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Votar sin leer
Autor: Santiago Ortega
6 de Julio de 2016


Hace un par de semanas el Reino Unido votó por salir de la Unión Europea. Aunque es una decisión cuestionable, parece que mucha gente votó sin saber lo que estaba votando.

Hace un par de semanas el Reino Unido votó por salir de la Unión Europea. Aunque es una decisión cuestionable, parece que mucha gente votó sin saber lo que estaba votando.


El día que se anunció la decisión se desencadenó pánico financiero en la bolsas de mundo, y el valor de la libra esterlina se precipitó. Lo curioso es que ese mismo día, Google reportó que la búsqueda más frecuente desde el Reino Unido fue: “¿Qué es la Unión Europea?” 


El referendo ganó por menos de un millón de votos. Tal vez si estas preguntas se hubieran hecho el día anterior el resultado sería distinto, pero ya no tenemos forma se saberlo.


Esto podría ser simplemente una fábula sobre los problemas de la democracia, pero en Colombia tenemos razones para preocuparnos. Dentro de unos meses, es probable que nos enfrentemos a una decisión de Sí o No, frente a un acuerdo para terminar el conflicto con las Farc.


Hay que ser franco y realista, y aceptar que la gente no va a leer los acuerdos completos. Cada uno de los seis acuerdos los puntos tiene más o menos una docena de páginas con intenciones, mecanismos y estrategias. Habrá que hacer un esfuerzo de resumen y de comunicación para presentar el contenido de los mismos, porque si no quedamos a merced de la rabia y la desinformación.


En general, la gente no vota con la cabeza, sino que vota con la tripa, porque los políticos buscan conexiones emocionales con su electorado, que son más fuertes y duraderas que las racionales. Los británicos no votaron por dejar de pertenecer una comunidad económica con libre intercambio de bienes y servicios, votaron por nacionalismo e  incomodidad con la inmigración.


En Colombia, el voto será entre el odio a las Farc y la esperanza de tener un país distinto. El problema es que no estamos votando por eso, sino por una serie de compromisos para que esa guerrilla se desmovilice y tengamos un actor menos del conflicto. Es un voto que nos exige un análisis racional.


El trato incluye cosas en las que la mayoría de la gente está de acuerdo: nuevas política de desarrollo para el campo, una nueva estrategia de lucha contra los cultivo ilícitos, y verdad y reparación para las víctimas. Sin embargo, también hay cosas polémicas. Habrá un tribunal especial para que juzgue y castigue a los miembros de las Farc, que serán privados de la libertad con penas hasta de 8 años, pero sin cárcel. También habrá nuevos puesto en el congreso designados para representantes de zonas golpeadas por la guerra.


Pero tal vez los compromisos más importantes se firmaron hace 2 semanas. Las Farc entregarán le entregarán las armas a la ONU, para que sean fundidas y convertidas en estatuas. Para hacerlo, se van a concentrar en 23 veredas y 8 campamentos, con verificación internacional y un anillo de seguridad del ejército. Además, se formalizó el cese al fuego bilateral y se aceptó el plebiscito, descartando una asamblea nacional constituyente. 


Quedan 2 asuntos gruesos por resolverse, si las Farc tendrán escaños en la cámara asignados directamente y si la plata de la guerrilla se usará para la reparación integral de las víctimas. Estos deben definirse antes del acuerdo final.


Estamos en un escenario espinoso, porque son compromisos complejos y tenemos que aceptarlos o descartarlos todos juntos, con el problema adicional que es difícil predecir que va a pasar con Colombia en un escenario de Sí o No.


Es ridículo creer que nos vamos a volver un país comunista y castrochavista, porque en los acuerdos no se menciona el modelo económico. Pero también hay que entender los problemas estructurales de Colombia van más allá de la existencia de su grupo armado más grande.


Esto no es una cuestión de derecha contra izquierda. Para votar bien, tenemos que dejar los roles de mamertos contra fachos y ser capaces de tener una discusión razonada. El primer ejercicio de paz será conversar de esto en la mesa del comedor sin terminar peleando con nuestras familias.


* Profesor Universidad EIA