Columnistas

La carga de la civilización
Autor: Pedro Juan González Carvajal
7 de Junio de 2016


En 1915, ante las atrocidades que se estaban viviendo durante la Primera Guerra Mundial, Freud presenta su reflexión “Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte”,

En 1915, ante las atrocidades que se estaban viviendo durante la Primera Guerra Mundial, Freud presenta su reflexión “Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la  muerte”, que pretende dar una explicación de el por qué, a pesar de venir de una época de relativo esplendor en Europa, algunos países se enfrentan en una de las guerras más crueles y desgarradores de que se tenga noticia, echando por la borda las ventajas de los efectos positivos recibidos gracias a haber alcanzado el culmen de la civilización en su época.


La sociedad impávida era testigo de las atrocidades que se estaban cometiendo y se preguntaba ¿cómo habían llegado a esta terrible situación? ante lo cual  Freud planteaba que fuera de las naturales competencias entre potencias ya sea por territorios, por factores políticos, ideológicos o económicos, la causa fundamental era el aburrimiento del hombre europeo con respecto al nivel de civilización alcanzado, al nivel de bienestar en el cual se desenvolvía y en el que el hombre racional se imponía al hombre irracional, al hombre salvaje, y que lo normal era que el hombre salvaje al estar enjaulado, tenía no solo la necesidad, sino la expectativa de ser nuevamente libre y buscar, a través de la violencia, el desfogue de sus pasiones reprimidas.


Aparece entonces su sentencia de que “el hombre es un lobo para el hombre”. Como expresa Van Doren, “La idea de que la civilización es una carga casi insoportable para la mayoría de los seres humanos no era popular en 1915, pero al menos explicaba lo que estaba pasando…. Era un magro consuelo que el doctor Freud dijera que aquella civilización había sido sólo una ilusión. La gente no es así, decía. La gente en lo más profundo no es demasiado buena. El elemento de verdad tras todo esto, y lo que la gente está tan predispuesta a negar, es que los hombres no son criaturas amables que quieren ser amadas y que como máximo se defienden si son atacadas ……. Son criaturas entre cuyo acervo instintivo debe reconocerse una buena dosis de agresividad”. 


Obviamente es una opinión científica con la cual uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero qué en caso de ser una verdad de comportamiento, nos deja muy mal parados ante la perspectiva ingenua de que aceptemos de manera voluntaria, coexistir pacíficamente.


Si esto lo referenciamos a pueblos civilizados como los gestores y actores de la Gran Guerra, qué podremos decir de grupos como nosotros, que hemos vivido en medio del conflicto desde nuestro descubrimiento, obviamente pasando por el período de conquista a sangre y fuego, y luego de un período colonial dominado por el sometimiento a las ideologías monárquicas y religiosas, y donde el mismo día de conseguida la “independencia”, nuestros principales líderes, Bolívar y Santander, entran en abierta disputa conceptual con respecto a cómo organizar la nueva República.


Es posible que de ahí nazca nuestra prevención, nuestra desconfianza y nuestro miedo por tratar de imaginarnos el cómo sería el vivir en paz.


Sin ir muy lejos, la suciedad y el deterioro del planeta, es producto de los residuos que como especie hemos generado, de manera irracional, desconsiderada y torpe, con respecto al planeta que nos alberga, y cuyas consecuencias podrían llevarnos a un suicidio, primero inconsciente y hoy consciente, ecológico y ambiental colectivo. 


El egoísmo, plasmado en nuestro salvajismo natural, hace qué a diferencia de otras especies, no cuidemos a nuestros críos y nos matemos de manera indiscriminada, no por supervivencia, sino por diversión.


El que nos autoproclamemos como los “reyes de la creación”, es una confirmación palmaria de una soberbia de especie que está respaldada por nuestra inconmensurable estupidez, arrogancia y codicia. 


Ya lo mencionaba Einstein: La estupidez humana no tiene límite”. Y lo ratificaba Freud cuando decía: Si estás dispuesto a vivir, prepárate para morir”.