Columnistas


Así va la “paz” que nos espera
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
26 de Junio de 2016


La semana que termina estuvo centrada en el “Acuerdo sobre el Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y Dejación de las Armas”, que se firmó en La Habana, promocionado como “el último día de la guerra”.

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La semana que termina estuvo centrada en el “Acuerdo sobre el Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y Dejación de las Armas”, que se firmó en La Habana, promocionado como “el último día de la guerra”. Repicaron las campanas y los invitados internacionales se hicieron presentes en esa ciudad para ver la firma de un documento que no es sino una parte del paquete completo de compromisos que se adoptarán por las “partes”, cuyo contenido final se desconoce porque hay más de sesenta pendientes, todos de graves consecuencias para el país y que deben evacuarse, según, las Farc, antes de la firma del acuerdo.  Como quien dice, por segunda vez, se engaña a los colombianos, con el aplauso de gente como Maduro, que dispara a los venezolanos que buscan satisfacer su hambre y enmochila -con la complicidad del peor político contemporáneo que ha tenido España, el señor José Luis Rodríguez Zapatero – el referendo revocatorio. Y con el abrazo de personajes como el dictador Raúl Castro, verdugo de su pueblo; y del hombre que está socavando a Estados Unidos, el señor Obama, por cuyo gobierno su nación está en riesgo de caer en el populismo de derecha. 


Los pendientes, decía, no son de poca monta: definir el tamaño del fondo de tierras -se habla de diez millones de hectáreas como mínimo; la reconversión de tierra en desuso o de manejo inadecuado -concepto del que no se conoce definición y se puede prestar para abusos; y la creación de una jurisdicción agraria, que nadie sabe todavía cómo será en su versión final pero que, en el espíritu de este “acuerdo” será a la medida de la guerrilla, entre otras cosas.


Dentro de los pendientes también está la participación política, que, por lo que se sabe, terminará en impunidad y derecho a elegir y ser elegido ejercido criminales de guerra y de lesa humanidad, así como las circunscripciones electorales especiales y los cupos y el tiempo de los mismos para las Farc; la puesta en marcha  los consejos territoriales de planeación, mecanismo de control de veredas, municipios, regiones y departamentos, que impondrán modelos de economía comunitaria y centralizada, completamente fracasados en Venezuela, Cuba y en cualquier lugar en los que han sido aplicados; una política de cultivos ilícitos, que como se ve hasta ahora, inundará de coca al país, porque son los del cartel de la coca quienes la llevarán a cabo (poniendo al ratón a cuidar el queso).


La Jurisdicción Especial para la Paz ajustada a lo que se apruebe en el acto legislativo y las leyes habilitantes que promulgue Santos, que tendrá un tribunal especial y cinco salas, para “impartir justicia”, con la capacidad de desconocer los casos juzgados sobre estos temas, pero cuya composición está por establecer, aunque las Farc intervendrán en esa decisión y, un acuerdo sobre víctimas que deja toda la responsabilidad dela reparación material al Estado.


Como se ve, faltan muchas cosas. Pero las que se aprobaron, espantan: veintitrés zonas de despeje, en veredas ubicadas en municipios que ya están establecidos, estratégicamente establecidas en lugares de sembradíos de coca y minería ilegal y/o cerca de las fronteras; allí la gente estará a merced del grupo guerrillero, que estará armado -sólo en el día 150 entregarán los fusiles y las pistolas- y la policía o cualquier otra autoridad armada, cómo el CTI, por ejemplo, deben pedir permiso para ingresar en caso de que se produzcan hechos que requieran su presencia. Así las cosas, las Farc mantendrán su capacidad de intimidación intacta e intervendrán activamente en el “plebiscito”, cuya aprobación, por parte de la Corte, que los consultó para tomar una decisión, como el país recuerda, se da por descontada porque ya tiene el visto bueno de las Farc -con guerra sicológica incluida, por supuesto: amenaza presidencial de terrorismo en las ciudades y alza de impuestos si no se aprueba ese engendro- y aceitado por la propaganda de desinformación de las entidades del gobierno y los grandes medios 8con algunas honrosas excepciones) y la participación activa y “silenciosa” de nuestras fuerzas armadas a favor del sí. 


Hay un párrafo en lo firmado, que inquieta sobremanera sobre el nivel del cogobierno y la amenaza que se cierne sobre quienes osen oponerse a este acuerdo: “II. Acuerdo sobre “Garantías de seguridad y lucha contra las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que atentan contra defensores/as de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos, incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz”


El Estado se compromete a perseguir con las Farc, el fenómeno de las organizaciones criminales o como se las quiera llamar. Es decir, pone a unos delincuentes de lesa humanidad y de guerra, a que cumplan con la función que le pertenece en exclusiva.  Y, por si fuera poco, también reprimirá conductas criminales que amenacen los acuerdos y la paz del régimen. Conociendo a Santos y a las Farc, cualquier acción, pacífica y dentro de la Constitución, como la resistencia civil, será perseguida penalmente. 


Así va la paz que nos espera.




Comentarios
1
Esteban
2016/06/26 10:28:04 am
Sorprende que un ex director del instituto de Filosofía lea tan mal. Uno le puede preguntar ¿AUV es populismo de derecha?¿Por qué se ven como criminales los que pertenecen a la oposición? Y argumenta sobre aspectos que no tiene como demostrar.