Fútbol en el Mundo

Much noise and few goals
Mucho ruido y pocos goles
17 de Junio de 2016


Tres seguidores rusos fueron condenados a uno o dos años de prisión por sus implicaciones en las peleas entre hinchas.


Foto: EFE 

La emoción de la Eurocopa se ha disipado ante el temor que generan los violentos.

Redacción-EFE


Las batallas entre hinchas violentos, las huelgas y protestas sindicales por una improvisada reforma laboral y los asesinatos terroristas están eclipsando la Eurocopa, un escaparate para mostrar a Francia con sus mejores galas que ha registrado hasta ahora 34 goles y 323 detenciones por disturbios al calor del fútbol.


Superada la conmoción inicial de los atentados yihadistas del pasado 13 de noviembre en París, una serie de ataques simultáneos con 130 muertos que se iniciaron en los aledaños del estadio de Saint Denis donde Francia y Alemania disputaban un partido amistoso, las miradas se centraron en el fútbol.


¿Sería Francia capaz de garantizar la seguridad en un torneo en el que se esperaban unos 1,5 millones de visitantes extranjeros? ¿Debía anularse la competición tras las sangrientas matanzas del Estado Islámico en la capital a sólo medio año de su inicio?


Para las autoridades francesas, esas preguntas nunca estuvieron encima de la mesa: cancelar la Eurocopa sería conceder una victoria al terrorismo. Impensable.


El presidente del comité organizador de la competición, en la que se invirtieron 1.700 millones de euros en infraestructuras, Jacques Lambert, se apresuró a decir que alterarla, suspendiéndola o celebrando incluso algunos partidos a puerta cerrada, sería “reconocer que los que nos atacan tienen razón al hacerlo”.


“La seguridad será el mayor desafío de la Eurocopa 2016. Lo era en nuestra candidatura, todavía más tras los atentados de enero contra la revista ‘Charlie Hebdo’ y un supermercado judío y aún más ahora (...). El nivel de seguridad de los equipos será máximo”, declaró Lambert sólo dos días después de los atentados yihadistas.


La seguridad se convirtió en la prioridad de los franceses, con la amenaza terrorista como gran preocupación pero sin olvidarse de los aficionados violentos o de las eventuales avalanchas humanas en estadios o medios de transporte. 


Y en esa incertidumbre las protestas se radicalizaron y tomaron una relevancia inesperada en sectores como el transporte público o la recogida de basuras, que no cesaba a medida que se acercaba el inicio de la competición.


El impacto de los huelguistas en el torneo finalmente fue menor de lo esperado, a pesar de los disturbios en la manifestación del pasado martes, con 58 personas arrestadas por altercados, con 29 policías y once manifestantes heridos. Pero aparecieron los “hooligans”. Grupos violentos de seguidores rusos y aficionados ingleses se enfrentaron durante varios días en Marsella, el pasado sábado, con un saldo de 35 heridos, cuatro de ellos graves y uno en estado crítico.


Mientras la opinión pública todavía se cuestionaba si el dispositivo de seguridad desplegado había sido el adecuado y las autoridades francesas, en bloque, defendían su gestión, una nueva nota negra oscurecía el país en el que se celebra el certamen europeo. Un hombre inspirado por el Estado Islámico asesinó el pasado lunes en su domicilio a una pareja de policías delante de su hijo de 3 años, que fue rescatado en estado de shock por policías franceses. El zarpazo islamista, perpetrado por el francés de 25 años, quien había cumplido tres años de cárcel por yihadismo, volvía a sobrecoger al mundo del fútbol con un torneo de mucho ruido y pocos goles.