Columnistas

¿Quién cede, quién gana?
Autor: Jorge Mejía Martinez
6 de Julio de 2016


Que la negociación de la Habana ha sido más pro Farc y menos pro gobierno, más a la medida de la guerrilla que del Estado, es una de las criticas frecuentes al desarrollo del proceso.

Que la negociación de la Habana ha sido más pro Farc y menos pro gobierno, más a la medida de la guerrilla que del Estado, es una de las criticas frecuentes al desarrollo del proceso. El portal La silla vacía publicó el 27 de junio un balance juicioso de los acuerdos uno a uno. Según las encuestas de opinión, los colombianos valoran la solución política del conflicto armado, pero sin admitir ninguna prebenda a favor de los alzados en armas. Enterrarlos y echarles cal viva, sería la mejor opción para muchos compatriotas. Anhelo que no es posible. 


La derrota militar traducida en aniquilación y sometimiento de las Farc no resultó. Todos los gobiernos con sus matices y énfasis lo intentaron a lo largo de 60 años, con el sacrificio de cuantiosos recursos del presupuesto nacional para atender la guerra en lugar de la inversión social -todo mundo se amarró el cinturón por la causa- y a más de 6 millones de personas que quedaron a la vera del camino como víctimas directas de la confrontación. Todavía Colombia figura en los primerísimos lugares del mundo por la crisis humanitaria del desplazamiento forzado por la violencia. Toda una tragedia. 


Resolver el conflicto armado se volvió una prioridad nacional. Los últimos 5 gobiernos se dirimieron en función del conflicto. Pastrana se inventó una foto con Manuel Marulanda “Tirofijo” luego de perder la primera vuelta y doblegó a Serpa. El vacío de poder y liderazgo por la debacle del Caguan lo intentó llenar un hombre de mano dura como Álvaro Uribe, a quien con la misma consideración se le dio el chance de la reelección que inútilmente buscó volver indefinida, llegó Santos con la propuesta de la continuidad y luego la reelección la ganó con la propuesta de parar la confrontación armada e intentar en la mesa de negociación lo que los tiros, las bombas y los falsos positivos no pudieron lograr en el campo de batalla. Las Farc sufrieron golpes nunca antes recibidos, pero se supo replegar en la profundidad de la selva y sobrevivió. Santos entendió que no había más camino que negociar y ese fue el mandato popular que recibió en la última reelección presidencial. Ahora bien, es de Perogrullo saber que negociar implica dar y recibir, ceder a cambio. 


¿Para muchos de nosotros qué es ceder a cambio? Respuesta: eliminar el uso de la violencia y silenciar las armas en la lucha política. Sin pretender acabar con los conflictos que si no son violentos, pueden ser transformadores de la sociedad. Fundamental, acallar las armas y suprimir el delito conexo del homicidio, secuestro, desplazamiento, desaparición, reclutamiento, minas, extorsión. Esos logros son más significativos que encerrar en la cárcel a los insurgentes o prohibirles el ejercicio de derechos ciudadanos como hacer política. Los acuerdos ya firmados sobre Justicia Transicional, cese del fuego y las hostilidades, y dejación de armas, aclamados por la comunidad internacional, es lo máximo que podríamos esperar, lo más posible, deseable. La paz querida y por construir. 


Priorizar lo fundamental no es fácil cuando existen múltiples opciones para escoger. En esa decisión humana aparentemente fácil o sencilla, inciden variables objetivas o subjetivas de distinto tenor: emocionales, sociales, económicas, culturales. Esa disparidad es recurrente cuando las sociedades se enfrentan a avalar o no el resultado de negociar la solución de conflictos armados en medio del dolor, lágrimas y rabia. Ante esa posibilidad muchas personas alentadas por las buenas intenciones y razones deciden asumir el sueño del poeta Guillermo Valencia “sacrificar un mundo por pulir un verso”. Respetable.