Columnistas

El liderazgo escolar y su impacto en la permanencia escolar
3 de Junio de 2016


Cuando yo era chiquito jugaba con mis amigos fútbol, escondidas, a la guerra, así… A veces no podíamos salir a la calle, teníamos que encerrarnos en la casa porque llegaba gente al pueblo y ponían toque de queda…

Sonia Vallejo Rodríguez*


Cuando yo era chiquito jugaba con mis amigos fútbol, escondidas, a la guerra, así… A veces no podíamos salir a la calle, teníamos que encerrarnos en la casa porque llegaba gente al pueblo y ponían toque de queda… Cuando crecí un poco, mis amigos empezaron a hacer trabajitos por aquí y por allá, ya tenían su plata y yo quería hacer lo mismo, no quería ir al colegio, ¿para qué? Empecé a faltar a clase. 


Mi mamá fue a hablar con el rector y le pidió que me dejara entrar en la Banda de Paz. Él habló conmigo y me explicó lo importante de seguir en el colegio, de no participar en estos negocios. Me convenció… Me pareció más chévere tocar un instrumento y pasar las tardes haciendo música con mis amigos. Me ha ido mejor en las notas y no volví a perder ningún año”.


Este es el relato de Sebastián, un joven de 18 años de una población cercana a Tumaco. Representa la realidad que todavía viven varios niños, niñas y jóvenes de Colombia en relación con su posibilidad de permanecer en la escuela, pues lograr la inclusión universal en el sistema educativo, como lo propone nuestra Constitución Política, impone retos en los que aun debemos trabajar.


El caso de Sebastián muestra que mantenerse en la escuela implica sobrevivir a una trama de factores externos como la violencia explícita entre grupos armados y las necesidades económicas que apremian a las familias y que obligan a los estudiantes a buscar alternativas que los alejan de la escuela. Pero también hay factores internos como la exclusión, las propuestas curriculares poco pertinentes y sin sentido para los estudiantes, un sistema que evalúa desde la perspectiva de resultados y que no tiene en cuenta los procesos de mejoramiento y los saberes locales. 


En regiones como Tumaco pueden reinar la desesperanza ante lo duro del conflicto y sus presiones en la escuela así como de la falta de condiciones de acceso al sistema educativo. ¡Vaya reto! Implica contar con maestros, infraestructura y demás recursos que aun no tienen en muchas zonas rurales del país. Además, implica contar con condiciones básicas que les posibiliten a TODOS, inclusive a quienes tienen alguna característica particular, disponer de un ambiente digno para su aprendizaje, en el que la diferencia se constituya en riqueza y no en problema.


Afortunadamente, muchos de estos factores internos se encuentran en el rango de maniobra de las instituciones educativas y de lo que puedan hacer los profesionales de la educación y, en general, las comunidades educativas, para lograr una relación pertinente entre los contenidos, habilidades y disposiciones que se movilizan desde el acto educativo, y otorgar sentido a los aprendizajes y, en consecuencia, más gusto por la escuela.


El rector del colegio de Sebastián, por ejemplo, como buen líder transformador, desarrolla, mantiene y fomenta altas expectativas en lo que sus estudiantes pueden lograr, trabaja por mantener un clima seguro y ordenado en su escuela, lidera pedagógicamente su equipo de trabajo haciendo énfasis en el desarrollo de aptitudes básicas, promueve la evaluación frecuente del progreso de sus estudiantes e implementa espacios pertinentes y de interés, como la Banda de Paz, que enganchan a los estudiantes a permanecer en su escuela. 


En este caso hay liderazgo y gestión: el liderazgo ya no solo del rector, sino un liderazgo distribuido que hace de lo pedagógico el corazón de la gestión comunitaria. No importa solo la cantidad de insumos para que la escuela sea eficaz frente a las problemáticas de abandono escolar. Sentir en la piel a todos los estudiantes y lograr la interacción de liderazgos con compromisos de todos los actores es una clave para que ¡ni uno más esté por fuera!


* Gerente del proyecto Rectores Líderes Transformadores en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.