Columnistas

La historia de “estar cabreado”, y un par de errores
Autor: Juan David Villa
17 de Junio de 2016


Es un tuit de la senadora Claudia López. ¿Ven el error? Ya de esto he hablado: la forma correcta sería “gracias, vida mía, por existir…“.

Gracias ‘vida mía’ por existir y a tantos por construir respeto”


Es un tuit de la senadora Claudia López. ¿Ven el error? Ya de esto he hablado: la forma correcta sería “gracias, vida mía, por existir…“. “Vida mía” debe quedar entre dos comas porque es un vocativo, como Juan en “hola, Juan” o amigo en “ven para acá, amigo, acércate”. Vocativo significa que sirve para “llamar” la atención, para mencionar a aquella persona a quien nos dirigimos. 


“Le envío mis condolencias al pueblo ‘Americano’. No podemos permitir este tipo de episodios violentos, ni siquiera contra los homosexuales o la gente de color”


Esto es un tuit del presidente de Argentina, Mauricio Macri. Hay un error de ortografía, que es lo de menos, y un error de moral. El de ortografía: americano se escribe con minúscula. Eso se llama gentilicio, y todos llevan minúscula: colombiano, bogotano, alemán, payanés (de Popayán). 


El de moral es el grave: “ni siquiera”, en este caso, es lo mismo que “aunque”. Por lo tanto, y a lo mejor no midió la fuerza de las palabras (en Twitter abundan los filósofos que escriben sin pensar), da a entender que los homosexuales y la “gente de color” son inferiores al resto de la sociedad. Es como si uno dijera “no se debe agredir a nadie, ‘ni siquiera’ a un animal”. 


Y eso de “gente de color” me parece racismo puro. Los negros son negros y es maravilloso, no es una ofensa. Llamemos negros a los negros y viejos a los viejos (no adultos mayores), devolvámosles la dignidad de ser lo que son. Si le decimos mono al de piel blanca y no se ofende, ¿por qué tendría que ofenderse el negro, orgulloso de sí, cuando le dicen “negro”?


Curiosidades: el origen de “cabreado” y de “dar en el clavo” 


“Estar cabreado” 


Las cabras tienen más fama de locas que de bravas. Esta expresión no tiene que ver con el temperamento de estos mamíferos de cuernos enroscados, sino con un impuesto. Los impuestos son muy viejos y nunca nadie los ha querido. Luis de la Cerda, que era un duque español, les fijó un impuesto a los dueños de las cabras, que naturalmente no se alegraron mucho. 


Se dice que todos los dueños fueron incluidos en la lista de tributarios. El título que usaron en el texto fue “cabreados”. Y la cosa no cambia: nos cabreamos después de cada impuesto que se inventan, después de que cada ministro de Hacienda nos sale con “ideas iluminadas”, y prologan el 4 x mil y aumentan el IVA (son unos genios estos tipos que nos gobiernan).


Dar en el clavo 


Si están pensando que tiene relación con el simple hecho de golpear con un martillo la cabeza del clavo, se equivocan. Hace muchos años se practicaba un juego: los participantes tenían que lanzar anillos (como unos aros) para ensartarlos en unos clavos que estaban enterrados a buena distancia. ¿Qué decían cuando lo lograban?: “di en el clavo”.