Política

El Bagre: past, present and future
El Bagre: pasado, presente y futuro
4 de Junio de 2016


En menos de veinte años o quizá menos, es decir, a la vuelta de la esquina, el paisaje que hoy vemos de El Bagre y sus alrededores.



Atardecer a orillas del río Nechí y que se observa desde el muelle fluvial de El Bagre.

Carmelo Rodríguez Payares


En menos de veinte años o quizá menos, es decir, a la vuelta de la esquina, el paisaje que hoy vemos de El Bagre y sus alrededores, y al que nuestros ojos ya se han acostumbrado de tanto mirarlo, dará un giro inesperado que aún sus actuales gobernantes, y menos los ciudadanos de a pie, han sido capaces de imaginar siquiera cómo será el nuevo panorama una vez la empresa Mineros s.a. recoja sus maquinarias, cierre sus talleres, jubile su personal y se reubique con sus dragas en otro sitio que le permita cumplir con los objetivos por los cuales fue constituida: ganar dinero, y eso no es malo.


Al principio, a mediados del siglo pasado, muchos pensamos que El Bagre y la empresa minera, con el nombre que tuviera en su momento, hacían una perfecta pareja, era el matrimonio con el que todos soñamos un día: indisoluble y hasta que la muerte se interfiriera en su camino, para toda la vida. Pero se interpuso un tercero entre ellos y fue que a la tierra donde hoy está ubicado se le agotaron los recursos porque ya dio todo lo que tenía en sus entrañas y dejó de ser la preferida y consentida de años atrás.


Por si esto fuera poco, a los títulos mineros que le permitieron por años ejercer su actividad de manera legal, también les llegó la fecha de caducidad, de manera que no hay otro camino que coger sino el de mirar nuevos horizontes y que cada uno, como pasa en la vida de los amores que se acaban, coja su propio rumbo y puedan sobrevivir el uno sin el otro, sólo que en primera instancia, la empresa lleva las de ganar, pero esa no es su culpa.


Lo que tienen que hacer hoy los líderes de El Bagre es propiciar nuevos escenarios para permitir que el pueblo sobreviva con nuevos ingresos, algo que no parece fácil, según se desprende de las realidades actuales.


El 18 de marzo del 2014, la entonces presidente de la compañía, Beatriz Uribe Restrepo, dijo a un medio especializado lo siguiente: “En la parte más al norte de nuestra operación en el Bajo Cauca, a cielo abierto, tenemos algunos frentes, no en títulos propios sino en concesiones. Un proyecto queda en la desembocadura del río Nechí al Cauca y sería para minería subterránea. Estamos también pendientes de la licencia de explotación en Ataco (Tolima) y de una concesión en el sur de Bolívar muy interesante, pero que aún no se puede entrar a hacer siquiera una prospección por temas de orden público. Estamos buscando en toda América Latina”. Como quien dice, más claro no canta un gallo.


Avenida La Juventud en el perímetro urbano de El Bagre.


Historias ligadas


Lo anterior es porque la historia de El Bagre va tan ligada a la de la empresa que es necesario contar la una para conocer la otra y decir que después de tanto tiempo y de sus más de 40 años de minería de aluvión en las orillas del río Nechí, en el Bajo Cauca antioqueño, la compañía estuvo varias veces al borde del cierre por diferentes circunstancias y motivos: unos por el orden público, más allá por la situación laboral y la otra por el tema económico. Hoy, sin embargo, es una firma listada en la Bolsa de Valores de Colombia, con una cifra importante de accionistas, siendo el mayor de ellos el Grupo Colpatria. De hecho, la historia empezó en julio de 1976, cuando un grupo de inversionistas nacionales conformaron Mineros Colombianos y les compraron barato a los gringos propietarios de la entonces International Mining Co. sus activos concentrados en la empresa Pato Consolidated Gold Dredging, que funcionaba desde 1906, y la Chocó Pacific, las cuales pasaron a llamarse Mineros de Antioquia y Mineros del Chocó, respectivamente.


Esta última cerró al poco tiempo y la primera pasó a llamarse sólo Mineros desde el 2004, que desde esa fecha se convirtió en el blanco preferido de las pretensiones extorsivas de un reducto del llamado Eln y las Farc, y pese a varios secuestros, retenciones, hundimiento de dragas, voladura de torres de energía y hasta la quema de bosques que eran parte de la compensación ambiental, la empresa pudo enfrentar los embates sin dar su brazo a torcer, como lo reconocieron en su momento las directivas, empleados y los trabajadores, para convertirse en pionera y modelo en el país en esa actividad.


En condiciones tan complejas, tanto trabajadores como las directivas establecieron una especie de alianza tácita con el objetivo principal de sacar adelante a la empresa, aunque en 1989 la operación se vio al borde de la parálisis total por un ataque vandálico sistemático ordenado por la guerrilla. El apoyo de la entonces exigua Fuerza Pública y el Ejército, así como la solidaridad de la comunidad y de los cerca de 400 operarios de entonces, más sus familias, permitieron salvar del cierre a la compañía. Con ese ejemplo de valentía, los trabajadores, postulados por la empresa, recibieron en 1990 el galardón Mundo de Oro, dado por el periódico El Mundo de la capital antioqueña.


