Columnistas

La deforestación es una tragedia nacional
Autor: Dario Valencia Restrepo
13 de Junio de 2016


El aumento de la frontera agrícola y ganadera, así como la minería, están destruyendo los bosques colombianos. Su creciente pérdida tiene una influencia directa en variaciones climáticas como el actual fenómeno de El Niño.

El aumento de la frontera agrícola y ganadera, así como la minería, están destruyendo los bosques colombianos. Su creciente pérdida tiene una influencia directa en variaciones climáticas como el actual fenómeno de El Niño. La regulación hídrica, la captura de carbono, el control de la erosión o el albergue de la biodiversidad, son los servicios ambientales necesarios para formar parte del capital natural del país.”


Así se expresa el profesor Germán Poveda Jaramillo en un importante artículo titulado “Es imperativo parar la deforestación”, publicado por UN Periódico, de la Universidad Nacional de Colombia, en su edición correspondiente a marzo del presente año (ver el artículo completo en http://tinyurl.com/DeforestacionColombia). Señala luego el autor que los Andes y la Amazonia conforman un sistema acoplado que se retroalimenta mutuamente, de modo que una parte significativa de la lluvia y del agua que se condensa en los Andes colombianos proviene del vapor de agua transportado por los vientos alisios desde la Amazonia y los mares circundantes. La estabilidad y el funcionamiento de dicho sistema están fuertemente amenazados por la deforestación de la región amazónica, con serias implicaciones sobre el suministro de agua y la integridad del ciclo hidrológico en la baja Amazonia. 


Algunos datos son alarmantes: entre 2001 y 2014, Colombia perdió un promedio anual de 203.000 hectáreas de bosque; Antioquia fue el segundo departamento del país con mayor deforestación en 2014, pues perdió 21.000 hectáreas, más de 12% del total nacional; y desde 1960, en Colombia ha desaparecido más del 50% de sus manglares, un ecosistema que protege las costas, purifica el agua y proporciona alimentos (ver http://tinyurl.com/ManglaresColombia).


Según información del Ideam, entre 2013 y 2014 la deforestación en el país aumentó un 16%, situación que pudo agravarse en 2015 debido a la fuerte tala de árboles en Meta, Guaviare, Caquetá y Putumayo. Agrega el Instituto que en 1960 la proporción de la superficie cubierta por bosque natural en el país era 56,8, en tanto que en 2012 se había reducido a 52,6. Dada la importancia ya comentada sobre la Amazonia, conviene saber que el 67% de la superficie cubierta por bosque en Colombia se encuentra en dicha región.


Es dramático que la pérdida de bosque incluya áreas protegidas. Más de 7.000 hectáreas han desaparecido en los parques nacionales, principalmente en Sierra de La Macarena, Paramillo, Tinigua y La Paya.


Durante el pasado mes de marzo tuvo lugar el foro Dividendos Ambientales de la Paz, organizado por la Fundación Buen Gobierno, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y el Departamento Nacional de Planeación. El director de este último organismo, Simón Gaviria, señaló que los daños ambientales de la guerra son enormes ya que incluyen tres millones de hectáreas deforestadas, en especial para sembrar coca; 1,5 millones de hectáreas de suelo degradadas; 4,1 millones de barriles de petróleo derramados como producto de actos terroristas; y 60 por ciento de las fuentes hídricas del país afectadas por extracción ilícita de minerales y derrames de petróleo. Agregó que “por cada año de paz, Colombia ahorraría 7,1 billones de pesos en degradación ambiental.”


Sin embargo, el eventual posconflicto plantea enormes desafíos, tal como lo señala un editorial del periódico EL MUNDO titulado “Deforestación y posconflicto” (ver http://tinyurl.com/posconflicto), en el que además se analiza un informe del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, entregado en noviembre del año pasado, con el fin de señalar, entre otros datos de interés, que los cultivos ilícitos fueron responsables de casi la mitad de la deforestación en 2014.


El preocupante panorama, aquí descrito en forma somera, permite afirmar que una de las mayores contribuciones que podría hacer el país a la lucha contra el cambio climático, así como a su propio progreso económico y social, sería reducir en forma drástica la deforestación. Exigiría un auténtico propósito nacional.