Editorial


Una victoria del cinismo
26 de Junio de 2016


El ciudadano c韓ico y despreocupado pero activo en emotivas campa馻s, amenaza las construcciones, e instituciones, que las sociedades forjaron con esfuerzo.

El mundo intenta asimilar el seco golpe propinado por escasa mayoría de británicos a la cooperación por los grandes ideales comunes y contra las amenazas a los valores democráticos, realizada en organismos como la Unión Europea. Surgidos en el razonamiento y expresados en la deliberación, las preguntas y temores por este retiro se enfrentan a los cánticos de celebración, entonados por pendencieros que buscan obtener réditos particulares imponiendo pesadas cargas a los más débiles.


Con el estremecimiento por el brote nacionalista en el país que se ufana de su historia y pensamiento cosmopolita, se buscan explicaciones para el absurdo. La llegada de migrantes cargados de necesidades, desplazados de sus lugares de origen y aferrados a su cultura y valores lo que no favorece la tradición de intercambio cultural con la civilización anfitriona, y el miedo a que se repitan los atentados terroristas por los extremistas que entre millones de inocentes se esconden, desatan incertidumbres que las autoridades europeas no han podido interpretar ni atenuar. El vacío en democracia favorece exageraciones como la del pasado jueves. La insuficiente competencia crítica y argumentativa de los ciudadanos favorece errores, como explica un estudio del diario The Telegraph que demostró que el voto aislacionista fue emitido en su mayoría por ciudadanos mayores de 65 años, pertenecientes a los grupos con menores ingresos y estabilidad social, que tuvieron apenas acceso a la educación básica. Temerosos y erráticos, estos ciudadanos no asumen su voto con responsabilidad y por eso pasan de clamar el retiro de la UE a buscar reversar la decisión, para lo que han apelado a una exitosa campaña de recolección de firmas para instar a la Cámara de los Comunes a que llame a nuevo referendo.


La entrega del poder a los ciudadanos para que tomen las decisiones que por más de dos siglos delegaron en representantes que reconocían educados e idóneos para optar por el bien común, ha ocurrido cuando amplios grupos poblacionales se dejan convencer por el cinismo que no reconoce las realizaciones de la democracia y que agranda sus defectos con la ayuda de la prensa sensacionalista, las bases partisanas recalcitrantes y las redes sociales para promover las propuestas tentadoras de los populistas interesados en la derrota del poder europeo o de David Cameron, en tanto parecían aliviar las amenazas tributarias, poblacionales y hasta a las libertades. El avance del populismo, apenas remontado temporalmente tras el asesinato de la diputada Jo Cox, no tuvo contrapeso en la campaña gubernamental, que poco hizo para presentar líderes y argumentos de valor para defender la cooperación como medio preventivo contra el terrorismo y aquellos que se perciben como sus personeros. 


El retiro de Cameron como jefe de Gobierno y líder del Partido de los Conservadores es la consecuencia apenas lógica de una irresponsable imprevisión que “partió en dos a Europa”, según titular de un diario continental, pero que también mostró la debilidad de los líderes llamados a evitar la debacle que separatistas y aislacionistas disfrutan impulsando.


Aunque la reunión de líderes europeos para considerar esta votación apenas fue convocada para el martes, muchos analistas coinciden en demandar firmeza frente a Gran Bretaña, acelerando su retiro de la UE como medida aleccionadora a los euroescépticos que ya empiezan a hablar de convocatorias a referendos separatistas en Francia, Holanda e Italia. Lo anterior es una amenaza seria si se tiene en cuenta que en el continente europeo la favorabilidad hacia la UE está, según sondeo del Pew Center, por el 38% (6 puntos por debajo de la favorabilidad medida en Gran Bretaña). A pesar de este riesgo, otro sector de la opinión llama a la calma y a dejar que las reglas del mercado, y no medidas políticas que se perciban como retaliaciones injustas, sean las que demuestren las bondades de pertenecer a la UE. Esta actitud prudente, que puede ser atacada como pusilánime, se presenta como un compás de espera mientras se confirma en el Reino Unido la decisión tomada, que todavía tiene otros posibles desenlaces aunque bastante improbables, ante la amenaza de desintegración del Commonwealth que poco consideraron quienes votaron por el brexit.


El ciudadano cínico y despreocupado pero activo en emotivas campañas, amenaza las construcciones, e instituciones, que las sociedades forjaron con esfuerzo, y errores todavía subsanables. Si en Gran Bretaña se arropó con el aislacionismo, en Estados Unidos amenaza disfrazarse con la irresponsable irreverencia de Donald Trump, cuyo aplauso a la decisión británica lo confirma como amenaza a la cooperación de naciones civilizadas para enfrentar los riesgos crecientes que comparten, que no pueden eludir en un mundo globalizado y que son las verdaderas causas de sus crisis democráticas.