En 180 páginas este libro consigna la historia de El Bagre.


Algo de historia


Durante la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada hacia el Perú desertó una gran parte de su tripulación, que irrumpió en la serranía de San Lucas. Estos fundaron la población de Santa Rosa del Sur en las tierras del cacique Guamocó, como lugar de paso y de descanso de arrieros y mulas. A raíz del descubrimiento de grandes yacimientos de oro en la zona, fueron enviadas expediciones desde la provincia de Antioquia en los años 1587 a 1593, hasta que en 1611 el capitán Juan Pérez Garavito, comisionado por el gobernador de Zaragoza, incursionó y sometió este territorio, fundando la población de San Francisco de la Antigua Guamocó. Es en esa especie de triángulo geográfico en donde comienza a tomar vida El Bagre, primero, como una aldea un poco más pequeña que su vecina El Real, que para la época tenía un desarrollo propiciado por la actividad minera, al punto que le permitió ser la sede de una entidad encargada de acuñar monedas del viejo reino español, de allí que una de ellas en circulación hizo que sus habitantes llamaran con el nombre de la moneda a este pequeño centro poblado. Sin embargo, con el correr de los años la empresa tuvo su aparición en la historia de Antioquia en los albores del siglo pasado, cuando la entonces compañía minera Pato Consolidated Gold Dredging Ltda., afincada en ese tiempo en el corregimiento de Pato, jurisdicción de Zaragoza, descubrió nuevos placeres con mayores riquezas para explotar, y fue entonces cuando sus directivas toman la decisión de comenzar a construir nuevos campamentos en el incipiente villorrio de El Bijao, como se conocía la pequeña aldea de pescadores que muchos años después sería El Bagre.


Ocurrió que una vez la empresa quedó instalada, con sus campamentos, talleres y oficinas, comenzaron las invasiones nocturnas, cuyos humildes ranchos techados con hojas de bijao, de ahí el nombre original, eran desbaratados en el día hasta que llegó el corregidor José Rojas y le dio la razón a los pobladores que sin planeación alguna construyeron el primero de los barrios que es un conjunto de callejones, a veces sin salida.


Los gestores


A comienzos de 1979 un grupo de comerciantes liderados por Rodrigo Mira Builes, Horacio Zapata Muñoz, Ana Celia Moore de Melo, Cristo Navarro Hernández y otros más, dieron origen a un movimiento separatista para alcanzar la municipalidad al desmembrarse de Zaragoza, siendo alcalde Rafael López Mejía, uno de los funcionarios que mayor número de años logró contabilizar en ese cargo y en el mismo municipio: 17. La Asamblea de Antioquia recibió de buenas maneras las intenciones y fue así como el 30 de octubre de ese año aprobó la Ordenanza número 22 por medio de la cual se creaba el municipio de El Bagre con una extensión territorial de 1.563 kilómetros cuadrados, 27 barrios en su cabecera, dos corregimientos y 51 veredas.



Puente La Libertad

Una de las obras que ha propiciado el desarrollo y la diversificación de la actividad económica de El Bagre, es el puente La Libertad, una estructura de 360 metros de longitud, 10 metros de ancho y está levantada 11 metros sobre las aguas del río Henchí.


Fue puesto al servicio el viernes 8 de octubre del 2010 siendo gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos Botero y alcalde Gumercindo Flórez Mendoza. Demandó una inversión de 17.050 millones de pesos financiados por el Departamento.


Por ello, uno de los propósitos impulsados por las administraciones de Flórez Mendoza (2008 – 2011) y de Harold Echeverri Avendaño (2012 – 2015) ha sido el que el Departamento, la Nación y los municipios de El Bagre y Zaragoza, consigan los recursos para pavimentar el tramo de los once kilómetros entre El Escarralao y Buenos Aires, con el fin de que el puente pueda cumplir con el objetivo de comunicar esta amplia zona con el sur de Córdoba y el sur de Bolívar hasta los Santanderes.


En el anterior cuatrienio, El Bagre alcanzó uno de los puntos más altos en materia de inversión por parte de diferentes entidades del orden regional, nacional e internacional, gracias a la gestión de Echeverri Avendaño y por ello se logró ponerle fin al problema del caño Laureles, un foco de infección que recorría más de un kilómetro por el sector urbano, la pavimentación de la avenida que conduce del puente La Libertad hasta el aeropuerto “Medardo Abad Castañeda Céspedes”, con la primera etapa del hospital Nuestra Señora del Carmen, la intervención de instituciones educativas, la Casa Lúdica, el parque educativo “Yamesíes” y la aprobación de recursos para la nueva biblioteca pública municipal, entre otros.


Y gracias al compromiso de este exalcalde se editó el libro “Crónicas de El Bagre, 35 años de vida municipal” para celebrar el aniversario de haber alcanzado ese título y que se encuentra en circulación.