Columnistas


Autoritarismo y resistencia a la paz
Autor: Hernán Mira
5 de Junio de 2016


"No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y al calor de la justicia” Montesquieu
¿El autoritarismo que une a un importante partido político colombiano, está en el fondo de su oposición al actual proceso de paz?


mira@une.net.co @mirafer


"No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y al calor de la justicia” Montesquieu


¿El autoritarismo que une a un importante partido político colombiano, está en el fondo de su oposición al actual proceso de paz? 


El autoritarismo y caudillismo siempre han sido un atractivo para todas las sociedades y suma muchos seguidores para líderes políticos que siguen esta línea. En África son comunes los gobernantes o dictadores que se perpetuán en el poder, pero en la sociedad occidental no son ajenos los dirigentes que mueven grandes grupos atraídos por la mano dura en el manejo de los conflictos inherentes a todas las sociedades. El caso actual más representativo y dramático es el del estadounidense Donald Trump, que con un discurso xenofóbico, agresivo, prepotente y tradicionalista, ha conseguido una cantidad de votantes que lo tienen como seguro ganador de la candidatura republicana. En una encuesta en algunos estados donde ha habido elecciones primarias, citada por el columnista Salomón Kalmanovitz, se encontró que el respaldo a Trump estaba muy relacionado con la personalidad autoritaria que se evaluó con “preguntas relacionadas con que valores que se les deben inculcar a los jóvenes: independencia o respeto por los mayores; autosuficiencia u obediencia; despertar la curiosidad o enseñar buenos modales”.


El autoritarismo también ha hecho carrera en Colombia y se ha asentado tanto en la clase alta y dominante en defensa de sus prebendas y privilegios, como en la clase media, más tradicionalista, apegada a lo establecido y resistente al cambio. Varios analistas ponen como ejemplos de este autoritarismo a Laureano Gómez, en el siglo pasado, y ahora a Álvaro Uribe. El autoritarismo concentra poder en el ejecutivo, predomina sobre un legislativo débil y sobre una débil rama judicial. Uribe, por ejemplo, en su gobierno utilizó la famosa “aplanadora uribista” para dominar el Congreso y las funestas “chuzadas” para controlar el poder judicial.


El autoritarismo y caudillismo conducen a una democracia delegativa, aquella en la que los ciudadanos ceden mucho de su poder y atribuciones, a un líder o gobernante y se ciñen a seguir sus dictados y planteamientos. Algo similar al “estado de opinión” del gobierno Uribe. El politólogo y magíster en ciencias sociales, Jairo García Oñoro, señala características de esta democracia: “la aparición de una figura carismática muy popular que llega al poder a través de elecciones libres pero se queda en el poder más tiempo del que le correspondía a su periodo original; concentración del poder en ese ejecutivo, con las consiguientes limitaciones al legislativo, la rama judicial y de los organismos de rendición de cuentas”, además de “mayor debilitamiento de partidos políticos de por sí débiles desde antes del inicio del proceso”.


En el actual proceso de paz, como en todos los realizados en el mundo, se acuerdan concesiones que implican ceder algo del poder establecido y autoridad, ante los insurgentes. Por eso se está negociando y no se trata de una rendición que no se logró. Uno de los factores relevantes que mueve a los opositores al actual proceso, es el autoritarismo que aquí encarnan el senador Uribe y su Centro Democrático, enamorados del poder, les duele y les causa lo que se llama una “herida narcisista” compartir, con límites, ese poder con quienes se reintegren a la vida civil. La autoridad y el autoritarismo más, son castigadores y por eso se aferran a ese “populismo punitivo” y se niegan a una justicia transicional que tiene un enfoque distinto de la pena. La resistencia civil que han planteado, es también una resistencia al cambio, a ceder y, en buena medida, a mermarle al orgullo y bajarse del pedestal autoritario.