Columnistas


La insoportable carest韆
Autor: Jorge Arango Mej韆
5 de Junio de 2016


"Para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entre otras has de hacer dos cosas: la una, ser bien criado con todos, aunque esto ya otra vez te lo he dicho; y la otra, procurar la abundancia de los mantenimientos, que no hay cosa que m醩 fatigue.

"Para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entre otras has de hacer dos cosas: la una, ser bien criado con todos, aunque esto ya otra vez te lo he dicho; y la otra, procurar la abundancia de los mantenimientos, que no hay cosa que más fatigue el corazón de los pobres que la hambre y la carestía.” (Consejos de don Quijote a Sancho, en carta que le escribe, cuando el segundo es gobernador de la ínsula Barataria).


Mientras el presidente Santos sigue obsesionado con las charlas de La Habana, el país parece deshacerse en sus manos. Basta analizar la situación.


Está, en primer lugar, la que podría llamarse la República del Catatumbo. Allá, en cinco mil kilómetros cuadrados (5.000 km2 ), muchos delincuentes mandan por la ausencia reconocida, ostensible, del Estado. Hace unos años hubo problemas con los cultivadores de coca, y el gobierno hizo lo más sencillo: se desentendió de todo, y dejó ese territorio en las garras del Eln, el Epl, las Farc, las bacrim y cualquiera otra organización criminal que allí quiera estar.


No falta sino que ahora el gobierno acepte la tesis del Eln de que fue una imprudencia de Salud Hernández entrar en el Catatumbo, santuario de los bandidos. Durante varios días después del secuestro, el mismo Santos seguía sosteniendo que la periodista estaba allí por su propia voluntad, en asuntos propios de su oficio. Y cuando el ministro Villegas tuvo que reconocer que el Eln había secuestrado los tres periodistas, añadió la tontería de que solamente esa organización criminal respondía por las vidas de los secuestrados. No: el primer responsable era y es el Estado, y las autoridades, comenzando por el propio Villegas.


No es cierto que las Farc hayan renunciado al tráfico de cocaína y demás sustancias alucinógenas. Ahora, con la legalización del cultivo de marihuana para fines medicinales, ya han salido algunos a proponer que esa planta la cultiven los desmovilizados de las Farc. Y con toda seguridad, sin la menor duda, puede afirmarse que una vez terminada la tragicomedia de La Habana, seguirán las Farc dedicadas al cultivo, el procesamiento y la exportación de coca y amapola, y a la extorsión. No tendría sentido que abandonaran “negocios” que conocen, y menos ahora cuando nadie les hace esa exigencia.


Lo de la paz, en suma, no es sino una novela rosa, que el gobierno aspira a meter en la cabeza de los colombianos mediante una gigantesca campaña publicitaria.


Y si se mira la canasta familiar, lo que se encuentra es alarmante. En Bogotá, un kilo de papas criollas cuesta trece mil pesos ($13.000,00). Y ni hablar de la carne, que hace tiempo desapareció de la mesa de las familias de clase media. Es la carestía de que hablaba don Quijote.


El Gobierno, que clamó durante años porque el peso estaba sobrevaluado, no sabe qué hacer ahora con la inflación. Es evidente que casi todos los insumos en cultivos como los de papa, plátano, banano etc., son importados. Abonos, insecticidas, herramientas, se traen del exterior y hay que pagarlas en dólares.


Ya se sabe lo que aconteció con el aumento del salario mínimo, devorado por la inflación antes de entrar en vigencia, en enero. Puede el gobierno decir lo que quiera, pero sobre las palabras está la realidad: como vamos, vamos mal…


Las promesas incumplidas


En vísperas de las elecciones de octubre pasado, recibió el Quindío la visita del vicepresidente y candidato presidencial Germán Vargas. Acompañado por la señora gobernadora, prometió una doble calzada de Armenia al aeropuerto El Edén. Además, una nueva vía entre La Tebaida y Montenegro. Eran obras cuyo comienzo era inminente, pero hasta hoy no se ven.


Han pasado los meses, y ahora vuelve el candidato, se exhibe con su compañera y aliada, e inaugura como nueva una carretera construida hace más de cincuenta años, a la cual solamente se le ha reparado la capa asfáltica en algunos de sus tramos. Al ver esto, a uno le vuelven a la memoria los versos del Tuerto López: “¡Qué Diablos! ¡Si estas cosas dan ganas de llorar!”…


Y pensar en que Santos y Vargas cambien, es vana ilusión. En ellos se cumple la frase de William Faulkner: “Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás”.