Política

Santos according to Santos
Santos según Santos
Autor: José Ignacio Mejía / Nacho
9 de Junio de 2016


En Bogotá presentaron la biografía, en dos tomos, del expresidente liberal Eduardo Santos, en un acto en el que el presidente Santos disertó extensamente sobre la vida de su familiar y en torno a su postura en contra de la violencia en Colombia.



El presidente Santos, acompañado del jurista Olimpo Morales Benítez, muestra los dos tomos que contienen la biografía del expresidente Eduardo Santos.

Fotos Prensa Presidencia de la República

Entre 1938 y 1942, en los albores de la Segunda Guerra Mundial, llegó a la Presidencia de Colombia, Eduardo Santos Montejo, quien fue el primer miembro de esa familia en ocupar la Jefatura del Estado.


Y el segundo lo hizo 72 años después y es el actual mandatario nacional Juan Manuel Santos Calderón, quien además ejerce su segundo cuatrienio al ser reelegido.


El nombre y legado de Santos Montejo volvió a tomar actualidad esta semana con motivo de la presentación de los dos tomos de una biografía política que escribió en vida el enorme intelectual Otto Morales Benítez.


La presentación de las dos obras escritas se llevó a cabo en el Colegio Mayor del Rosario en la capital colombiana y contó con la presencia del presidente Santos Calderón, quien hizo un recorrido por varias facetas de su tío-abuelo.


Explicó primero que antes de su fallecimiento, Otto Morales lo visitó hace unos tres años y le contó del proyecto que adelantaba de escribir unas memorias de Eduardo Santos. 


Con enorme entusiasmo relató sobre una correspondencia que había encontrado entre Santos Montejo y la poetisa chilena Gabriela Mistral.


También fue una velada que permitió conocer que Eduardo Santos fue sobrino-nieto de Antonia Santos, la heroína de la independencia.


Juan Manuel Santos describió a Eduardo Santos como un hombre de prensa, un liberal en el sentido más profundo de la palabra, un demócrata a carta cabal, un testigo y protagonista excepcional de la historia de la nación, un ser humano que logró con una personalidad moderada y serena resultados que aún perduran.


De la faceta periodística recordó que compró a El Tiempo en 1913 cuando tenía apenas 25 años y al que dedicó su vida entera, hasta su muerte en 1974.


Desde este periódico defendió la libertad e independencia de pensamiento, la tolerancia que predicaba Voltaire, y siempre estuvo dispuesto a pagar el precio que fuera necesario por mantener esa libertad y esa independencia.


Y su dignidad como periodista le costó el cierre del periódico en 1955 por parte de la dictadura militar, pero le ganó la admiración del mundo, la misma de la que fue vocero Albert Camus, quien le dedicó su maravilloso discurso “Homenaje a un exiliado”.


Al hacer memoria de su administración dijo que a su gobierno se le denominó como el de la “gran pausa”, por haberlo ejercido en medio de las dos administraciones de Alfonso López Pumarejo, y representar un estilo más tranquilo y sosegado frente a los ímpetus de la “Revolución en Marcha” que había desatado López.


Para el presidente, su tío abuelo no fue un revolucionario, sino un reformador y que esa característica la ve reflejada en su actual proceder como hombre de Estado.


En su concepto las revoluciones derriban instituciones para forjar otras nuevas; arrasan la tierra para sembrar nuevas semillas. Sin embargo, al final, acaban devoradas por el fanatismo que promueven y anuladas por sus propias contradicciones.


Acto central de presentación esta semana de la biografía política de Eduardo Santos en el Colegio Mayor del Rosario en Bogotá.


En cambio las reformas realizadas sin prisa pero sin pausa, logran, paso a paso, enrumbar a una nación hacia horizontes positivos, sin traumatismos, y con efectos mucho más duraderos.


Así lo hizo Eduardo Santos y que ahora, más de 70 años después, otro Santos, él mismo, busca también grandes metas para Colombia a través de reformas que avanzan en la dirección de la paz, de la equidad y de la mejor educación.


Contra la guerra


Por razones obvias, el presidente Santos Calderón aprovechó que hoy adelanta un proceso de paz con las guerrillas vigentes, para exaltar la faceta de líder conciliador de Eduardo Santos, porque aborrecía la violencia y trabajó siempre por la paz.


En tal sentido citó un artículo de prensa de Abdón Espinosa Valderrama, sobre la conmoción y el impacto que le originó a Eduardo Santos constatar la desolación, la ruina y la miseria que dejó en los campos y municipios de Santander, la tierra de sus ancestros, la Guerra de los Mil Días, producto del absurdo y sangriento conflicto entre los dos partidos históricos de Colombia.


Eso lo llevó a tomar conciencia de la inutilidad y el horror de la guerra, y tal vez por eso dedicó su vida a trabajar por las causas de la paz, la libertad, la democracia y la civilidad.


No es de extrañar, dijo el presidente Santos Calderón, que por eso haya fundado con Carlos E. Restrepo la Unión Republicana, como una fórmula para superar los odios partidistas y restablecer la normalidad democrática.


”Esta iniciativa política fue el inicio de un ambiente de concordia y pacífica coexistencia que prevaleció en la primera mitad del siglo XX, y que perdimos, tristemente, aquel aciago Bogotazo de 1948, sin que lo hayamos recuperado desde entonces”.


Fiel a su espíritu, recalcó que Eduardo Santos subió a la Presidencia enarbolando la bandera de la convivencia, apoyó en su momento y con convicción la constitución del Frente Nacional, como una fórmula para el renacimiento de la democracia y la reconciliación de los partidos.


En otras palabras, anotó el presidente, donde primara una opción pacífica sobre una de guerra allí estaban siempre la pluma y la figura de Eduardo Santos.




Anécdota

El presidente Santos relató que como diplomático Eduardo Santos defendió con éxito ante la Sociedad de Naciones, hoy la ONU, la causa de Colombia en la guerra con el Perú.


“Sobre esto hay una anécdota que narra en sus memorias el famoso diplomático español Salvador de Madariaga, quien representaba a su país ante ese organismo internacional.


Cuenta Madariaga que, en un momento dado, se le acercó Winston Churchill y le preguntó: “¿Quién es ese orador que defiende la causa de su país con tanta vehemencia, y que habla, además, tan excelente francés?”.


Ese, por supuesto, no era otro que Eduardo Santos.


Años después, como presidente, manejó con prudencia y firmeza el timón de las relaciones exteriores en la tormenta de la Segunda Guerra Mundial”.