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La RAE concept鷄. Cantinflas. Castellano
Autor: Lucila Gonzalez de Chavez
16 de Junio de 2016


Las horas pueden escribirse de dos formas: en letras o en cifras. En las horas num閞icas hay dos sistemas, que a veces se mezclan. Adem醩, hay que distinguir entre la expresi髇 de las horas del d韆 y la expresi髇 de las duraciones.

1. LA RAE CONCEPTÚA:


Las horas pueden escribirse de dos formas: en letras o en cifras. En las horas numéricas hay dos sistemas, que a veces se mezclan. Además, hay que distinguir entre la expresión de las horas del día y la expresión de las duraciones. 


a. Cómo escribir una hora con letras:


La una y cinco de la madrugada. Las cinco menos cuarto de la tarde.


b. Cómo escribir la hora con números:


      1.05 a. m.,  1.05


      4.45 p. m.,  16.45


c. Cómo escribir la hora según la ISO:


      01:05;  16:45


El formato de las horas es el siguiente: hh.mm o hh.mm.ss.


El separador es el punto, que debe reservarse al sistema clásico y que no debería emplearse si se sigue la norma ISO. Las horas pueden tener una o dos cifras, pero en los minutos debe añadirse un cero si es menor de 10, ejemplo: 1.00, 13.30.


Las horas puede ir de 0 a 12 o de 0 a 24, aunque en caso de emplear el segundo es preferible ajustarse al sistema de la ISO. Si va de 0 a 12, hay que añadir de la tarde, de la mañana, etc., o: a. m. ; p. m.


En cualquier caso:


12.00 a. m., o 12.00 p. m., son ambiguos dado que, en propiedad, no existen;  es preferible hablar de mediodía o de medianoche.


A veces se añade la palabra horas, o el símbolo “h”, pero como no se trata de cantidades, resultan inapropiadas por resultar obvias y redundantes. Con poner: 22.31  o  22:31 es suficiente (te espero mañana a las 7.03). 


2. A LO CANTINFLAS:


La RAE habla de: “un cantinflas”, de “cantinflesco”, de “acantinflado”, para referirse a una persona que usa un lenguaje disparatado, incongruente, recargado, sin sustancia, incomprensible. Tengo el ejemplo concreto del hombre cantinflesco; es un locutor que le explica a la Mafalda algo sobre…, bueno, ¡no sé qué es lo que dice! Del pequeño radio de Mafalda sale esto, que puede ser retórica, discurso político, clase magistral de un catedrático, una loa elaboradísima, una definición  dada por una respetable institución académica, un poema estilo siglo XXI, o, simplemente, ¡nada!


Esto escuchamos  Mafalda y yo: “Nuestro habitual programa de música nativa. ¡En primer lugar, amigos, una vidala, que es grito hecho piedra!  ¡Raíz ancestral, madurada en el vientre mineral de la madera!....  ¡Canto fundamental que desborda su sangre de toro milenario trepando por el vino hacia la noche, leyéndole las venas al salitre!…”


Y no supe qué más lindezas seguirían, porque Quino les ordenó a 


Mafalda y a sus amiguitos Manolo y Felipe, que apagaran el radio.


3. CASTELLANO:


En la región cántabra (España) que por estar tan fortificada se llamaba Castiella y, luego, Castilla, se produce una lengua que se diferencia  del resto de los romances hispánicos. En ella, llaman la atención la novedad y la audacia de la fonética  que simplifica muchas formas gramaticales; este idioma de Castilla es de  gran claridad acústica, determinada por la abundancia de las vocales, especialmente la A, que da una rotunda musicalidad.


Terminado el período de forcejeo con las demás formas lingüísticas peninsulares, el romance castellano alcanza su período de madurez lingüística hacia los siglos XVI y XVII, y se convierte en el lenguaje cultural y literario de España, empezando por Cataluña que, a partir del poeta Juan Boscán, adopta el castellano para sus producciones.


El castellano era la lengua “compañera del Imperio” de Fernando e Isabel (los reyes católicos), y al igual que el Imperio, la lengua empezaba a extenderse por los nuevos dominios de España. En América, recibió muchos vocablos de las lenguas indígenas: aymará  de Bolivia; quichua del Perú; araucano de Chile; guaraní  de Paraguay;  náhuatl de México.


En la historia del castellano se destaca la presencia de Carlos V, flamenco de nacimiento, coronado Emperador: Carlos I de España y V de Alemania. Al llegar a España tuvo la resuelta voluntad de imponerlo como idioma oficial de su Imperio; hizo que sustituyera al latín en las Cancillerías y se convirtió, con el nombre de idioma español, en la lengua diplomática de Europa.