Columnistas

La minería y otros demonios
Autor: Henry Horacio Chaves P.
3 de Junio de 2016


Como todas las actividades humanas, y sobre todo las que tienen que ver con la economía, la minería en sí misma no es ni buena ni mala.

Como todas las actividades humanas, y sobre todo las que tienen que ver con la economía, la minería en sí misma no es ni buena ni mala. Tiene que ver más en cómo se practique, cómo llegue a las comunidades y ofrezca compensaciones ambientales y sociales. Así es la economía: mientras unos lloran, otros venden pañuelos.


Aunque entiendo la oposición de muchas comunidades a la incursión minera, también creo que es inadecuado satanizarla. Históricamente la minería ha sido fuente de recursos en casi todo el mundo y ha movido las economías locales y nacionales. Una de las críticas que se le hace es que a su paso solo deja pobreza y desolación, algo que no siempre tendría que ser así y que además tampoco es distinto con las bonanzas agrícolas o ganaderas, que no es que socialicen las ganancias. 


Mientras el país espera que la Corte Constitucional precise los alcances de la declaratoria de inconstitucionalidad del artículo 37 del Código Minas, se siguen oyendo voces de celebración y de queja. Pero lo que es claro es que ni la Corte ni ley alguna han prohibido ni lo harán, la explotación minera. Esa es una actividad que se seguirá ejerciendo y que ojalá cada vez busque más acuerdos y menos imposiciones, mejores prácticas y mayor equidad social. La misma que empieza por la dignificación laboral y la reglamentación ambiental. 


Lo que se sabe hasta ahora es que se le quita la autonomía excluyente al Gobierno Nacional para definir sobre las explotaciones mineras. En otras palabras, que habrá que buscar consensos y aprobaciones en los municipios y con las comunidades. Algunos advierten que se abre una nueva fuente de posibles sobornos, en ese caso sería otro ejemplo de la descentralización de la corrupción. Es decir, el fallo en sí mismo no favorece las prácticas corruptas, los sinvergüenzas siempre encontrarán el cómo. 


Por ahora ganan los alcaldes y las comunidades que, como en varios municipios del suroeste antioqueño, incluso aprobaron acuerdos locales para prohibir la minería, como una forma de preservar el medioambiente y la cultura agrícola. No creo que los mineros pierdan, sino que deberán hacer las cosas de manera distinta y con mayor respeto por los entornos locales, los mismos que favorece la Constitución. Perderán en ese sentido, seguramente, los burócratas centralistas y los cabildantes.


Otros que celebran, son los jóvenes de la Clínica Jurídica de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia, quienes interpusieron la demanda ante la Corte. Muchachos que conocen la problemática desde las regiones y que durante más de un año se aplicaron a preparar sus argumentos. Los que con estrecho margen convencieron a los magistrados. Promesas del derecho que advierten que no se oponen a la minería sino al desarrollo de proyectos sin consultar a las comunidades. Que entienden que ninguna actividad económica se puede desarrollar en cualquier parte, de cualquier manera. Futuros abogados que nos hacen pensar que la Universidad si es el escenario para el debate y la generación de conocimiento, que nos reconcilian con la academia.


Por ahora el gremio minero ha expresado preocupación por la incertidumbre jurídica que puede derivarse del fallo. Un punto de vista legítimo como el de las comunidades que celebran que las tengan en cuenta. Otro punto de vista es el de los estudiantes de derecho que vislumbran una sociedad en la que su conocimiento y sus argumentos los hacen protagonistas del desarrollo jurídico del país. Algo así como la utilidad social del saber. 


Falta conocer los detalles del fallo y valorar sus alcances. Está por verse también el uso que le darán esas comunidades a la potestad de opinar y el modo en que los proyectos mineros asumirán la nueva realidad. Pero sin duda, se ha abierto una nueva veta desde la Universidad. Enhorabuena.