Columnistas

Golpe de estado civil e historia de Colombia III: 1936
Autor: David Roll
7 de Julio de 2016


El liberal de izquierdas Gerardo Molina intentó convencer a López Pumarejo en 1936 de hacer un cambio total de la Constitución porque realmente la vigente entonces, de 1886.

El liberal de izquierdas Gerardo Molina intentó convencer a López Pumarejo en 1936 de hacer un cambio total de la Constitución porque realmente la vigente entonces, de 1886, ya no le servía a Colombia en un siglo donde la modernización había llegado a muchos países de diversas maneras. Pero este se negó, porque pensaba que eso era como mantener la dinámica del siglo anterior de que quien tiene el poder se impone a quien perdió en una confrontación bélica, aunque el triunfo liberal fue electoral desde 1930 hasta la llegada de Mariano Ospina Pérez y el Partido Conservador a la presidencia en 1946.


Este mismo personaje, autor de Las ideas liberales en Colombia, terminó aceptando que López tenía razón años más tarde, cuando comprobó que con una gran reforma Colombia había alcanzado los más grandes cambios, por lo menos en la letra, sin tener que reemplazar íntegramente la Constitución: secularización o separación del Estado de la Iglesia Católica, cambio en el concepto de propiedad e institucionalización del intervencionismo de Estado, entre otras. Los opositores de esa reforma, llamada Revolución en Marcha, acusaron a López de revolucionario, incluso de “bolchevique”, pero luego quedó demostrado que se trataba de una audaz modernización política que no intentaba cambiar el régimen político. Incluso esta, desafortunadamente no tuvo los efectos que se quería, y eso es parte también de la explicación de los conflictos que se han generado en Colombia desde entonces hasta ahora. 


En este sentido, la oposición en Colombia está haciendo bien su papel, como lo hizo en ese entonces, y aunque algunas frases no corresponden, como la de Golpe de Estado, ese énfasis ideológico es parte de la dinámica política. El Gobierno a su vez está cumpliendo su mandato, aprovechando sus mayorías, no solo para el acuerdo de paz sino para hacer reformas que fueron pospuestas una y otra vez. Pero la oposición no debe confundir la cooptación política del poder ejecutivo respecto del Congreso con la toma de medidas de hecho para cambiar el ordenamiento. Del mismo modo, el Gobierno y su coalición deben entender que si la mayoría de los expertos dicen que algo debe hacerse de otra manera, en algún aspecto de la refrendación o inclusión de los acuerdos en el ordenamiento, hay que convencerlos o llegar a algún punto intermedio, sean estos opositores o simples estudiosos del tema. Estas dos lecciones se aprendieron duramente en el siglo XX en Colombia y gobierno y oposición no deben olvidarlas.


* Profesor Titular Universidad Nacional