Columnistas

La condena de un dictador africano
Autor: José E. Mosquera
9 de Junio de 2016


La impronta histórica de África ha sido la de un continente gobernado en gran parte de sus países por regímenes despóticos y antidemocráticos.

La impronta histórica de África ha sido la de un continente gobernado en gran parte de sus países por regímenes despóticos y antidemocráticos. Situación que ha cambiado en el último decenio con las celebraciones de procesos electorales más transparentes que han fortalecido los sistemas democráticos en muchos países. 


Un continente de 54 países, donde la mayoría de los países del norte han sido gobernados por monarquías hereditarias y los subsaharianos por regímenes militares en algunos casos también hereditarios, disfrazados de democracias. Historias de totalitarismos, cuartelazos, crímenes, persecuciones, torturas; desplazamientos, limpiezas étnicas, encarcelamientos, represiones, desapariciones, restricciones a las libertades; corrupción, impunidad y elecciones fraudulentas. 


Una herencia de autoritarismos disfrazados de democracia y con frecuentes reformas a las Constituciones Políticas para perpetuarse en el poder a través de elecciones fraudulentas. Por eso, África, aún es el continente con más gobernantes longevos, atornillados en el poder al estilo de la monarquía hereditaria de la Reina Isabel II de Gran Bretaña, quien lleva más de 63 años, gobernando 16 Estados. Una epidemia que se repite con otras monarquías y principados en Europa y en Asia.


En África, encontramos dictadores como los de Togo, Etienne Eyadéma, quien gobernó 38 años y lo sucedió su hijo Faure Eyadéma, quien cumple 16 años en el poder. En Camerún, Paul Biya, con 38 años. En Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, con 37 años y acaba de ser reelecto con la “aplastante” mayoría del 98% de los votos. 


En Angola, José Do Santos, con 37 años y en Zimbabue, el octogenario de 92 años, Robert Mugabe con 35 años, también relecto fraudulentamente para otro período y les siguen otra decenas de dictadores con 20, 15 y 10 años perpetuados en el poder a punta de reelecciones “fraudulentas”. En América Latina, cabalgan por el mismo sendero los presidentes de Bolivia, Evo Morales; Nicaragua, Daniel Ortega y el chavismo en la Venezuela de Nicolás Maduro.


En África, la mayoría de dictadores que han sido procesados por corrupción, crímenes de guerra y violaciones de los derechos humanos se han salido con la suya. Son pocos los que han purgados cárcel por sus atrocidades y los saqueos a las finanzas de sus países. El expresidente de Egipto, Hosni Mubarak, fue condenado a la pena capital, pero con regreso al poder de sus aliados fue absuelto. En cambio, el expresidente Mohamed Morsi, y el guía Supremo los Hermanos Musulmanes, Mohamed Badía, están en capilla para subir al patíbulo y miles sus seguidores han sido ejecutados.


Mubarak y otros dictadores africanos han conseguido que la justicia de sus países o de las potencias les conmutan las penas como el caso del famoso Emperador de la República Centroafricana, Jean-Bédel Bokassa, en la década del ochenta del Siglo XX. 


Otros episodios como los del dictador de Sudán, Omar Hassan al-Bashir, pese a ser enjuiciado por la Corte Penal Internacional se ha burlado de su fallo y el expresidente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, entre otros la CPI no ha podido condenarlos por el respaldo político del gobierno francés. 


Sin embargo, en otros procesos la justicia ha cojeado pero ha llegado con condenas ejemplarizantes como las del ex dictador de Liberia, Charles Taylor Charles, condenado a 50 años de cárcel por el Tribunal Especial para Sierra Leona por crímenes de guerra en Liberia y Sierra Leona. Y ahora la condena del ex dictador de Chad, Hissene Habré, condenado por un Tribunal de Dakar a cadena perpetua y la confiscación de todos sus bienes por crímenes de guerra, torturas y violaciones de los derechos humanos. Habré gobernó en Chad de 1982 a 1990. Su condena ha marcado un hito en la historia de la justicia africana por ser el primer dictador condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad en suelo africano.