Editorial

Unicef clama por la infancia
29 de Junio de 2016


La mirada particular, sin embargo, hace saltar las complejidades de un país segregado hasta en la creación de condiciones protectoras de la infancia.

Si echamos un vistazo al mundo de hoy, tenemos que enfrentarnos a una verdad incómoda pero innegable: las vidas de millones de niños están malogradas por el sólo hecho de haber nacido en un país, en una comunidad, con un género o en determinadas circunstancias”. La fuerte conclusión sirve de base al informe Una oportunidad para cada niño, con el que Unicef presenta la situación de la niñez mundial en 2015 y reclama acciones públicas en salud, educación y combate a la pobreza que garanticen que puedan vivir y que tengan calidad de vida.


Para este informe, Unicef se preguntó por las posibilidades de la humanidad para alcanzar los Objetivos de desarrollo sostenible, particularmente en erradicación de la pobreza, eliminación del hambre y ofrecimiento de educación de calidad para todos. Desde esa perspectiva, reclama que las sociedades trabajen construyendo equidad, condición que reconoce como un estado general en el que “todos los niños tengan las mismas oportunidades de sobrevivir, crecer y alcanzar el pleno desarrollo de sus capacidades”. Lograr una mayor equidad, explica la institución, es “una cuestión vinculada con el compromiso político”, de recursos y “de voluntad colectiva -unir las fuerzas para abordar de frente la inequidad y la desigualdad- concentrando una mayor inversión y esfuerzo en la labor de llegar a los niños que han quedado atrás”. Porque lo anterior no es algo imposible de ejecutar, señala que las dificultades de la infancia para sobrevivir, tener una vida de calidad o mejorar su salud, son evitables.


En las referencias a Colombia, el organismo muestra preocupación por los resultados de los estudiantes del país en las Pruebas Pisa, tomadas por las instituciones como indicador de calidad en educación, y deja una mención, apenas de paso, sobre el impacto del conflicto armado en el bienestar de la niñez, obviando análisis que describirían fuertes amenazas generales para la niñez, como el reclutamiento forzado de menores de edad. 


El análisis global a los datos oficiales nacionales sobre mortalidad infantil en menores de 5 años lleva a Colombia a seguir ocupando un deshonroso lugar en la mediana de un listado cercano a los 200 países, con una tasa de 16 niños muertos por cada 1.000 nacidos, que en Suramérica sólo es superada por Perú, Ecuador, Bolivia, Paraguay y Surinam. Esa posición se hace aún más preocupante si se tienen en cuenta las complejidades de un país segregado hasta en la creación de condiciones protectoras de la infancia, que hacen que el promedio nacional “mejore” por los logros de departamentos como Antioquia y de capitales como Bogotá y Medellín, que han apostado a la construcción de equidad mediante programas integrales para la familia y la primera infancia. En contraste con esos resultados, son deplorables las condiciones de desnutrición y acceso al servicio de salud para poblaciones indígenas o afros de Chocó, donde ni siquiera se cuenta con un registro confiable, así como de La Guajira, Vichada, Cesar y Magdalena, que por ejemplo, suman el 65,3% de los casos reportados este año por desnutrición infantil. Para un país que aspira entrar a la Ocde, las perspectivas para este año no son las más positivas: en el sólo campo de muertes infantiles asociadas a desnutrición, los 126 fallecimientos reportados en las primeras 24 semanas del año superan de lejos los 109 muertos por iguales causas reportados en 2015 y hasta los 120 de 2013, primer período del que existen registros semanales accesibles a la ciudadanía.


Al describir las causas de mortalidad de menores de 5 años que reconoce como evitables, Unicef señala la pobreza y la precaria educación de las madres como las principales, pero también identifica problemas que asocia al cambio climático, indicando que “cuando el agua escasea debido a la sequía, hay más probabilidades de que los niños y las familias más pobres recurran a fuentes de agua no segura, lo que les hace más vulnerables a enfermedades como el cólera y la diarrea”. El análisis de estas y otras causas no nos es extraño, pues en Colombia fue presentado en los debates de control político al Icbf y el Ministerio de Educación, a propósito de sus fallas en la atención integral a la primera infancia, en los restaurantes escolares respectivamente, y en los debates al proyecto de creación del Sistema nacional de seguridad alimentaria y nutricional, que el Gobierno Nacional y la Cámara de Representantes dejaron hundir en su cuarto y último debate, por celos políticos y afanes protagónicos.