Columnistas

¿Qué es portarse bien?
Autor: Miguel Jaramillo Luján
29 de Junio de 2016


A qué se refiere un Estado que invita a los ciudadanos a portarse bien? Son tantas las formas que tenemos de entender el mundo y es tan diverso el entorno, que no resulta claro ni conveniente la simple invitación a portarse bien.

A qué se refiere un Estado que invita a los ciudadanos a portarse bien? Son tantas las formas que tenemos de entender el mundo y es tan diverso el entorno, que no resulta claro ni conveniente la simple invitación a portarse bien. Sería más sano invitar a cumplir la ley y todavía mejor: explicarle a los ciudadanos qué entendemos por portarnos bien y cómo hacerlo. 


Si algo hay que hacer bien cuando se gobierna es comunicar. Un gobernante hoy en América Latina se dirige a un público que en un 75% o más, tiene un bajo nivel cultural o de comprensión de la comunicación, ello sumado a la apatía inmensa frente a todo lo gubernamental y las heridas y malos hábitos que siguen presentes en nuestras sociedades, por la ausencia del Estado en cierto espacios; son un caldo de cultivo que exige mucho más esfuerzo y fondo en el discurso político. 


La buena comunicación pública en el fondo debe ser ética, útil y pedagógica; y en la forma se debe apelar a la claridad, memorabilidad y emocionalidad; todos aspectos que explico a diario a los equipos de campañas y gobiernos que tengo la oportunidad de capacitar, en un esfuerzo que me emociona, pues lejos de ser un asunto de apariencia y forma, considero a la  comunicación como un vaso conductor de vital importancia para el fortalecimiento de una democracia y de las instituciones que velan por nuestro bienestar colectivo. 


Precisamente por eso me llama la atención una campaña que recientemente he visto en vallas, piezas físicas y digitales de mi ciudad, donde se hace una invitación a portarse bien y me hago una pregunta ¿Todo el mundo entiende lo que es portarse bien? La verdad me quedan muchas dudas, pues para mí es tan relativo eso de portarse bien que no logro equipararlo con el llamado natural en el Estado de Derecho a cumplir la Ley y en medio de tantas heridas culturales, sociales y políticas que nos han dejado los malos ejemplos de muchos líderes que no se han “portado bien” pues me parece urgente aclarar qué es eso de portarse bien y-o tratar de desarrollarlo en acciones de cultura ciudadana que puedan ser medibles y verificables, más allá de gastar millones de pesos en costosa publicidad que solo van a generar un indicador de logro: La conciencia tranquila de un equipo de gobierno. 


Portarse bien decían las mamás cuando uno iba a salir, quizá porque temían que corriera riesgo nuestra vida, integridad e incluso nuestra seguridad si hacíamos alguna diablura; pero recordemos que muchas diabluras “de las buenas y sanas” nos forjaron como seres humanos, nos brindaron valiosas lecciones de vida y nos permitieron aprender de legalidad. Muchas novias y esposas recomiendan a sus parejas portarse bien y no queda claro hasta donde portarse bien o mal hace bien o mal a ellas mismas o a sus parejas, ni hasta donde el buen o mal comportamiento va a traer buenos o malos resultados, pues muchas veces una ruptura a tiempo resulta ser el mejor balance de una mala relación. Todo ello es tan relativo, tan gaseoso, tan complejo de enseñar a las personas desde el Estado e incluso: dudo mucho que sea menester del Estado enseñarnos sobre buen comportamiento. 


Creo que el Estado, en tanto escenario de interacciones colectivas, sociales, políticas y  económicas que permiten el bienestar de todos, lejos de ser ese castigador, represor y gran hermano de ojo presente en cada rincón de la ciudad; debe empezar por entenderse como una institución de la que hacen parte los mismos ciudadanos y ese es el primer terreno de formación cultural por el que debemos apostar: lograr que los ciudadanos comprendan que constitucionalmente todos y todas somos parte del Estado e incluso somos los veedores más importantes de los gobiernos que elegimos y cuyos planes de desarrollo, gestión y rendición de cuentas nos atañen de manera directa y no cosmética ni accesoria. 


Así las cosas el primer buen comportamiento que debemos estimular es el de sentirnos y actuar como parte de un Estado y , creería yo, el mayor esfuerzo que debemos realizar es por estimular una cultura de la legalidad que ayude a sanar tantas heridas del pasado provocadas por la ausencia de control estatal en muchos territorios y de dinámicas económicas estimuladas o ignoradas por el mismo Estado que han dejado heridas culturales nefastas y cuya atención desde la gestión de gobierno y desde su ejercicio de comunicación pública debe ser más profundo que un simple llamado a portarnos bien.  


* Consultor en Política y Gobierno