Editorial

Antioquia y Medellín tienen su hoja de ruta
1 de Junio de 2016


Las veedurías ciudadanas, ojalá independientes de partidismos y rigurosas en sus análisis, cuentan con las bases documentales para acompañar y vigilar esas gestiones.

Con amplias mayorías, casi consensos, la Asamblea de Antioquia y el Concejo de Medellín aprobaron los planes de desarrollo del gobernador Luis Pérez Gutiérrez y el alcalde Federico Gutiérrez Zuluaga. En ellos se decide que la Gobernación ejecutará $16,7 billones, en tanto que la Alcaldía invertirá $13,2 billones. Dado su fuerte respaldo a las iniciativas, diputados y concejales se hacen corresponsables por las transformaciones y los estancamientos del progreso colectivo que resulten de la ejecución de los planes Pensando en grande, de la Gobernación, y Medellín cuenta con vos, de la Alcaldía.


El plan de desarrollo departamental ha sido estructurado en siete líneas estratégicas a partir de las cuales la Gobernación aspira a transformar el modelo y ritmo del desarrollo socioeconómico, generando equidad territorial y social en un departamento que soporta graves diferencias entre el notorio bienestar de los habitantes del Valle de Aburrá, y el deterioro de calidad de vida en subregiones como el Nordeste, el Bajo Cauca o la zona norte de Urabá. El objetivo de construir equidad, específicamente para el campo y la ruralidad, se refleja tanto en el anuncio de invertir $11,2 billones, el 69% del total proyectado, en los proyectos orientados a ese propósito, así como en el abundante uso de términos asociados con ella, como equidad (68); campo, agrícola y campesino (284), además de educación (73). Extraña, sin embargo, que este propósito no tenga coherencia con la cantidad de referencias directas a la infancia (16) o a Maná (10), que son pilares de la igualdad en el acceso a las oportunidades. El énfasis del plan de desarrollo en la gestión por el cuidado y buen uso de los recursos hídricos se revela en su mención en 68 apartes y en las 27 referencias a la minería, en perspectiva de su regularización. En tanto su programa de regionalización ha sido pilar de equidad y desarrollo integral, sorprende que la Universidad de Antioquia no haya sido incluida como actora o beneficiaria de la gestión departamental en los próximos años.


La Alcaldía de Medellín definió también siete líneas estratégicas (dimensiones) orientadas, según Federico Gutiérrez, a “generar una transformación cultural desde el papel que tenemos como ciudadanos”, así como a “devolver la confianza de los medellinenses”. A pesar de tales propósitos, las mayores inversiones del Plan de Desarrollo se destinarán a los proyectos de “educación para el empleo”, en su enfoque de adecuación de la formación de ciudadanos en perspectiva de la competitividad de la ciudad, campo que recibirá $4,3 billones, y le siguen las inversiones en equidad social, previstas por $2,8 billones, a pesar de que entre las acciones que la realizan sólo la referida a mujeres es objeto de amplias referencias (172), aunque poca asignación presupuestal, mientras que las alusivas a la infancia apenas son referidas en las seis menciones a Buen Comienzo o en las 71 menciones a la infancia y la niñez. Las abundantes veces en que se usa la palabra cultura (676) no se compadecen con la destinación de $785.000 millones para el cuatrienio así como las reiteradas referencias a la seguridad (535) no aparecen reflejadas en la destinación de $813.000 millones para este aspecto, en los cuatro años por venir. Sobresale, sí, como expresión del interés manifestado por el alcalde, la dedicación de $982.000 millones a la gestión territorial, en especial la del Centro de la ciudad, enunciado como sector de especial preocupación.


Resumidos en sus líneas fundamentales, reconocidas sus líneas estratégicas, objetivos de inversión y términos claves en los documentos presentados a las corporaciones públicas, estos planes reflejan más o menos los proyectos de gobierno elegidos por los antioqueños y medellinenses y pueden ser analizados desde los programas y productos aprobados por las corporaciones públicas, que según análisis expertos no se detallaron con el cuidado que exigen. A partir de esta aprobación, los gobiernos tienen las hojas de ruta que los invitan a emprender camino para dejar las huellas de futuro que buscan aportar a la sociedad. Las veedurías ciudadanas, ojalá independientes de partidismos y rigurosas en sus análisis, cuentan con las bases documentales para acompañar y vigilar esas gestiones, llamadas a seguir construyendo un departamento y una ciudad para la vida, la equidad y la dignidad humana.