ y de la familia del dictador Maduro-, del occidente de Nariño y del Putumayo, con el Pacífico y la frontera con Ecuador a su disposición; y del Urabá, con las trochas a Panamá y la ruta de Centro América.


En efecto, si miramos los mapas de las zonas de ubicación de la guerrilla, nos encontramos con que están en áreas de cultivo de coca: dos en San José del Guaviare; cuatro en el Meta: Mapiripán, Vista hermosa, Macarena y Mesetas; dos en Nariño: Policarpa y Tumaco; tres en Antioquia: Dabeiba (entrada al Urabá), Ituango y Remedios (municipio, además, repleto de minería ilegal); Caquetá: Montañita y Cartagena del Caguán, y Tame en Arauca. Algunos de ellos, en zonas de frontera: Tibú, Catatumbo, Cumaribo en el Vichada y Arauquita, en Arauca, limitan con Venezuela; Puerto Asís, Putumayo, es colindante con el Ecuador. Esto, a pesar de que el ministro de defensa dijo, al anunciarlos, que no estarían situadas en lugares limítrofes. 


Con los campamentos ocurre otro tanto: todos en lugares de cultivos y producción de narcóticos: Fonseca, en la Guajira, clave para el narcotráfico; Vigía del Fuerte, en Antioquia; Riosucio, Chocó; Tierra Alta, Córdoba; San Vicente, Caquetá; Losada y Macarena, Meta y Puerto Colombia, en el Guainía.


La presencia del narcotráfico en las Farc es tan honda, tan estructural, que aquellos que piensen que abandonarán la renta de las drogas, están, en mi criterio, equivocados. Y para, colmo, ya aparecen los frentes ‘radicales’ como el Primero (precisamente en el Guaviare y donde estuvieron secuestrados Ingrid Betancourt, el general Mendieta, los tres norteamericanos y otros) y el Séptimo, ambos del Bloque Oriental, que han dicho que no entregarán las armas y no aceptarán el acuerdo entre las Farc y el gobierno, alegando principios, pero, en realidad, negándose a dejar el negocio de la coca en manos sólo de los jefazos de La Habana. Y eso plantea un grave interrogante y una enorme preocupación: ¿Quiénes, entre los guerrilleros, se acogerán al acuerdo? Estas fisuras mostrarían que se está negociando con unas personas que no controlan a sus tropas, a cambio de entregar la soberanía del estado, lavarles el dinero, otorgarles impunidad y representación política. Si se trata, según Santos, de obtener la paz, lo que aquí se muestra es que la guerra continuará con los disidentes (y con las Bacrim, el Eln, etc.).


Pero también, con los que obedecen al Secretariado. Vean ustedes las intenciones ocultas, expresadas por un ‘pedagogo’ de las Farc en un cursillo a la “guerrillerada”:


“Las zonas francas de paz son ‘coestados’, ‘cogobiernos’; un Estado dentro de otro Estado. Pequeños Estados revolucionarios, Estados socialistas dentro de un Estado capitalista. Tenemos que demostrarle al mundo y al pueblo colombiano que ese modelo que nosotros vamos a implementar en esas zonas es mejor que el modelo de ellos. Eso lo tenemos que demostrar con hechos prácticos y no con carreta. Entonces, tenemos que prepararnos camaradas es para gobernar. Para hacer gobierno y para hacer gobierno se necesitan cuadros. Por eso las armas las vamos a tener hasta que se cumpla lo pactado” (http://www.losirreverentes.com/estados-dentro-del-estado.html). Como quien dice, es falso que entregarán las armas en seis meses, porque lo ‘pactado’ tardará años en cumplirse, según lo acordado entre las ‘partes’. Mientras tanto, se preparan para la toma del poder. Casi nada.


Así las cosas, vamos de bruces a la terrible realidad de que, por donde se le mire, contrario a lo que se nos vende desde el gobierno, vamos rumbo a la agudización del conflicto, con el peligro de ser un narcoestado socialista, y en consecuencia, en un estado fallido y dictatorial.