Columnistas

¿Y si también hubiera coltán?
Autor: José Alvear Sanin
8 de Junio de 2016


El secuestro de la valerosa periodista Salud Hernández Mora ha servido para llamar la atención del país sobre la realidad de la primera Zona de Reserva Campesina (ZRC).

El secuestro de la valerosa periodista Salud Hernández Mora ha servido para llamar la atención del país sobre la realidad de la primera Zona de Reserva Campesina (ZRC). El imperdonable abandono del Estado no se ha solucionado con la entrega de ese territorio al dominio de las Farc, que ellas comparten con el Eln y con varios combos subtratantes en el narcotráfico.


Solamente dos cosas, bajo el control subversivo, han avanzado allá: los narcocultivos y el control armado, abusivo y arbitrario, sobre la vida de la población. Los caminos, en peor estado; la educación, postrada; la salud pública, inexistente.


El Catatumbo, escogido por las Farc inmediatamente como primera ZRC, les fue reconocido por el gobierno aun antes de pactarse las demás, por ser territorio fronterizo con Venezuela, de tal manera que la salida de la cocaína quedase expedita, en virtud del contubernio entre la guerrilla y el cartel venezolano de los soles. 


Antes de las negociaciones de La Habana, en Venezuela se agitaba el tema de reivindicaciones territoriales sobre la Guajira, el Catatumbo y el Arauca. Por esa razón el Artículo 14 de la Constitución chavista dice: “La Ley establecerá un régimen jurídico especial para aquellos territorios que por libre determinación de sus habitantes y con aceptación de la Asamblea Nacional, se incorporen a la República”.


Con el avance de la negociación entre el gobierno colombiano y las Farc ese tema dejó de agitarse, porque dentro del esquema del internacionalismo socialista da lo mismo que el Catatumbo permanezca dentro de la aparente soberanía colombiana, dado que en la práctica ya está integrado al territorio “bolivariano”. 


Las Farc operan libremente a ambos lados de una frontera prácticamente abolida. Consideremos varios escenarios: 


1. En Venezuela, a pesar del caos y la miseria, el régimen se perpetúa, como en Cuba, gracias a la represión más despiadada. No olvidemos que el gobierno tiene cerca de dos millones de personas armadas en sus “colectivos”.


2. Si la inminente entrega de Colombia al chavismo se materializa, entonces ambos países entran a constituir de facto una nueva “Gran Colombia Bolivariana”. En el Catatumbo aumentaría entonces, aún más, la producción requerida por ese gran narcoestado…


3. Si milagrosamente Colombia no cae, el Catatumbo, mar de coca y república independiente, es reivindicado por Venezuela para atender la “solicitud” de sus habitantes, libremente motivados por los fusiles de Farc y Eln.


¿Y si también hubiera coltán en el Catatumbo? Varios observadores internacionales consideran que no únicamente del Vaupés y Guainía sale el coltán colombiano, porque, al parecer, en el Catatumbo abunda ese compuesto de columbita y tantalita —de donde viene su nombre—, elementos sin los cuales no puede existir industria electrónica. 


El país tiene derecho a reclamar: 


1. Que se ponga coto a la destrucción ambiental de la minería del oro, practicada al amparo de la guerrilla.


2. Que se determine a tiempo la amplitud de la explotación del coltán, para precaver los daños sociales y ambientales anexos.


El coltán hoy, como el caucho hasta bien avanzado el siglo xx, es clave como factor estratégico, geoeconómico y geopolítico. Si no queremos un nuevo capítulo de esclavitud y genocidio, como el aterrador del caucho en el Putumayo bajo el terror de la Casa Arana, hay que intervenir oportunamente, pero el gobierno deja hacer, dañar y contaminar…


Los kilos, que se venden por centavos a los ávidos compradores, terminan valiendo centenares de dólares en Corea, Japón o ChinWa. La atroz historia del coltán en el Zaire exige al gobierno colombiano medidas para evitar su repetición en nuestra patria. 


Si realmente hay coltán, y mucho, en el Catatumbo, al propósito de amedrentar a los periodistas independientes con el secuestro de Salud se une la conveniencia de ocultar lo que allí está pasando, preludio de la Colombia de las repúblicas independientes y antesala del horror que nos espera.