Columnistas

¿Hasta cuándo?
Autor: Rafael Bravo
17 de Junio de 2016


Es una historia que se repite dolorosamente por la desidia de un congreso controlado por la Asociación Nacional del Rifle.

Es una historia que se repite dolorosamente por la desidia de un congreso controlado por la Asociación Nacional del Rifle, un poder alterno salido de la industria de las armas y un número nada despreciable de individuos que dice defender la Segunda Enmienda de la Constitución (el derecho a portarlas). Esta vez la carnicería ocurre en un club gay con saldo trágico de 49 inocentes vilmente asesinados, una cifra de víctimas nunca antes vista desde el 11 de septiembre de 2001. El clamor siempre es el mismo: se hace necesario legislar la compra de armas de largo alcance, que aquellos con antecedentes mentales no puedan acceder a ellas.


A ese macabro coctel se ha agregado el fanatismo de un ‘’lobo solitario’’ enajenado  por la ideología extremista del estado islámico. Omar Mateen se une a la larga lista de asesinos que utilizan armas como AR 15 y pistolas automáticas. Resulta cruel pero necesario repasar los hechos más recientes: primero fue Adam Lanza quien en diciembre de 2012 provocó la muerte de 26 niños y adultos en la escuela Sandy Hook en el estado de Connecticut. Los 12 en el teatro de Aurora Colorado con rifles de asalto. Los afroamericanos asesinados en la iglesia bautista de Charleston a manos de un joven fanático. Los 9 estudiantes en una universidad de Virginia y en el 2015 la pareja de terroristas de San Bernardino, California en la que murieron 14 personas. 


No habían pasado unas horas del lamentable atentado, para que Wall Street celebrara el aumento en el precio de las acciones tanto de los fabricantes de armamento, municiones como de las tiendas donde se venden estas mercancías. Los títulos de Smith & Wesson y Ruger subieron un 10 por ciento, mientras que los de Vista Outdoor y Olin que suministra químicos para la industria también resultaron ‘’ beneficiados’’. Increíble que la violencia termine llenando la bolsa de los victimarios. 


Un país donde la cultura de las armas es un asunto legal y protegido por la Carta desde su fundación, las múltiples iniciativas tendientes a su regulación han fracasado una y otra vez. Ir de cacería armado de un AR-15, un rifle de uso militar, quizás tenga sentido para los amantes a ese deporte. Otra cosa es entrar a un sitio público masacrando sin compasión alguna. Nuevamente, el congreso norteamericano en cabeza de algunos legisladores demócratas intentó a mediados de semana prohibir la venta de armas a los sospechosos de ser terroristas, de una lista salida del FBI.


Por lo demás, el fantasma del terrorismo doméstico que últimamente ha perseguido a los Estados Unidos amenaza con mayor fuerza. El islamismo radical va sumando adeptos en Occidente gracias al inevitable avance de la globalización. Un mundo hiperconectado donde se reducen las fronteras y se distribuyen mensajes que incitan a la violencia de un modo tan inmediato sirven como caldo de cultivo para esos lobos solitarios que inexplicablemente sirven de apoyo al monstruo de Isis, Hizbola y demás agrupaciones extremistas.


Mientras tanto, Trump intenta capitalizar lo de Orlando insistiendo en la idea de establecer un veto a los musulmanes, negándoles el ingreso a los Estados Unidos. Una propuesta más a la larga lista de promesas que han generado el rechazo de la población. Un atentado a la libertad individual, el pluralismo y la tolerancia, símbolos de la tradición democrática norteamericana.