Columnistas


Sí dijo lo que dijo
20 de Junio de 2016


Intentar hacerle creer a la opinión pública nacional e internacional que el presidente Santos no dijo lo que dijo en Medellín, ante el Foro Económico Mundial para América Latina, es tapar el sol con un dedo.

Diana Sofía Giraldo


Intentar hacerle creer a la opinión pública nacional e internacional que el presidente Santos no dijo lo que dijo en Medellín, ante el Foro Económico Mundial para América Latina, es tapar el sol con un dedo. Y quienes se empeñan en defender, aclarar o justificar sus afirmaciones, sólo logran ahondar el abismo entre esa opinión y la credibilidad presidencial. 


A los colombianos les han notificado, desde el Gobierno, que no están capacitados para conocer el contenido detallado de los acuerdos con las Farc;  les han dicho, también, que no son aptos para comprender un referendo que les permita  analizar punto por punto; los han calificado de “enemigos de la paz” por no compartir integralmente lo negociado en La Habana y, como si fuera poco, ahora los acusan de brutos, por no comprender algo diferente a lo que el Presidente dijo, frente a un selecto grupo de inversionistas extranjeros: que, si no se vota favorablemente el plebiscito,  “ tenemos información amplísima de que ellos están preparados para volver a la guerra y la guerra urbana, que es más demoledora que la guerra rural”


El Presidente Santos no sólo dijo lo que dijo, sino que cree en lo que dijo y ahí, precisamente, radica la inmensa gravedad de sus afirmaciones. La Comunidad Internacional se siente hoy profundamente amenazada por el terrorismo, que reapareció, como suele hacerlo, de manera sorpresiva y desestabilizadora. Lo que sucede en cualquier rincón del mundo, propaga el miedo a toda la humanidad, por efecto de los medios de comunicación. Hoy, las grandes potencias se sienten amenazadas y se avecinan cambios en la política internacional, especialmente en la norteamericana.


Si el Presidente tiene “amplísima información” de lo que las Farc preparan para volver a la guerra ¿qué está haciendo al respecto? ¿Cómo protege nuestra democracia? ¿dar como cierto que iremos a una “guerra urbana, más demoledora que la rural” implica qué se declara vencido el estado colombiano’? ¿no está en capacidad de defenderse? ¿por eso negociamos? ¿Debemos votar sí en el plebiscito para evitar nuestra derrota? ¿Se justifica multiplicar el miedo entre los colombianos, como un instrumento electoral? 


Los especialistas del mundo en el estudio del terrorismo han profundizado en los efectos de la propagación sicológica del miedo en las sociedades amenazadas por este flagelo. Y una de las herramientas para combatirlo es la confianza que los gobernantes pueden lograr en sus ciudadanos, colonizando un espacio mental de seguridad, que le haga sentir a cada individuo la certeza de la protección de las autoridades, la confianza en su Presidente. 


El éxito del terrorismo consiste, precisamente, en aislar al individuo del Estado. En este contexto resulta insólito que nuestro Presidente propague el miedo y logre que sus afirmaciones, hagan sentir indefenso y acorralado al ciudadano, por la amenaza terrorista.


Al presidente hay que creerle lo que dice: Que quiere una victoria “aplastante” sobre sus oponentes, que le “da risa” la recolección de firmas en su contra, que cuestiona la propiedad de los medios de comunicación por parte de los empresarios y la notificación, a través de su ministro de Defensa, de que la “Fuerza Pública entra de lleno a esta campaña por el sí a la paz”


Está claro. Lo peor sería que “los intérpretes oficiales” aumenten la confusión intentando explicar que el Presidente no quiso decir lo que dijo.