Columnistas

¿Una constituyente?
Autor: Ramón Elejalde Arbelaez
10 de Julio de 2016


Definitivamente, nada qué hacer con el tropicalismo tercermundista del que estamos hechos.

Definitivamente, nada qué hacer con el  tropicalismo  tercermundista del que estamos hechos. Los Estados Unidos tienen la primera constitución escrita del mundo expedida en 1787, aún vigente y con apenas veintisiete enmiendas; constitución que le ha servido para resolver guerras internas y mundiales, crisis y bonanzas económicas, cambios políticos y sociales sin que se les haya ocurrido arreglar una constitución para cada nuevo acontecimiento. 


Nosotros en cambio somos felices reformando la Constitución, en una exhibición impúdica de nuestra inestabilidad jurídica, creyendo que la fiebre está en las sábanas. 


La Constitución colombiana de 1991 ya tiene más de 42 reformas sin contar las aprobadas por el Congreso. La anterior Constitución fue la de 1886 con algo más de 70 reformas, algunas de ellas muy sustanciales como las de 1910 y 1945. Error craso creer que reformando la norma superior vamos a cambiar las circunstancias que nos afligen. Sin digerir bien la norma expedida en 1991, le hemos introducido tantas y tantas reformas que ya está totalmente desnaturalizada. Cada ´presidente, cada parlamentario, busca su lugar en la historia proponiendo una reforma. Pero ya no basta con reformarla: se escuchan propuestas de convocar una asamblea constituyente para continuar la labor depredadora sobre la joven norma. ¡Qué horror! 


Los Estados del primer mundo son los que tienen constituciones más estables. La Constitución de Noruega es de 1814; la de Holanda de 1815; la de Bélgica de 1831; la de Dinamarca de 1849, con reformas sustanciales en 1953; la de Austria de 1929; la de Alemania de 1949; la de Italia de 1947, amén de la citada constitución de los Estados Unidos y que basten estos ejemplos. 


Convocar una constituyente es un salto al vacío. Los expertos en el tema saben que entre una asamblea constitucional y una asamblea constituyente existen profundas diferencias. Mientras la asamblea constitucional está sometida a Derecho y no se puede ocupar sino de los temas para los cuales fue convocada, la asamblea constituyente es fundante, no está sometida a Derecho y puede expedir una constitución. El problema en Colombia radica en que nuestra constitución contiene una terrible dicotomía: habla de Asamblea Constituyente (la soberana, la no sometida a Derecho) pero contradictoriamente la somete a respetar los temas para los cuales fue convocada. No estamos pues libres de que una constituyente convocada con sujeción a la constitución vigente, decida convertirse en soberana y expedir una nueva constitución con imprevisibles consecuencias. 


Deberíamos comenzar a ponernos serios con el tema de las reformas constitucionales.