Columnistas

Playa Dulce
Autor: Henry Horacio Chaves P.
8 de Julio de 2016


El Congreso de la República estudia un proyecto de ley que busca devolverle a Turbo la condición de distrito especial portuario que tuvo entre 2007 y 2009, cuando la Corte Constitucional declaró inexequible su designación.

El Congreso de la República estudia un proyecto de ley que busca devolverle a Turbo la condición de distrito especial portuario que tuvo entre 2007 y 2009, cuando la Corte Constitucional declaró inexequible su designación. Ahora la pretensión es que sea un Distrito, no sólo portuario sino agroindustrial y turístico.


Es el municipio con mayor extensión territorial en Antioquia y encarna la vieja aspiración regional de ser “la mejor esquina de América”, aunque más que límite, quiere ser punto de encuentro, de salida, pero sobre todo de llegada. Un lugar para conectarnos con el mundo y que sea un buen vividero para sus gentes. Así lo entendieron muchos de sus habitantes cuando se comprometieron con la recuperación de Playa Dulce, un balneario abandonado que obligaba a sus pobladores a buscar la playa en Necoclí o Arboletes, a pesar de tener el mar en frente. Una vez recuperada, los visitantes han ido en aumento y se fortalece como  estrategia de dinamización de la economía local.


Con la adecuación de la playa, se le apuesta también a demostrar que además del potencial portuario y la destacada actividad agroindustrial, Urabá en general, y Turbo en particular, tienen vocación y posibilidades turísticas reales. 


Un avance en esa dirección, es la “la ruta del banano y del plátano”, una de las cinco rutas que integran el catálogo turístico de Turbo. Es un recorrido que busca atraer visitantes para mostrarles el proceso de producción de la fruta y su despacho hacia los mercados internacionales. Ya se hizo en los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda con la promoción de la cultura cafetera. Eso quiere decir que el camino está marcado, aunque sea susceptible de mejorar. Un reto que no parece difícil para una región que al lado de las inmensas plantaciones tiene al mar y que puede recuperar otras playas para los turistas y para sus propios habitantes. Además tiene un inmenso manglar que es en sí mismo un atractivo turístico y una rica historia que está ligada al mar, el golfo de Urabá, el río Atrato, el Darién y la frontera con Panamá.


Mucho le debe Urabá a la industria bananera, pero está en mora de diversificar no solo los cultivos sino las actividades económicas. El turismo es una de esas potencialidades que debería traducirse, como la declaratoria de Distrito Especial en Turbo, en mejores condiciones de vida para sus habitantes. Más y mejores oportunidades, una zona a la que no le demos más la espalda para que de una vez por todas se la quitemos como sociedad a los delincuentes de todos los calibres que si han sabido ver sus potencialidades, como sitio de frontera, para entrar y sacar productos ilegales, e incluso personas. Hay que reconocer que con mucho empeño, aunque no tan eficientemente como quisiéramos, Urabá ha recuperado su buen nombre y se ha convertido para muchos en sinónimo de esperanza. Ya no todo el mundo tiembla al oír su nombre, aunque para muchos sigue siendo un lugar por descubrir.


Bien por la recuperación de Playa Dulce, por el impulso al turismo y el compromiso de crear el distrito especial. Importante articular todos los esfuerzos y coordinar con los demás municipios de la región, especialmente con los del eje bananero, para que el crecimiento no sea a costa de los otros ni se repliquen errores por falta de planeación como los que ya acusan otras regiones, como el Oriente y el Valle de Aburrá. Si se hace bien la tarea, Turbo podría ser la ciudad más importante del departamento y ayudar a impulsar la economía regional. Valdrá la pena, si la gente vive mejor.